Ivan Camarlinghi

Nuevo orden Internacional pos coronavirus

jueves, 21 de mayo de 2020 · 00:07

Antes que la OMS declarara al coronavirus COVid-2 (Covid-19) como pandemia existía un orden internacional muy diferente al que surgirá después de que la “peste china” haya sido erradicada por el descubrimiento de una vacuna o al menos sea superada por paliativos.

El orden internacional actual es multipolar con poder político y militar fragmentado entre varias naciones. Desde la perspectiva democrática el mundo civilizado y democrático es mayoritario y el de las dictaduras, salpicadas por terrorismo, narcotráfico y delincuencia transnacional organizada es absolutamente minoritario; en el continente son menos que los dedos de una mano.

Un buen amigo me dijo hace unas semanas que creía el coronavirus sería el tiro de gracia a las dictaduras sobrevivientes. En otras regiones del planeta existen algunos resabios nostálgicos de las autocracias; en Asia y África hay gobiernos como el de Erdogan en Turquía, los Reyes de Arabia Saudita y otros gobernantes autocráticos que se niegan a reconocer que la democracia y el liberalismo son las únicas rutas al progreso y al desarrollo.

El final de la pandemia eliminará o sacará del primer plano a varios actores internacionales que hasta hace poco amenazaban con desbancar a Estados Unidos del primer lugar en la economía mundial. China es la principal perjudicada por el coronavirus porque nadie querrá hacer negocios con quien permitió la difusión global del letal virus y aunque su “fabricación” en laboratorios chinos es casi imposible, el hecho de que no hicieran nada para evitar su propagación es censurable.

Varios países latinoamericanos, africanos y asiáticos están buscando nuevos mercados para reemplazar al “peligroso” comercio chino. Es una sabia medida, porque el imperio asiático-comunista no solamente es depredador (los uruguayos deben importar carne de res porque sus autoridades decidieron vender su excelente producto a los chinos, en desmedro de su exigente mercado local), sino que además amenaza, por su carácter exfoliante, con hacer desaparecer muchas materias primas en cuestión de años, como el cacao, el café, la carne bovina y muchos otros.

El papel de la OMS fue deplorable, declararon pandemia cuando el virus había llegado a decenas de países, infectando y matando a miles de personas. No se entiende por qué demoraron en declararla. ¿Alguien ganaba con la no declaratoria? Tal vez no, pero su idoneidad está en tela de juicio y el planeta requiere al menos una explicación. Muchos organismos internacionales están en similar situación. Recuérdese la OEA de Insulza, la Celac y la Unasur, entre otros ejemplos.

El rol de estos organismos es cuestionado y debe integrar la nueva agenda porque el papel de varios de ellos es un desastre. La agenda deberá incluir un cambio en las prioridades mundiales, porque las de la pos guerra de la II Guerra Mundial, cuando se creó la ONU, son muy diferentes al mundo actual: se requiere no sólo reformar, sino eliminar algunos organismos, pero también crear otros nuevos.

Aspectos como salud y educación deben tener alcance universal, dejando a un lado el armamentismo. Esto vale para todos los países, incluido Estados Unidos y Europa Occidental, los que más sufrieron los efectos de la pandemia; hay nuevos desafíos por las nuevas tecnologías que destruyen fuentes tradicionales de trabajo: también niños y jóvenes necesitan atención por enfermedades mentales (depresión), bullying, prostitución y feminicidios.

 El mundo en la III década del siglo XXI es totalmente diferente a lo conocido hasta ahora: Necesitamos gobiernos audaces que respondan a demandas ciudadanas, seguros sociales que cubran a una gran mayoría de la población, sociedades más incluyentes, más escuelas y hospitales, más libros y más bibliotecas y menos night clubs y bares, más alimentación sana y medicina tradicional y menos medicamentos químicos autodestructivos.

Bolivia debe estar en esta agenda del III Milenio: nuestro país ha demostrado su importancia continental en varias circunstancias. Fue protagonista de la segunda revolución de América después de la mexicana, en 1910, y derrocó una dictadura de 14 años sin disparar un tiro, sólo con resistencia pacífica.

Tenemos una ubicación geográfica privilegiada en Sudamérica, debemos ser un eje energético que articule el continente; se debe vincular a los países en la defensa del medioambiente dada nuestra trágica experiencia durante la quema de la Chiquitania en 2019; somos fuente de nuevas energías: solar, eólica, geotérmica, así como por el desarrollo de mega proyectos: el gas natural, el litio del Salar de Uyuni, el Mutún, el oro, la soya y otros recursos naturales.

Nuestras autoridades están obligadas a trabajar para que seamos protagonistas de procesos que deben conducir a la humanidad al bienestar una vez que superemos la pandemia del siglo XXI. La generación que se activó con la defensa del 21-F y derrotó el fraude electoral de 2020 está llamada a jugar un papel histórico, no sólo en la consolidación definitiva de la democracia, sino también en la articulación de políticas y proyectos que permitan incluir a Bolivia con un rol protagónico en la agenda internacional pos Covid-19.

Ivan Camarlinghi es periodista y diplomático.

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