Florencia AvilaTerzo

Un nuevo contrato social

sábado, 30 de mayo de 2020 · 00:08

El mundo está atravesando por una de las crisis más impactantes de su historia a causa del virus que ha cambiado nuestra realidad en cuestión de meses, donde el mundo tal y como lo conocemos se disuelve. El apocalipsis tocó nuestras puertas y entramos en un estado de pánico colectivo, que ha puesto al sistema social y económico en el limbo.

Antes de que pudiéramos procesarlo, las autoridades asumieron una cuarentena total para evitar la propagación de la Covid-19, luego de que la OMS determinará una pandemia global el 11 de marzo de 2020. Y mientras allá afuera, los médicos luchan para combatir la pandemia con los sistemas sanitarios colapsados, en medio de revueltas sociales y agresiones de por medio, nuestra tarea ha sido encerrarnos en casa, porque esa ha sido decretada como la solución para escondernos del virus, “hasta octubre, máximo un año, la ciencia habrá cumplido su tarea de encontrar la vacuna y entonces podremos volver a la normalidad”, pero ¿quién nos garantiza que eso realmente sucederá?

Hace décadas que se busca la vacuna contra la malaria o el VIH sin resultado alguno. No es por ser pesimista, pero tenemos que tener en cuenta que el virus puede convertirse en una amenaza constante y tendremos que aprender a vivir con él.

En un escenario donde el  miedo se convierte en algo más contagioso que el propio virus, debemos dejar el fatalismo a un lado y ocuparnos de las preguntas correctas, tomando esta crisis como una oportunidad para escribir un nuevo contrato social.

Si algo positivo tendríamos que reconocerle a esta crisis es que ha expuesto nuestra vulnerabilidad como sociedad, poniendo de manifiesto el alcance de las desigualdades sociales, donde el acceso a los derechos humanos está reservado sólo a unos cuantos privilegiados, la importancia de un buen sistema de salud se hace cada vez más notoria, la necesidad de buenos profesionales se vuelve vital y las caretas de quienes nos gobiernan se van cayendo de a poco, en un escenario en el cual se han dejado de lado los valores esenciales que deberíamos tener como personas.

Lo que me lleva a la siguiente cuestionante ¿por qué a los bolivianos nos está costando tanto cumplir la cuarentena? El primer argumento es que la gente no genera ingresos y que por lo tanto no tiene qué comer, pero detrás de este problema de desempleo hay dos variables importantes; la primera, es que casi el 70% de la población antes de la llegada del virus se desenvolvia en el sector informal, y la segunda, que los bonos, aunque pueden sonar atractivos, no le van a devolver el trabajo a nadie.

Por otro lado, en este estado de pánico colectivo, hemos agachado la cabeza ante un estado de sitio de facto (no en teoría pero sí en la práctica),  en el cual se ha establecido una especie de regla de sálvese quién pueda y cómo pueda, “porque Evo nos ha dejado sin posibilidad alguna de poder ayudarlos”, la respuesta más utilizada por las autoridades, que si bien puede ser cierta, no le quita al gobierno la responsabilidad de solucionar el problema, en vez de seguir abriendo heridas del pasado que no generan más que enfrentamientos.

A su vez, a la par del incremento de los casos de coronavirus, aumentan de manera alarmante los casos de violencia familiar o doméstica, con la petición de mujeres y niños que prefieren que les dé el virus para poder salir de casa, antes de tener que morir en ella ¿qué tan podrida tiene que estar nuestra sociedad para llegar a este punto?

Antes que una vacuna contra el coronavirus, lo que necesitamos es una vacuna contra la hipocresía para dejar de mentirnos a nosotros mismos, porque ignorar la realidad no significa que ésta desaparezca. El cambio climático, el racismo, la violencia, la desigualdad y el resto de los problemas que nos aquejan como sociedad son pandemias que se extienden mucho más rápido que cualquier virus, y ninguna cantidad de desinfectante podrá resolver el problema de raíz.

No se puede controlar el coronavirus, pero es posible enfocarse en las cosas que sí podemos arreglar: el hambre, el frío y el dolor deben ser nuestras prioridades con o sin virus de por medio.

Y es que no podemos pretender estar sanos en un mundo enfermo, y volver a la normalidad no es la solución, porque la normalidad era el problema.

Estamos ante un momento histórico que cambiará el futuro y puede que el coronavirus esté presente en nuestra realidad por mucho tiempo, y si bien esto cambia por completo las reglas del juego, nos da la oportunidad de poner orden a un sistema degradado mucho antes de la pandemia, con el compromiso ineludible de escribir un nuevo contrato social para la supervivencia y el bienestar de todos.

Es tiempo de escoger el amor sobre el miedo, la empatía por encima del egoísmo y la reflexión por encima del pánico.

Florencia AvilaTerzo es estudiante de ciencias políticas de UCB-La Paz.

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

El coronavirus ha causado la peor crisis económica que me ha tocado vivir en casi 40 años de experiencia profesional y algunos expertos anticipan que la recuperación podría tomar un par de años.

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