Sonia Montaño Virreira

No dije lo que dije, ni hago lo que digo

domingo, 24 de mayo de 2020 · 00:11

¡No es verdad! Dijo, molesta la señora. Se refería a mi afirmación sobre el papel del MAS como promotor de la violencia en varios lugares del país. La gente sale porque tiene hambre, porque no tiene trabajo y porque la cuarentena agravará su situación. Acto  seguido acusó el sesgo ideológico de la “derecha, racista y neoliberal” que no es capaz de entender la grave situación por la que atraviesan sectores del país, lo que a su juicio y de alguna gente es la causa principal de las protestas.

Por su parte el candidato Choquehuanca decía: "Nos quieren disciplinar. Nos están diciendo siéntese y nos sentamos; nos dicen pónganse barbijos, nos los ponemos; nos dicen salgan ese día al mercado y lo hacemos Todas esas cosas tenemos que cuestionarlas. Claro, las universidades nos han vuelto obedientes, no es así. Debemos despertar y ser rebeldes, con sabiduría y causa".

Inicialmente tendí a simpatizar con las declaraciones del acompañante de Arce Catacora, sobre todo si -como él dice- éstas fueron sacadas de contexto. Me gustó su impulso libertario y rebelde, el que lamentablemente no mostró durante su larga gestión como canciller, cuando se caracterizó por un papel recatado y subordinado al grupo hegemónico que tomaba las principales decisiones en su gobierno. La aceptación resignada a convertirse en el segundo a bordo de la candidatura es el último ejemplo de su obediencia. Por eso creo que cuando sale a dar explicaciones, diciendo que no dijo lo que dijo, fue sincero.

Pensaba en voz alta, nada más. Muy rápido se puso en modo políticamente correcto, invocando a acatar la cuarentena; sacando de su cabeza los hechos ocurridos  en el Chapare, Yapacaní, K'ara K'ara y Caranavi, no vaya ser que se le salga lo que realmente piensa.

Volviendo a la señora molesta y masista, pienso que ella es más leal que sus líderes, lo que no le quita estar profundamente equivocada. Suponer que todas las personas movilizadas en los distintos lugares actuaron “autoconvocados” por el hambre y la pobreza, algo así como si “los condenados de la tierra” estuvieran recurriendo al último recurso frente a la exclusión para construir una vida digna, es un grave error, pues desconoce que los líderes del Chapare que dirigen la protesta lo hacen para vender coca al mercado internacional ilegal.

Los yungueños atacan violentamente a los médicos para ocultar la verdad sobre la pandemia; los grupos movilizados son dirigentes y votantes del MAS que han perdido espacios de poder y beneficios sociales y políticos, obtenidos durante los 14 años de Morales. 

A la vez, esas movilizaciones  incluyen grupos especialmente afectados por la pandemia que ponen en evidencia que los logros económicos y sociales del MAS, tan aplaudidos por los organismos internacionales, son - esos sí- una mentira o, para decirlo de manera condescendiente, fueron una verdad efímera. 

Lo que Evo nunca les dijo, a sus fans internacionales tampoco, es que muchos de los que dejaron de ser pobres volverán a serlo antes de que superemos la pandemia y subirán a mas del 30% ,según la Cepal, cuya medida es  conservadora. Más certera es la del Cedla, que muestra que el 60 % ya eran pobres antes. 

Finalmente, nadie ha dicho que las mujeres que protestan contra el gobierno y niegan la pandemia, así como las que se quedan en casa para cuidar a la comunidad y sus familias, se están consolidando como las principales sostenes de los hogares, dedicando más tiempo a producir bienes y servicios, expuestas a la disminución drástica de ingresos de sus familias y sus parejas.

Antes de la pandemia las mujeres trabajaban para que sus maridos e hijos estén en condiciones de conseguir un trabajo y cumplir con las labores domésticas; ahora y en el futuro inmediato serán las principales proveedoras de cuidados y bienestar en las  familias, mientras el desempleo será el principal azote.

La pobreza es estructural y Bolivia sigue siendo uno de los países más informales y desprotegidos de la región, donde las mujeres siguen en el escalón peor pagado del mundo laboral, ya que no hubo ninguna política que reforzara su autonomía económica. 

Por eso creo que la señora que sale a las calles por necesidad es más respetable que los candidatos del MAS, que en público dicen lo que les conviene y por debajo movilizan recursos de todo tipo para que sus dirigentes sostengan la protesta con fines electorales, sin miedo a la muerte y el dolor que ocasionan.

Sonia Montaño Virreira es socióloga y feminista.

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