Evelyn Callapino

¿Volver a la normalidad?

miércoles, 6 de mayo de 2020 · 00:12

La crisis política de 2019, seguida de la crisis sanitaria en 2020 y la incertidumbre de las futuras elecciones en Bolivia nos pone en una situación de total controversia y paranoia colectiva.  Medios de comunicación, autoridades, y muchos de la ciudadanía hablan de volver a la “normalidad”. Pero ¿qué significa aquello? Si hablamos de países tercermundistas dentro de ellos Bolivia, al parecer la “normalidad” llega a ser una constante crisis, que en evidencia perjudica a unos más que otros dependiendo al estatus social al que pertenece. 

Bolivia en su situación normal es un país dependiente de un sistema económico extractivo, con un aparato estatal volátil al partido político que logra posicionarse en el poder. Eso nos ha mostrado la debilidad del sistema democrático ante las crisis políticas, ahora la sanitaria acompañada del descontento social con constantes pugnas intolerantes de sectores sociales. 

Ante esta normalidad se desprende con facilidad las brechas de desigualdad, la poca legitimidad de la sociedad para con sus representantes políticos, la vulneración constante de derechos y las contradicciones de la legislación. En un día normal en Bolivia, hay una cantidad notoria de personas con trabajos informales tratando de sustentar a sus familias, por el contrario están quienes explotan y solapan la normalidad que hemos construido. Dentro de estas relaciones de poder tenemos a los privilegiados con un peso económico y muchas veces político; los de abajo, quienes que se posicionan en trabajos precarios y los del medio, quienes cuentan con una relativa estabilidad.

Todo esto relacionado con el acceso ala salud, con los minúsculos intentos frente a la enorme necesidad en esta área llega a ser un vacío que nunca logró tener resultados sólidos y notorios. Pues la salud llega a ser un privilegio, nuestro medio nos muestra la situación de los enfermos con cáncer, sida, infecciones respiratorias, etcétera. Esa es la normalidad boliviana, porque en un país tercermundista estos derechos fundamentales llegan a ser un privilegio de pocos. 

Estas problemáticas son constantemente descuidadas, ahora se han visto expuestas en una crisis que llegó a su máxima expresión. Era imposible no evocar esta realidad innegable que ha sido solapada por gobiernos intransigentes, lo que nos lleva a vivir una realidad ajena al contexto de las necesidades de las personas con situación de necesidad.

Hemos estado en muchas crisis en nuestro país, y esta pandemia está acelerando el accionar de las sociedades. El coronavirus ha venido a restregarnos en la cara las instituciones obsoletas e ineficientes que tenemos, producto de malas gestiones, gobiernos incapaces de velar por un proyecto nacional que haga realidad un mejor país, gobiernos que solo gozaban de privilegios para ciertos sectores sociales.

Hemos sido por mucho una sociedad resignada acompañada con una carga histórica de constante inestabilidad, una sociedad que se ha cansado de confiar en una clase política que nunca logró consolidar el buen funcionamiento del sistema político. Relacionado con ello, en 1993 J. Lazarte hablaba sobre la necesidad una estabilidad política y el reto de la gobernabilidad, han pasado casi 30 años y continuamos con el mismo desafío. Esta gobernabilidad nos llevaría a otra realidad, es lo que ya soñaban también los bolivianos de antes.

Los hechos recientes nos tomaron por sorpresa y una vez más vemos que toda situación adversa depende de las decisiones políticas, que pueden definir el rumbo del país. Las soluciones para enfrentar las problemáticas estructurales nuevamente recae en la relación sociedad – Estado o quizás sería decir Estado - clases sociales. Asimismo la relación dentro de la misma población que tenga la capacidad de articular la diversidad de pensamiento, una población de carácter propositivo y comprometida a ser actores de transformación para con el sistema político y gestión social. No volvamos a esa normalidad, volvamos a destruirla para construir una mejor realidad.
 
Evelyn Callapino es politóloga, docente universitaria y coordinadora de Mujer de Plata.

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