G. J. Andrés Uzín P.

Para vencer al COVID-19 debemos aplicar la receta completa

jueves, 28 de mayo de 2020 · 00:07

Luego de 79 días desde el primer caso de Covid-19 en Bolivia, a 149 días de que sea identificado el virus Sars-CoV-2 en China y se registraran sus primeros infectados, el mundo ya cuenta más de 5,6 millones de casos y Bolivia pasa de los 7. 000 enfermos, a un ritmo que duplica enfermos en menos de 11 días.

El retraso con el que llegó el virus a Bolivia nos dio 66 días de ventaja con relación a China y otros países; el haber asumido la cuarentena temprana nos pone a los 79 días del primer caso con una cantidad inferior de enfermos a los que tenía China en 31 días.   Sin embargo, en China a los 79 días de haber identificado el virus sólo reportó 23 nuevos contagios.

En realidad, ya hemos perdido la ventaja por aplicar sólo parte de la receta asiática, que además de la cuarentena incluía centros de aislamiento, el confinamiento de familias de los enfermos en sus casas y pruebas o test masivos.

Las últimas experiencias mundiales y en especial de nuestros vecinos muestran que la reapertura y reactivación económica no serán posibles mientras no se tenga un adecuado control de la enfermedad.  Brasil ya no asombra por sus logros deportivos, su Carnaval o su linda gente, sino por ser el segundo país del mundo en cantidad de enfermos registrados y fallecidos, a pesar que nadie tiene real idea del tamaño de la tragedia.  Todo por el tozudo intento de su Presidente de mantener la economía funcionando a pesar del dolor de su pueblo.  Brasil está duplicando casos cada 13 días.

Perú, a pesar de la cuarentena, ya está en el puesto 12 a nivel mundial.  La pandemia ya alcanzó a 129.751 peruanos y el país duplica casos cada 18 días.  El gobierno peruano ya ha comenzado con el testeo masivo y ha dictado que la cuarentena y la emergencia sanitaria se alargarán cuando menos hasta el 30 de junio para tratar de controlar la enfermedad. 

Chile ha ido más lejos con el testeo masivo, ha llegado a testear a más de 16. 000 personas al día, pero con restricciones más suaves que la cuarentena boliviana y peruana.  A pesar de ello, el “plan dinámico” de Chile le ha costado ya más de 77. 000 casos con 806 fallecidos y haber implantado el record nacional de los 4.895 infectados diarios el martes 26 mayo.  El domingo, el Presidente chileno ha reconocido que su sistema de salud está al borde del colapso, por lo que se prevé un endurecimiento de las restricciones, ya que se ha pasado a duplicar casos cada 12 días.

Lamentablemente, como mencioné, Bolivia está duplicando enfermos cada 11 días, es decir, ahora nos enfermamos más rápido que nuestros vecinos.  No podremos realizar nuestras actividades económicas en nuestras construcciones, oficinas, minas, trufis, minibuses, mercados y fábricas mientras nuestros compatriotas, compañeros de trabajo, amigos y familiares continúen enfermando y muriendo por esta enfermedad. 

Seremos como ese pato herido, que trata de volar y lo único que logra es dañarse en cada intento, hasta destrozarse.  Claramente esto es lo que les está pasando a otros países del continente. 

A este ritmo tendríamos más de 75. 000 enfermos y más de 2.500 fallecidos para finales de junio.  Si el ritmo se mantiene y si podemos seguir contando los enfermos, estas proyecciones sólo sirven con la cuarentena que ahora tenemos, ya que es imposible estimar cuánto se acelerará el ritmo de contagio con las aperturas que se están planificando y realizando. 

Cochabamba es una muestra de lo rápido que se puede degradar la situación de salud con esta pandemia. Hasta el 11 de mayo duplicaba casos cada 29 días.  El panorama cambió con los conflictos sociales por parte de grupos políticos y la indisciplina de su población.  Para el 15 de mayo, el rebrote en Cochabamba logró que se dupliquen casos en sólo seis días, ahora ya logró bajar el ritmo de contagio a duplicar casos cada 12 días.

