Evelyn Callapino Guarachi

El círculo vicioso de la ética y la política boliviana

miércoles, 20 de mayo de 2020 · 00:12

El goce de privilegios es algo que está presente en todo aquel quien ocupe un espacio de poder, quienes hacen campaña política tienen la idea de tener un trabajo en el ámbito público. Es habitual escuchar decir “así siempre es”, desacreditando este accionar de la clase política pero, de alguna manera, aceptando la forma de cómo se maneja esto, porque es difícil ver verdaderos cambios. 

Hemos llegado a lo más bajo de la política donde sólo priman convicciones personales y de grupo. La política en democracia se fortalece con la pluralidad de pensamiento, pero en un escenario como el nuestro, los antagonismos están acompañados de intolerancia. 

El rol de la ética en las relaciones de poder la vemos en las acciones de los frentes políticos. Ésta se entiende como una serie de criterios que orientan la acción del individuo. Max Weber la clasifica en dos tipos: la primera es la ética de la convicción, algo más personal, relacionada con los ideales, principios y creencias. 

La segunda, hace referencia a la ética de la responsabilidad, basada en un principio que mide los resultados. El político, sea hombre o mujer, debe calcular los costos y beneficios que puedan repercutir en la colectividad, es por ello que las decisiones que se toman son sumamente cruciales.

En el ámbito político, éstas dos se contraponen. Para quienes están en el poder lo óptimo sería que ambas puedan converger, pero no siempre es así. En el caso boliviano, la clase política principalmente asume el poder para poner en práctica sus convicciones, pues hacen lo que les parece, sin pensar en la repercusión de sus acciones para con la colectividad en conjunto. 

Actúan en base a creencias personales, viendo sólo su entorno próximo, y como resultado tenemos las brechas de desigualdad e inestabilidad permanente. 

Durante la crisis política vimos un aumento de líderes que manejan un discurso fundamentalista, que por supuesto puede estar bien para ellos/as y para su círculo ,pero se desligan de la ética de responsabilidad que amerita un balance de costo - beneficio para la colectividad. Para quien hace política, no conocer la realidad y necesidad de los diferentes sectores es no tener ética de la responsabilidad. Un buen político está obligado/a a salvar a la colectividad, incluso antes que a sí mismo, por ello Weber decía que la política se hace con la cabeza. 

Todos los frentes políticos entraron en una pugna por el poder, afirmando que son quienes pueden “forjar la unidad”, no dudaron en aprovechar la inestabilidad y entrar en este juego. Lo hicieron basándose en su ética de convicciones, apuntando a intereses sectoriales que no incluyen a la colectividad boliviana. Nuevamente buscan culpables, nuevamente creen ser la salvación de Bolivia. Y claro que sí, aprovechan esta crisis para posicionarse en un mejor lugar ante las elecciones.

 Un claro ejemplo es la postura de fanáticos en dos tiempos, cuando el MAS tenía a su líder como candidato y Presidente y usaba recursos del Estado, aprovechando sus privilegios. Ahora ¿qué ha cambiado? Tenemos el mismo panorama pero con diferentes protagonistas, y cada quién defendiendo sus conveniencias. Esta situación no sería diferente si estarían las otras opciones de las listas.

 Ante este escenario también estamos quienes no nos sentimos representados por ninguna fuerza, que vemos con lástima cuál es “menos peor”. Porque vemos que el verdadero significado de la política está lejos de todo esto, así como encontrar alguna solución con las opciones que tenemos. 

Las bases de la estabilidad que deseamos dependerá de un acuerdo nacional, pero los intereses de cada fuerza política se contraponen a un proyecto colectivo que nos beneficie como país. 

Lastimosamente, las propuestas están en base a convicciones grupales que ni tienen un respaldo convincente. Sería bueno preguntarles cuál es la línea de acción bajo la ética de responsabilidad, teniendo en cuenta toda la deslegitimación que tienen. Se necesita servidores públicos de carrera, que tenga además de conocimientos técnicos una ética de responsabilidad y no de beneficio a un grupo partidario.
 
Evelyn Callapino Guarachi es politóloga, docente universitaria y coordinadora de Mujer de Plata.

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