Jorge Patiño Sarcinelli

La carcelmanía represiva del gobierno

viernes, 29 de mayo de 2020 · 00:10

En Bolivia hay la pésima costumbre de usar la cárcel como etapa de investigación y como amenaza. Formalmente, no se vulnera el principio de presunción de inocencia bajo el ardid jurídico rara vez justificado de que se prende a alguien para evitar peligros procesales. La cosa ya es parte de la torpe rutina de nuestra Justicia.

En el gobierno de Morales, la práctica de meter a la cárcel por mera acusación se había convertido en una combinación de abuso de la Justicia, instrumento de represión, táctica de distracción y maniobra de imagen; y todo ello pan de cada mes.

Cuando en noviembre del año pasado dizque recuperamos la democracia, nos hicimos la ilusión de que esos abusos iban a pasar a la historia, pero no ha sido así. Si hay un error democrático que comete el gobierno de Añez es no saber reprimir sus instintos represores, aunque haya cambiado el color político de las víctimas. 

No se me acaba de iluminar, ya lo dije en un artículo en diciembre del año pasado: “Este gobierno está cometiendo la misma arbitrariedad del MAS: hacer de la cárcel una vitrina de un supuesto rigor justiciero”.

Los daños causados por este abuso son múltiples. Aunque se amparen en normas que justifican la detención preventiva, la práctica abusiva ha hecho polvo el principio de presunción de inocencia, con lo que se hace un daño incalculable a las personas que la sufren y a la fe colectiva en la Justicia.

El caso de los respiradores ha traído de nuevo esta práctica a la noticia, y medios de comunicación y personas se ven obligados a alimentar y asistir un espectáculo que busca la verdad mediante el escándalo, y todavía no la encuentra.

No hay una corrupción peor que otra, excepto por el monto, pero hay algo que nos hiere peor cuando el delito desvía recursos de necesidades urgentes. Que alguien haya robado al país cuando hay vidas en juego es una canallada que debe ser punida con todo el rigor de la ley. 

Esto no está en discusión, pero, empeñado como está en mostrar que está actuando, el Gobierno cae otra vez en la carcelmanía represiva.

Cito a Página Siete: “Mi defendido está en calidad de aprendido a través de una acción directa realizada por la Policía por una denuncia anónima. Recién se le tomará las declaraciones”. Se mete a la cárcel a una persona acusada por una denuncia anónima antes de tomarle una declaración. ¿Es cierto? ¿Dónde estamos?

Lo hemos visto muchas veces. Nuestra justicia, además de morosa y corrupta, suele ser desalmada. Cuando el sistema actúa bajo presión mediática o política, atrapa al acusado en un laberinto judicial del que sale destrozado, si sale. 

Como si la imagen democrática del Gobierno no fuese ya frágil, el ministro Murillo ordena aprehender a un juez cuyo fallo no le plugo y amenaza a los legisladores con la cárcel si no dan celeridad a la aprobación de ascensos en el Ejército. ¡Dónde pone la urgencia!

Quizá Murillo asume que como son del MAS, puede amenazarlos con el trato dado a otros del partido. Es una increíble falta de respeto a la institucionalidad, nos guste el MAS o no. ¡Un ministro amenaza a los legisladores con la cárcel! 

Cuando una Presidenta se burla de las mociones de censura, los ministros se envalentonan. Eva Copa los desafía, defendiendo ahora la dignidad congresal que su partido antes ignoró. 

En el caso de los respiradores, además de la justicia, está en juego la viabilidad política nunca impecable de la candidatura de Añez. Sería una consecuencia desmedida, pero en política también hay injusticia. 

Todo indica que esa historia de los respiradores no está ni bien ni toda contada. Se necesita un recuento completo y preciso de los hechos y que se establezcan todas las responsabilidades personales específicas por acciones demostrables y castigos en un juicio imparcial y transparente con el procedimiento de ley, respetando el principio de presunción de inocencia. 

¿Es mucho pedir? Tal vez, pero en lo que hemos visto hasta ahora hay más ruido que elemental justicia.

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

 

 


   

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