Jorge Patiño Sarcinelli

La religión no se separa del Estado

viernes, 8 de mayo de 2020 · 00:11

La religión y lo sobrenatural forman parte de la vida nacional, fuera y dentro de la política. La mayor parte de los ciudadanos tiene alguna forma de creencia que se puede llamar religiosa, aunque muchos no asocien a ella una práctica. Lo mismo los gobernantes, pero muchos guardan su fe como discreta cosa personal.

En el pasado, los presidentes iban a los tedeums en la Catedral, se curvaban ante los obispos y bautizaban a sus nietos en la iglesia, pero fue el Evo con su farsa tiwanacota quién llevó en tiempos recientes la figura presidencial más cerca de la simbología religiosa. Sabe Dios qué creencias motivaban el acto. 

En las últimas elecciones, Víctor Hugo Cárdenas quiso jugar la carta evangélica, queriendo emular a Bolsonaro, pero pudieron más las debilidades; mientras que el pastor Chi, saliendo de no sé dónde, se llevó siete por ciento de los votos con un discurso religioso y moralista, y quizá una pizca del fraude.

Durante la gesta de las pititas, ya borrada de la memoria por los corona vientos, Fernando Camacho (¿se acuerdan de él?) subió con la Virgen María a los palenques y Jeanine Áñez apareció en el balcón de Palacio con una Biblia colorida en alto, al lado del mismo Camacho, quien cargaba un bodoque evangélico con cara pasmada. 

La imagen le ganó al país mucha crítica, por el ridículo y por el desatino de meter tan pronto tanta Biblia a Palacio, con las asociaciones derechistas que este hecho suscitaba al ser el derrocado un gobierno con aureola de izquierda. ¡Como si los gestos religiosos fuesen solo de derecha! García Linera se casó “por la iglesia” y Stalin hizo llevar el icono milagroso de Theotokos para salvar Moscú de los alemanes. Cuando conviene cualquier misa vale.

En casi todas las democracias modernas junto con la libertad de culto se ha impuesto el modelo de secularización del Estado y el principio de separación entre Iglesia y Estado. Según este, la Iglesia no interfiere en los asuntos del Estado y este no da preferencia a una práctica religiosa sobre otra.

Esta separación conceptual y constitucional no impide que cada iglesia abogue por sus intereses y principios usando todos los medios de influencia a su alcance, o que obtengan prebendas que la competencia no logra; para oponerse a la legalización del aborto, obtener dineros para sus escuelas, etc. 

Pero esa separación institucional, por imperfecta que sea, no implica una separación política ni mental absolutas. Las iglesias siguen participando en política dando a sus feligreses pautas sobre asuntos que son relevantes en el proceso democrático. Los creyentes tienen a su vez la religión indisolublemente embutida en sus principios morales, que tienen trascendencia política. 

Áñez ha demostrado con gestos y palabras la importancia que tiene para ella la religión. Sospecho que en eso está más cerca del pueblo que algunos de los que escribimos. Los paseos en helicóptero derramando bendiciones han sido criticados como si fuesen una violación de esa separación entre Iglesia y Estado. Más grave que gastar en helicópteros es usar el avión para llevar invitados. Mancharse por tan poco es una forma de confesión.

No confundamos Iglesia con religión, instituciones con creencias, ni Estado con gobernantes. Aquella separación no implica extirpar la fe de la relación entre gobernantes y gobernados. La Iglesia no debe intervenir en los asuntos del Estado, y espero que el confesor de Áñez no lo haga en secreto, pero el pueblo al que ella se debe demanda el consuelo irracional que se da en código religioso. Es parte de la lucha contra el virus. La fe les da la esperanza, cabe a la ciencia justificar esa fe.

No creo en Dios, tengo amigos que creen un poquito, otros que creen demasiado, y algunos que ya no sé qué creen. No pienso ni más ni menos de ellos por eso, y, parodiando la famosa frase, defiendo su derecho, el de Jeanine y de muchos bolivianos de creer en Él y expresar su devoción y encontrar consuelo como lo sientan. A cada cosa su domingo.

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor..

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