Iván Finot

Covid-19 como oportunidad para vencer el subdesarrollo

miércoles, 27 de mayo de 2020 · 00:11

Debido a las cuarentenas a que nos está obligando el Covid 19, la crisis económica generada por la gestión económica del MAS se anticipará: desde ya se prevé para este año un decrecimiento del PIB y un aumento de la pobreza.

Pero ésta debe ser una oportunidad para replantearnos nuestro desarrollo, esta vez sobre bases sólidas, tanto económicas como políticas, ambas entrelazadas entre sí.

El modelo del Movimiento Al Socialismo, recordemos, planteaba, una vez más, que el Estado debía hacerse cargo directamente de la industrialización de la economía a partir de la transformación de los recursos del subsuelo, expropiando las explotaciones existentes de esos recursos si fuera necesario. Así lo ha hecho y esas inversiones han sido financiadas con endeudamiento público pero, como las nuevas empresas generan pérdidas, la deuda queda a cargo del pueblo boliviano.

Una vez más, porque un modelo similar ya fue aplicado a partir de 1952 sin alcanzar los resultados esperados. Este intento terminó con una crisis que se inició a finales de los 70, de la que nos tomó 28 años recuperarnos. En esos mismos 28 años Corea del Sur, país pobre en recursos naturales, cuyo ingreso por habitante en 1950 sólo alcanzaba al 45% del nuestro, multiplicó cinco veces su ingreso por habitante y se transformó en un país desarrollado.

Nuestra propia experiencia demuestra que el crecimiento económico basado en la explotación de recursos naturales por empresas públicas no es sustentable. ¿Por qué éstas no llegan a ser rentables? El problema de fondo no es ser ricos en recursos naturales, ni siquiera que sea el Estado el que se haga cargo de la explotación de éstos.

En Por qué fracasan los países (Acemoglu y Robinson 2012) se demuestra que la causa principal de que algunos países progresen y otros se mantengan en el atraso son las reglas del juego, sobre todo las informales, que rigen sus economías: mientras en los primeros predominan las “inclusivas”, que benefician a todos sus miembros, en los segundos prevalecen las “extractivas”, que favorecen a quienes llegan a controlar el poder político, en perjuicio de los demás.

Esto último es lo que ocurre en Bolivia: para cualquier persona la manera más fácil de mejorar su ingreso es llegar a compartir el poder para beneficiarse de la prebenda o el clientelismo, que se mantienen informalmente, pero con plena vigencia, desde la Colonia, cuando la única manera de poder progresar deben ser la innovación y el trabajo.

La crisis económica que se avecina debe ser una oportunidad para plantearnos el desarrollo y  sobre todo la eliminación definitiva de la pobreza, sobre otras bases: por un lado, la igualdad jurídica del ciudadano, extirpando todo privilegio y particularmente la prebenda=corrupción y el clientelismo, y, por otro, eliminando la dependencia de los recursos naturales.

Sobre lo segundo, la experiencia internacional demuestra que el camino para el crecimiento sostenible y el empleo de calidad para todos es el desarrollo de tecnologías en la provisión de insumos -hardware y software- con creciente valor agregado, a cadenas internacionales de valor, a través de empresas privadas nacionales. Y también que esto sólo es sustentable con grandes inversiones en recursos humanos.

Se puede iniciar ahora este camino, con los recursos humanos de que ahora disponemos y empezando a proveer a las industrias avanzadas, por ejemplo, de Brasil. Pero para llegar a transformar la economía nacional en este sentido debemos invertir en recursos humanos -incluyendo conformar un excelente sistema de salud- toda la renta de recursos naturales.

Por otro lado, la igualdad jurídica del ciudadano comienza porque cada voto debe valer igual, empezando por el primer poder del Estado y, dentro de éste, la Cámara de Diputados, en cuya conformación actualmente hay diferencias interdepartamentales de 1 a 4, y entre circunscripciones hasta de 1 a 100 (ver artículo del autor en Página Siete 2020/1/18).

 

Iván Finot es MSc en Economía, con posgrados en planificación y ciencias políticas y sociales. Experto en descentralización y desarrollo.

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