Jhanisse Vaca Daza

Protestar en el 2020

miércoles, 10 de junio de 2020 · 00:12

El objetivo de protestar es visibilizar la injusticia que el sistema ignora hasta que debe ser corregida. Desde la ley de transgénicos a reclamos públicos del personal de salud, Bolivia tiene motivos por los cuáles protestar. Somos un grupo de activistas que cree que la no violencia siempre será la mejor forma de protestar. Entiendo la incredulidad frente a esta técnica. Sin embargo, buscando respuestas a las preguntas de hoy encuentro en nuestra propia historia. Hay ejemplos de la no violencia siendo efectiva en Bolivia, aunque no haya sido proclamada bajo ese nombre. 

La Marcha por el Territorio y la Dignidad del 1990 marcó un hito irreversible y  es aún admirada por activistas jóvenes. La marcha es una táctica de protesta no violenta. La huelga de hambre de 1978 logró la amnistía para los presos políticos durante la dictadura de Banzer. Huelgas de todo tipo también son consideradas tácticas no violentas. Creo importante recalcar hoy por qué esta forma de protesta es tan importante, tomando en cuenta el alto grado de polarización social y política que vive el país. 

La influencia de las estructuras de poder opresivo en la historia universal ha llevado a una narración glorificada de la violencia. Esa glorificación ha servido para justificar y ampliar el papel de las fuerzas militares y policiales dentro del Estado. La cultura política centrada en occidente y la narrativa patriarcal han llevado a una exaltación de la violencia y la masculinidad, que a menudo es históricamente inexacta y engañosa para las luchas actuales. 

Con frecuencia ha sido la desobediencia de la gente común lo que condujo a la liberación de un pueblo. En  Recuperando la historia no violenta, un libro editado por Maciej J. Bartkowski, él dice: “Los datos y los estudios cualitativos desafían la percepción exagerada común del papel de las armas para ganar la libertad de un país y la negativa del clasismo a reconocer la influencia de la gente común en los eventos fundamentales en las historias nacionales”. En otras palabras, el sistema quiere que creamos que la violencia es la mejor respuesta. No la es.

La ciencia ha demostrado que la no violencia es más efectiva que la violencia. Un estudio de Erica Chenoweth y Maria J Stephan que abarca más de 300 revoluciones ha mostrado que grupos violentos han tenido éxito el 26% de los casos, frente al 53% de grupos no violentos con una estrategia sólida. Aunque Chenoweth empezó este estudio para demostrar que la violencia era más efectiva, luego descubrió lo contrario. Chenoweth es ahora una líder en esta área académica.

 La razón por la cual la no violencia es más efectiva es ésta: abre el espacio para aumentar aliados a la causa y pone al sistema en un dilema. Si un Estado autoritario reprime protestas no violentas muestra su verdadera naturaleza represiva. Por el otro lado, no reprimir es permitir la desobediencia sin consecuencias negativas, alentando a otros a unirse. De cualquier manera, el Estado represor pierde.

Sin embargo, la no violencia sin inclusión no funciona. Un movimiento debe ser inclusivo, abierto a nuevos aliados, y actuar con métodos inclusivos, fáciles de replicar. No se puede luchar por la inclusión y la igualdad  con un movimiento exclusivo y discriminatorio. La marcha de la sal de Gandhi trajo el éxito al movimiento independentista de la India. La sal era una necesidad básica para todos, y recogerla  del mar era replicable para muchas personas con poco esfuerzo. 

Otro ejemplo de una táctica fácil de replicar son los cacerolazos, conocidos ya en Bolivia. Cuanto más fácil sea replicar una protesta, mayor será la probabilidad de que crezca en número. Y cuanto más inclusiva y celebratoria de lo plural, más chances tendrá de un éxito verdadero.

Jhanisse Vaca Daza es activista de derechos humanos y no violencia, cofundadora de Ríos de Pie.

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