Carlos Pinto

Tratados bilaterales de inversión, necesidad ante la crisis

martes, 26 de mayo de 2020 · 00:07

Bolivia es uno de pocos países del mundo que no ofrece a los inversionistas extranjeros lasprotecciones que brindan los Tratados Bilaterales de Inversión (TBIs), por lo que es prioritario que el actual y el próximo gobierno de nuestro país-reconociendo la necesidad imperiosa de recibir inversión extranjera para paliar la inevitable crisis económica que se avecina- hagaun importante esfuerzo por suscribir TBIs con las principales economías del mundo, y así lograr que Bolivia reciba una tajada de la inversión extranjera que se destinaa Latinoamérica cada año.  Es importante notar que la suscripción de TBIs representa una de muchas políticas que el país deberá poner en marcha rápidamente para convertir a Bolivia en un receptor serio de inversión extranjera.

Los TBIs son instrumentos internacionales suscritos entre dos Estados cuyo objeto principal es, en suma: a) garantizar a los inversionistas de ambas naciones un trato justo y equitativo por parte del país receptor de la inversión, b) la protección contra la expropiación ilegal de sus activos una vez materializada la inversión, y (c) acceso a forosim parciales -como el arbitraje- para resolver cualquier controversia suscitada con el Estado.

En ese sentido, la función práctica de un TBIhace que, a tiempo de invertir en un negocio, el inversionista extranjero compruebe si el país al que pretende destinar su inversión ha suscrito un TBI consu país de origen y,en la medida que el país receptor no ofrezca las protecciones de un TBI, con mucha probabilidad dará un paso al costado y destinará su inversión a una jurisdicción que sí le ofrece las protecciones de un TBI.

Durante el denominado periodo neoliberal (1985-2005), el Estado boliviano suscribió 22 TBIs con países amigos como Alemania, Austria, Argentina, Chile, China, Estados Unidos, España, Francia, México, Suiza, Suecia, por mencionar algunos. Como consecuencia de aquellos TBIs, en los años 90 y los primeros cincoaños de la década de 2000, Bolivia recibió inversión directa extranjera sin precedente que permitió el desarrollo de la industria de hidrocarburo, ,dando lugar al descubrimiento de los megacampos San Antonio, Margarita, Itaú y San Alberto, los reservorios de gas más importantes del país y, consecutivamente, dio curso la inyección de enormes recursos parala articulación de la infraestructura de transporte de gas natural que hasta hoy permite la exportación de ese recurso natural a Brasil y Argentina.

A partir de 2006, una vez el Movimiento al Socialismo (MAS) asumió las riendas del poder, adoptó como política de Estado la nacionalización de las empresas que fueron privatizadas durante el periodo neoliberal, disparando una ola de arbitrajes de inversión iniciados por los inversionistas extranjeros afectados, todos con base en las protecciones que les brindaban los TBIs.

En respuesta a dichos arbitrajes, el gobierno del MAS sometió a los TBIs a escrutinio, criticándolos duramente bajo el argumento de que estos generaban desequilibrios en contra del Estado y, posteriormente, tildándolos de inconstitucionales tras la adopción de la nueva Constitución Política en 2009. De esa forma, entre 2007 y 2013 todos los TBIs fueron denunciados y perdieron su validez jurídica, después de lo cual el MAS adujo que suscribiría nuevos TBIs bajo términos más favorables para el país, sin logranegociar ni uno sólo hasta su salida en noviembre de 2019.

La situación anterior, sumada la nacionalización de las denominadas empresas “estratégicas”, ha afectado gravementela reputación del país en el espectro internacional, haciendo de Bolivia uno de los países con la menor recepción de inversión extranjera de Latinoamérica. A modo de ejemplo, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la inversión directa extranjera recibida por Bolivia en 2018 fue igual al 0,8% de su Producto Interno Bruto (PIB), nivel muy inferior al de países de la región que también cuentan con una importante presencia en sectores extractivos, como Perú, donde la inversión directa extranjera fue del 3% del PIB y Chile, donde llegó al 2,2% del PIB.

Visto en números, resulta que la inversión extranjera directa recibida por Bolivia en 2018 fue de 316 millones dólares, comparada con los 6.488 millones de dólares invertidos en  Perú y los 6.082 millones de dólares recibidos por Chile. Perú ha suscrito 35 TBIs y Chile ha suscrito 55 TBIs con países amigos.

La situación anterior hace más que evidente que el país debe hacer todas las gestiones necesarias para ampliar su oferta de TBIs al máximo posible si pretende mostrarse más atractivo frente a la inversión extranjera que tanto precisa, tal como lo hicieron Perú y Chile en su momento, decisión que evidentemente les ha pagado bien. Antes, sin embargo, es importante entender cuál es el camino que deberemos recorrer para competir por la inversión que se destina a la región.

En los hechos, resulta que hoy por hoy negociar TBIs con países amigos va a tener una complejidad inexistenteen la etapa neoliberal, y ésta es que se han incorporado algunos cerrojos enla Constitución Política de 2009 y algunas leyes subsecuentes que dificultarán cualquier negociación de TBIs, uno de los cuales, por ejemplo,indica que “la inversión boliviana se priorizará frente a la inversión extranjera”, situación que es manifiestamente contraria a uno de los principios fundamentales de los TBIs y un absurdo, cuando es innegable que la inversión formal, local o extranjera, trae consigo los mismos beneficios para el país receptor de la inversión, esto es, el ingreso de divisas, la generación de nuevos empleos y el resultante incremento de la recaudación fiscal.

El camino para suscribir nuevos TBIs, entonces, pasa por definir si será necesario implementar una reforma constitucional para abrir los cerrojos o si, por el contrario, será posible abrirlos o sortearlos con legislación complementaria que ofrezca los incentivos que buscan los países amigos y sus inversionistas.

Sea cual fuere el camino, queda claro que las autoridades de éste y el próximo gobierno tienen una labor titánica por delante para transformar a Bolivia nuevamente, después de 14 años de decisiones basadas en una ideología política desacertada que nos ha mantenido fuera de la mirada internacional de los principales inversionistas extranjeros, en un país abierto a la inversión y dispuesto a competir con nuestros vecinos en iguales o mejores condiciones. El éxito de esa labor determinará, casi de manera exclusiva, la duración y severidad que tendrá la crisis económica que ya estamos viviendo.

Carlos Pinto es socio de Ferrere Abogados, especialista en negocios e inversiones.

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

El coronavirus ha causando la peor crisis económica que me ha tocado vivir en casi 40 años de experiencia profesional y algunos expertos anticipan que la recuperación podría tomar un par de años.

La dramática caída de nuestros ingresos ha puesto en riesgo la estabilidad financiera de Página Siete.

Para salir de la crisis necesitamos reinventarnos hacia contenidos digitales y un paso en esa dirección es nuestra nueva aplicación PaginaSietePro, que está disponible en Apple Store y Google Play.

La aplicación contiene información en tiempo real, la versión completa del periódico impreso y próximamente, información y servicios exclusivos que no estarán disponibles en otras plataformas.

Tu suscripción a la aplicación nos permitirá seguir ejerciendo un periodismo de calidad, con la información completa y el análisis y contexto que nos caracteriza.

Medios de comunicación independientes y valientes son imprescindible para la vida en libertad y democracia. Página Siete lo demostró en varios momentos difíciles que nos tocó vivir durante los últimos años.

Muchas gracias por tu apoyo.

Para suscribirte, descarga la aplicación de Apple Store o Google Play haciendo clic en uno de los siguientes botones:

Apple Store

Google Play

Consultas


   

74
3

Otras Noticias