Fernando Salazar

Charaña: una negociación bajo el fantasma de la guerra

lunes, 4 de mayo de 2020 · 00:11

El histórico encuentro de los presidentes Hugo Banzer y Augusto Pinochet en la localidad fronteriza de Charaña y las consiguientes negociaciones entre 1975 y 1978 constituyen indudablemente uno de los acontecimientos más importantes de tentativa diplomática que Bolivia ha desarrollado frente a Chile en su irrenunciable propósito de recuperar su cualidad marítima.

Han transcurrido 140 años desde que Chile ha impuesto un enclaustramiento geográfico que aún resiente Bolivia y que, a pesar del largo tiempo, perdura el ideal colectivo de retornar a las costas del Pacífico.

Charaña se inscribe dentro ese ideal portuario; no alcanzó la meta de resolver el enclaustramiento, pero se convirtió en un hito en esa búsqueda del mar.Charaña es un eslabón más en esa larga cadena que busca romper el encierro y su mayor aporte es, tal vez, el haber concientizando mejorar país y a la comunidad de naciones de nuestro hemisferio y del mundo sobre el impedimento más grave que atenta contra el desarrollo de Bolivia y la consolidación de su identidad nacional.

Charaña fue, sin lugar a duda, un empeñoso proceso que resalta lo  óptimo de una negociación, pero también, y lo más importante, señala errores y criterios equivocados que la diplomacia boliviana no puede repetir. Toda acción diplomática de Bolivia en pos de su reintegración marítima no podrá en el futuro ignorar lo que Charaña busco, fue y no fue.

A pesar de sus actores y del momento político que se vivía en los 3 países directamente involucrados --Bolivia Chile y Perú--, fue una negociación, tal vez la única que contó con una estrategia seria y decidida. Para el político acostumbrado solamente a sacar réditos y no arriesgar nada en función del interés nacional, o para el ciudadano común para quien la perspectiva histórica es aplastada por sus necesidades cotidianas, seguramente Charaña es una frustración más nuestro anhelo de retornar al Pacífico. Para el profesional de las relaciones internacionales, Charaña fue una negociación que amerita ser estudiada con profundidad en función del mañana. Charaña tiene, por un lado, mucho de rescatable y sobre lo que se puede construir a futuro. Charaña también contiene errores muy grandes y deben ser tomados en cuenta en negociaciones venideras. Lo bueno y lo malo de Charaña es un componente valioso que no puede desecharse.

Dentro de este contexto, mi amigo Juan Eduardo Mendoza, Doctor en Estudios Americanos por la Universidad de Santiago, Chile y Profesor de Geopolítica y Relaciones Internacionales de la Universidad de Concepción, acaba de publicar un trabajo titulado “El Acuerdo de Charaña bajo el Fantasma de la Guerra – La Crisis de 1975, desde la Triple Perspectiva de Percepción de Amenaza de Chile, Perú y Bolivia” como tesis para su incorporación como Miembro de la Academia Chilena de Historia Militar.

Es un trabajo académico serio y la investigación está originada por dos episodios: (1) La negociación de Charaña y (2) la crisis fronteriza entre Chile y Perú por la pretensión de éste ultimo de lo que el denomina las “provincias irredentas”.

Para Mendoza es claro que existe una estrecha relación entre ambas situaciones. Había un sesgo de temor y desconfianza en las relaciones trilaterales de Chile, Perú y Bolivia. El abrazo de Charaña se convierte en una amenaza para el gobierno de Juan Velasco Alvarado. Perú temía un acuerdo boliviano chileno, especialmente por la afinidad ideológica de sus mandatarios y Chile, a su vez, buscaba consolidar un entendimientocon Bolivia, casi defensivo, frente a las pretensiones peruanas. Bolivia supo sacar partido de la situación, pero no logró concretar sus planes por razones de diversa índole.

La conclusión mas importante que saca Mendoza es que “queda en evidencia la participación de que Perú estuvo presente antes de Charaña y durante todo el proceso de negociación. Perú jugó un rol fundamental en el transcurso de éste y será motivo del fracaso de las negociaciones al presentar su contrapropuesta el año 1976. En ese aspecto la diplomacia de Torre Tagle fue hábil en manejar un escenario complejo que desde el estamento militar se veía como una trampa para un casus belli que significaría la violación del tratado de 1929”.

Los fenómenos de política internacional ameritan ser estudiados seria, serena y objetivamente. Charaña, en este sentido, es un insumo útil para futuras negociaciones. Como, diría Walter Montenegro, si una gestión no prospera, no caigamos en el desaliento, debemos prepararnos estoica e inteligentemente para la próxima, sin perder la cabeza, ni la fe.

 

Fernando Salazar es abogado internacionalista.

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