Jorge Patiño Sarcinelli

Está prohibido gritar fuego

viernes, 15 de mayo de 2020 · 00:11

Según los consagrados principios de la libertad de expresión, cualquiera puede ir a una plaza pública y gritar ¡fuego!, aunque no haya incendio, aunque haya gente al rededor. Cualquiera puede gritar e insultar al alcalde, queriendo expresar un dolor o convocar a una revolución. Todo esto está permitido y justificado por aquellos principios.

Pero no se puede gritar ¡fuego! en un teatro lleno. Esto está prohibido, no porque se niegue a nadie la libertad de expresar sus emociones sino porque ese grito en un teatro puede causar pánico y muertes. Tampoco puede gritar ¡juego! porque esta palabra, mal entendida, pueden causar el mismo efecto.

Una prohibición similar se aplica a la difusión de mensajes que causen pánico financiero. Dice el Código Penal: “La persona que por cualquier medio difunda información falsa acerca del sistema financiero boliviano o de sus entidades, que provoque el retiro masivo de depósitos […] dañando la imagen y estabilidad de una entidad de intermediación financiera […] incurrirá en privación de libertad de cinco a diez años.” (Cita abreviada).

El espíritu es el mismo de la prohibición del grito en el teatro. Similares limitaciones existen a la difusión de expresiones racistas, que inciten a la violencia, etc. Nadie alega que ellas limitan la libertad de expresión o buscan censurar las críticas a los bancos. En todas ellas lo que prima es un reconocimiento del poder de la palabra irresponsable en causar daños colectivos.

En esta pandemia vemos numerosos ejemplos de ese mal uso de la palabra cuando personas irresponsables difunden noticias que inducen comportamientos que atentan contra la vida de las personas; es decir, con daños potenciales mayores que las de correr sin motivo al banco, o incluso de la inestabilidad del sistema financiero. 

Sin embargo, cuando este Gobierno modifica los D.S. 4199 y 4200, añadiendo “Las personas que inciten el incumplimiento del presente D.S. o difundan información de cualquier índole […] que pongan en riesgo la salud pública, generando incertidumbre en la población, serán pasibles a denuncias por la comisión de delitos tipificados en el Código Penal”(cita abreviada), -disposición similar a la arriba citada- se arma el revuelo.

Dice un editorial de Página Siete “Como un amargo regalo a los periodistas en su día se puede considerar la difusión, el domingo 10 de mayo, del decreto supremo 4231, que amplía la penalización a periodistas y otras personas por divulgar datos que “desinformen” sobre la crisis sanitaria que vive el país”. 

En realidad, el artículo modificado no menciona a periodistas, pero estos han decidido erigirse paladines de la libertad de expresión y han emitido un “pronunciado” a la vieja usanza: "La Confederación Sindical de Trabajadores de la Prensa de Bolivia se declara en estado de emergencia y exigimos al Gobierno transitorio derogar inmediatamente esa disposición. Caso contrario nos reservaremos las medidas a tomar junto a las federaciones de periodistas de todo el país".

¡Inmediatamente! ¡Estado de emergencia! ¡Se reservan medidas! (Todos ellos votarán por el candidato del gremio). Los periodistas usan los medios a su disposición para expresar su protesta cuando algo afecta al gremio. Otros, igualmente afectados, no tienen acceso a tan poderosos medios de expresión. 

La respuesta airada de los periodistas no sorprende –no es la primera vez- ni la de los candidatos que han aprovechado para colgarse del carro de la protesta a ver si les liga algo. 

Ante las consecuencias mortales de la desinformación sobre el virus, es comprensible que se quiera limitar los daños, pero el Gobierno está pagando el precio de sus anteriores excesos. Si hay un área donde este Gobierno merece críticas es justamente en los atropellos cometidos en su aplicación de la justicia. 

Se justifica limitar la irresponsabilidad verbal, pero sería más efectivo hacerlo habiendo sido más responsable en el uso del poder. La mala fama se paga, pero esto no justifica el escándalo mediático.
 
Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

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