Claramente, no podemos mantener una cuarentena para siempre, ni siquiera podríamos esperar a la vacuna con este alto ritmo de contagio y no vamos a aguantar el hambre.  Aflojar la cuarentena, al menos en las zonas más infectadas es un suicidio en masa; lo que sí debemos hacer es pelear esta guerra con todo lo que tenemos para que podamos conseguir aislar la enfermedad y así derrotarla lo antes posible. 

No es de sorprender que experiencias en lo departamental y lo local estén tratando de aplicar la receta asiática completa con mayor éxito que el gobierno central. El centro de aislamiento de La Paz para la atención de enfermos leves es uno de los factores para que este departamento sea el único del eje central que ha frenado el ritmo de contagios y lo ha bajado.  El 8 de mayo se registraron 23 contagios y se veía como un probable fuerte brote en La Paz.  No fue así, los enfermos graves fueron remitidos a la red de hospitales Covid y los enfermos leves al centro de aislamiento. En los días posteriores, los números se han mantenido bajos. Para el 26 de mayo se duplicaron casos luego de 26 días.

Complementando la cuarentena con el centro de aislamiento, La Paz claramente también ha logrado reducir la cantidad de casos que se agravan y, por lo tanto, de fallecidos. Como sabemos, la tasa de letalidad del departamento llegó a más del 20%  y ahora se encuentra en alrededor del 6%.  Esta acción puede replicarse fácilmente en todo el país, ella no sólo serviría para ponerle otro freno al contagio y a la enfermedad Covid-19, sino que puede ayudar al sector hotelero, que se encuentra en serias dificultades y que no verá turistas hasta el próximo año.

La temprana decisión del Alcalde de La Paz definitivamente mostró al país una importante arma contra la pandemia.

Otra parte olvidada de la receta es el confinamiento de las familias de los enfermos.  La capacidad de contagio del Sars-CoV-2 nos demuestra que si atendemos a un enfermo, toda la familia y convivientes ya fueron contagiados y que la mayoría serán asintomáticos, los que están encargados de abastecer sus hogares y que al salir al trabajar están transmitiendo y esparciendo inconscientemente la enfermedad.  Es por ello que los chinos llegaron a poner sensores en las puertas de las familias con infectados para evitar que sus miembros salgan a la calle.  Claro, en China se pueden pisotear los derechos de cualquiera y nadie hará muchas preguntas.

En Bolivia sería posible hacer ese control si estas familias son concientizadas, apoyadas y soportadas por la comunidad y el Estado. Para ello, el gobierno l En ocal y la comunidad deben garantizar el sostenimiento de esas familias. Los gobiernos locales tienen un presupuesto del desayuno escolar, que fácilmente podría reprogramarse para apoyar la alimentación de todas estas familias. 

Mientras que las fuerzas de seguridad del gobierno departamental y nacional deberán vigilar estos hogares para garantizar el aislamiento estas tres semanas.

En esta guerra debemos usar todas las armas que tengamos o que podamos conseguir.  Insisto en recalcar que los enfermos graves y leves son el 20% de los infectados y que  los que contagian llegan al 80%, son los asintomáticos, que no tienen ningún síntoma y sin embargo contagian y, por lo tanto, también deben ser aislados. 

Con más de 6.000 enfermos y aproximadamente unos 30.000 infectados necesitaríamos al menos hacer unas 180.000 pruebas para cazar a los asintomáticos, de acuerdo a las proporciones que estimé cuando diseñé el testeo masivo inteligente.  Ante este panorama, no podemos esperar, y así  lo han entendido algunos gobiernos departamentales, como el de Tarija, que ya ha comprado pruebas rápidas, y el de Santa Cruz, donde el Gobernador dice que ya están en ese camino. 

Claramente nos faltan algunas partes de la receta asiática para detener el Sars-CoV-2.

G. J. Andrés Uzín P. es ingeniero industrial, master en estudios del desarrollo- especialista en políticas públicas.

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