Hernán Cabrera M.

Libertad de expresión subversiva y necesaria para la democracia

lunes, 25 de mayo de 2020 · 00:10

El anterior gobierno de Evo Morales en relación a la labor de la prensa y al ejercicio del derecho a la libertad de expresión marcó dos hechos: al principio de sus 14 años decía que el principal enemigo de su gestión eran los periodistas y los medios de comunicación, que empezó a atacarlos en sus diferentes intervenciones públicas; usó mecanismos de coerción, de presiones, como el sistema tributario, la cooptación de entidades sindicales y los juicios a los periodistas que denunciaban o criticaban su gestión. 

Luego bajó la guardia y entendió la enorme importancia que tiene la comunicación para todo régimen, y decidió potenciar y utilizar ese poder de la información, invirtiendo y ampliando el radio de acción de BoliviaTv, el periódico Cambio, las cientos de radios comunitarias, Radio Patria Nueva, la adquisición de acciones de redes televisivas y, lo más peligroso para la libertad de prensa, persuadir a ciertos medios de comunicación con jugosos contratos publicitarios, recibiendo a cambio buenas coberturas a inauguraciones de obras, reuniones, declaraciones presidenciales, viajes, etcétera.

Muchos sucumbieron ante el poder de don dinero. Y se convirtieron en medios de propaganda de la gestión gubernamental de Morales. 

El otro hecho fue no tolerar el derecho a la libertad de expresión que tienen los ciudadanos, tal como lo establecen los artículos 21 y 106 de la Constitución Política del Estado, en el artículo 19 del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, del cual Bolivia es parte. 

El MAS hizo todo para acallar a los miles y miles de voces que empezaban a hacerse escuchar a lo largo y ancho del país, para lo cual la ciudadanía hacia uso de las redes sociales, que se han constituido en un aliado fundamental para ejercer este derecho de la libre expresión. 

Lamentablemente, este gobierno de transición viene cometiendo ambos errores. No le gusta que los periodistas, esos que son enemigos eternos de la corrupción, del abuso de poder, del racismo, del narcotráfico, del tráfico de influencias, hagan su trabajo y los combate. Tampoco quiere que la gente vaya expresándose ante la realidad y ante esta pandemia, que nos tiene en tensión y también con esperanzas.

Por ello, quiso poner en marcha el DS 4231, del 7 de mayo, que claramente violaba el derecho a la libertad de expresión, pero ante las presiones de la gente, de algunos organismos de derechos humanos y ante la vergüenza internacional decidió abrogar algunos párrafos de ese decreto mordaza, el cual sancionaba por la vía penal a quienes “difundan información de cualquier índole, sea en forma escrita, impresa, artística y/o por cualquier otro procedimiento, que ponga en riesgo o afecte a la salud pública, generando incertidumbre en la población”. 

Señora Añez, presidente del Estado Plurinacional, la libertad de expresión es como el aire que respiramos, el agua que tomamos, la luz que nos ilumina en la oscuridad. Es un alimento que nos fortalece el espíritu y nos da alas a la imaginación y a la opinión, y nada ni nadie puede arrebatarnos ese derecho. Ni las balas de las dictaduras, ni las cárceles de los regímenes autoritarios, ni las amenazas y juicios han podido ponerle bozal a este poder que tiene la ciudadanía. 

Además, recordarle que el periodista es un difusor de los valores de la vida, de la dignidad, de los logros, de las luchas; pero no es portador de los virus de la mentira, la manipulación, ni de la muerte. El periodista no es caja de resonancias, ni vehículo de insultos, mentiras y especulaciones. No puede prestarse a los juegos sucios del poder, ni aprovecharse de su privilegiada condición para destruir a personas o instituciones. Una cosa es la investigación periodística, basada en pruebas y documentos, otra es la especulación y la denuncia sin fundamentos.

Una sociedad democrática exige y se merece un periodismo honesto y comprometido con los derechos humanos. La democracia y la prensa van juntos, se necesitan. Hay dos caminos: optar por una prensa solidaria, capaz que haga lo correcto para desarrollar a una sociedad democrática, o una prensa corrupta, escandalosa, mercenaria para tener una sociedad enferma. 

No haga lo mismo que Evo Morales: acallar las voces de la prensa y de la gente, pero como notó, no lo pudo hacer, aunque empleó y derrochó miles y miles de dólares.

 Hernán Cabrera M. – Periodista y ex Defensor del Pueblo de Santa Cruz.

 

 


   

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