Tuffí Aré Vázquez

Los respiradores de la indignación

lunes, 25 de mayo de 2020 · 00:12

El gobierno de Jeanine Añez hace aguas por una seguidilla de gruesos errores, que tienen como remate el escándalo de los 170 ventiladores tipo Ambu, comprados en tiempo récord a un intermediario de Bilbao y a una fábrica catalana que se acaba de estrenar en la producción de estos equipos. La bochornosa operación, que disparó la indignación nacional, no sólo pone contra la pared a la Presidenta y compromete el futuro de su candidatura, sino que también salpica a dos empresas españolas y coloca inesperadamente en el escenario de la polémica al Banco Interamericano de Desarrollo, que no puso objeción a la solicitud de un crédito de 4.773.600 de dólares para la oscura compra.

Lo que parecía un acto inusual de celeridad del gobierno para dotar de equipos esenciales a los precarios servicios sanitarios, acaba de resultar un enorme boquete a la credibilidad de los conductores de la transición. Ni siquiera el compromiso presidencial de castigar la corrupción, “caiga quien caiga”, ha aplacado la indignación. Al contrario, el enojo crece a medida que se destapan los detalles de la maloliente historia.

Para evitar que el barco se hunda, Jeanine Añez intenta mostrarse como una Presidenta implacable con la corrupción, haciendo rodar la cabeza de un ministro y las de otros funcionarios. Cambió por segunda vez en su gabinete a quien debe comandar la guerra contra la pandemia, anunció auditorías a las compras sanitarias pasadas y prometió hacer las que vienen de cara a la gente y bajo el escrutinio de “las redes sociales”. La respuesta es reactiva y debió ser preventiva. Por eso parece algo tardía, en medio del vértigo de la crisis y de la urgencia de un cambio radical de rumbo.

A Jeanine Añez le está pasando lo que les pasa a otros políticos. Actúan cuando las papas queman, sin darse cuenta que los tiempos de la gente son más veloces que los del poder. Las facturas de los errores son altas y se pagan casi siempre en las urnas. Anticiparse a las crisis para evitarlas debería ser siempre la premisa de los gobernantes, pero casi no ocurre. En cambio, la negación de la realidad es un problema frecuente en ellos. 

Si no lo creen así, pregúntenle a Evo Morales, que aceptó a regañadientes nuevas elecciones cuando estaba ya con la soga al cuello. El mundo cambió y tenemos ahora ciudadanos más exigentes con el poder. Por eso, escándalos como el de los respiradores no se soportan.

A Jeanine Añez le bastaba googlear para que se le encienda el foco rojo del alerta por la oferta española y la compra que tiene en ascuas a su gobierno. Es sabido que el mundo está plagado de aprovechadores que se juntan con otros “avivados” para hacer “jugosos negocios”.

Entrando a Google, es fácil enterarse que los ventiladores que nos vendieron los fabricantes catalanes no contaban con todas las homologaciones requeridas. Un modelo “hermano” fue ofrecido por ingenieros bolivianos, bloqueados una vez más por la mala costumbre de subestimar lo nacional. Paradójicamente, algunas autoridades chilenas ya compraron tres ventiladores made in Bolivia.

Donde se encendió el foco rojo del peligro de la misteriosa compra fue en el Ministerio de Salud, antes de la firma del contrato con los intermediarios españoles. Fuertes observaciones a la utilidad y a las condiciones técnicas de los equipos, además de presuntas “renuncias obligadas” de funcionarios que objetaron la operación no alcanzaron para impedirla.

Se sabe también que algunos ejecutivos del Ministerio de Salud decidieron avanzar a sabiendas de que había otra oferta de idéntico producto pero de precio más de dos veces menor. Si se elegía ésta en vez de la que se eligió, el Estado se habría ahorrado 2.500.000 dólares. La propuesta llegó el 25 de abril al Ministerio de Salud. En cambio, la operación con los españoles se cerró en menos de cinco días.

Por lo tanto, no convencen los débiles argumentos de quienes defienden la indefendible transacción. La excusa de la inexperiencia política o la justificación de la emergencia sanitaria para hacer una compra hedionda no salvan del escándalo a sus protagonistas. Es comprensible entonces tanta indignación.

Tuffí Aré Vázquez  es periodista, Premio Huáscar Cajías y Premio Libertad de Expresión 2011.

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