Rafael Saavedra Cabieses 

Plan de emergencia contra la doble mediterraneidad

lunes, 15 de junio de 2020 · 00:09

El mar es la inmensa puerta que nos abre los caminos al mundo, en todos los planos: geográfico, económico, cultural y espiritual. La mediterraneidad nos sofoca, nos limita el horizonte.  Pero no nos corta las alas para ser ciudadanos del mundo.

Volar mitiga nuestra mediterraneidad. Por ello si se nos cierra el mar, estamos obligados a expandir nuestro vuelo, en todas direcciones. O nos asfixiaremos.

Tal es el significado metafórico de la doble mediterraneidad.

Por ello, si no es posible, por hoy, reestablecer nuestro acceso al mar, debemos multiplicar nuestra capacidad aérea.

Si no lo hacemos, a la doble mediterraneidad que es un factor geográfico, sumaremos nuestro doble enclaustramiento, que es una condición voluntariamente asumida.

La soberanía consiste en ocupar, aprovechar y desarrollar libremente nuestro territorio, disfrutarlo y no renunciar al uso de nuestro espacio aéreo, que nos da acceso al ilimitado espacio aéreo internacional.

Además de no tener salida directa al mar, estamos limitados por una accidentada geografía, lo que acrecienta distancias materiales y espirituales, producto del síndrome de lejanía que llegó en el pasado, a diferenciar nuestras categorías (Vgr. Territorio de colonias), haciéndonos extranjeros en nuestra propia nación.

La falta de carreteras y de comunicación fluvial adecuadas es solamente superada por la vinculación aérea. De manera que la conectividad interna por esa vía es también un factor estratégico en el ámbito de preservar nuestra soberanía.

Sobre esta soberanía territorial se asientan las otras: alimentaria, cultural y política.

Engrillados geográficamente, nos asfixiaríamos si dejamos que la aeronavegación se cierre.

Tal es nuestra responsabilidad como nación para preservar, estimular, desarrollar y lograr una óptima aeronavegación. No dejarla librada a la buena o mala voluntad de los ciudadanos, sino a la capacidad estatal, como responsabilidad pública irrenunciable.

La pandemia ha desatado una crisis general. No podemos cometer la irracionalidad de permitir el debilitamiento de nuestro único pulmón para respirar y conectarnos entre nosotros y con el mundo.

Estamos bajo un excepcional régimen defensivo ante el riesgo sanitario, económico, social y cultural que nos afecta por igual. Por lo tanto, es necesario asumir excepcionalmente los riesgos de deterioro y muerte que sufren las líneas aéreas, paradas cerca de 90 días.

Además del grave perjuicio a las actividades económicas, turísticas, sociales, culturales y de salud, estamos ingresando a una fase crítica muy grave para la aeronavegación comercial, que ha quedado privada de ingresos, con cargas sociales, tributarias y de servicios  que podrían llevarlas al colapso si no se toma acciones excepcionales para evitarlo.

Las empresas aéreas comerciales han iniciado acciones que merecen ser tomadas en cuenta, como por ejemplo  la carta de Amaszonas proponiendo algunas líneas maestras para una estrategia nacional, bajo las siguientes premisas:

1. Línea de financiamiento de 100 MM de dólares;  2. rebaja del precio de combustibles; 3. descuento sobre el precio de servicios; 4. alivio e incentivos tributarios.

No son propuestas irracionales pues, en el mismo marco de las estrategias para enfrentar la pandemia, es necesario desarrollar las que mitiguen sus consecuencias.

La economía y, en este caso, la aviación civil y comercial merecen atención prioritaria, pues las medidas propuestas no constituyen concesiones graciosas a un sector empresarial, sino permiten mantener una actividad que beneficia al país entero, a su soberanía.

Si se realiza cálculos realistas podemos afirmar que lo que perdería Bolivia con el colapso de la aviación civil y comercial es mucho mayor que las inversiones solicitadas para evitarlo.

Es más, el retorno financiero de tales incentivos es seguro y estable, además de estimular el crecimiento de los beneficios, lo que no sólo compensaría el apoyo estatal, sino que nos devolvería las alas para evitar el doble enclaustramiento al que nos hemos referido.

Y esa estrategia debe aplicarse ahora, no esperar que el sector se precipite a una quiebra, cuya recuperación sería muchísima más costosa para el país.

Rafael Saavedra Cabieses es licenciado en administración pública y máster y doctorado
 en administración pública.

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