Juan Antonio Morales

En el largo plazo todos habremos muerto

martes, 16 de junio de 2020 · 00:11

El título de este artículo es el de las tantas veces citada expresión del famoso economista inglés Keynes, a la que replicó la no menos famosa Joan Robinson con “pero no todos al mismo tiempo”. 

Keynes quería enfatizar la importancia de resolver los problemas de corto plazo, para poder lograr resultados tanto en el mediano como en el largo plazo. 

Nuestra atención debe estar centrada ahora en la gestión de la coyuntura, es decir en el corto plazo. La pandemia, así como las medidas para controlarla, han tenido altos costos económicos que, si no se toman las medidas adecuadas, podrían tener desastrosas prolongaciones.

 El esfuerzo principal debe estar en el control de la pandemia y  la contraposición entre  salud y economía, como lo hacen algunos, no es tal. Si bien son los adultos mayores los más vulnerables al Covid-19 y la letalidad es muy alta en este grupo, los trabajadores en la flor de la edad también pueden sufrir sus efectos. 

La letalidad no será tan alta,  pero muchos  pueden quedar incapacitados por varias semanas, sino por meses y años, con claros costos, tanto de atención médica como porque dejan de producir. Pero para tener la atención médica adecuada se tiene también que tener una economía sana, como lo  subrayan los científicos alemanes del IFO Institut. 

Es importante proteger el empleo y la capacidad productiva del país. Hay el peligro de cierre de empresas y las políticas públicas tienen que apuntar a que esto no suceda. Ha sido acertado el apoyo con bonos a las familias, aún si hay todavía problemas logísticos por resolver,  pero está pendiente el apoyo a las empresas.

El esfuerzo principal recae en el fisco, que además de los gastos adicionales en los que tiene que incurrir, ha visto sus ingresos esmirriados tanto por la recesión mundial como por haber tenido un país parado casi totalmente tres meses. Los problemas de financiamiento son mayúsculos, pero también lo es la ingeniería financiera de apoyo a las empresas, para hacerlo correctamente.

No todas son malas noticias, hay una recuperación en ciernes de la economía de los países industrializados. Sus bolsas de valores han estado alcanzando niveles casi iguales a los que tenían antes de la crisis sanitaria. El precio del petróleo en la última semana ha estado casi en 40 dólares el barril, aunque después ha vuelto a caer un poco ante el temor de una segunda ola de la pandemia. Habrá que seguir muy de cerca la evolución del mercado de la energía.

 Las exportaciones industriales chinas están ya cerca de los niveles que tenían antes de la pandemia. Esto ha hecho que los precios de los metales se hayan recuperado bastante bien. 

Los datos al 22 de mayo muestran un excedente de encaje considerable del sistema bancario nacional. Todo hace pensar que los bancos tienen la liquidez necesaria para prestar a las empresas. Los gerentes de finanzas de las empresas y los oficiales de crédito de los bancos tienen que comenzar a moverse. Posiblemente la incertidumbre asociada con la pandemia ha aumentado la percepción de riesgo tanto para prestamistas como para prestatarios, lo que explica la inacción. Le corresponde al gobierno reducir esa percepción de riesgo. En especial, el BCB, mediante sus operaciones de mercado abierto, puede tener un papel señalizador importante.

El gobierno está buscando acceder a fuentes externas de financiamiento y puede tener éxito porque los mercados internacionales privados están muy líquidos, liquidez que puede chorrearnos. Para que esto suceda necesitamos presentar un buen plan de salida de la crisis sanitaria, de rehabilitación del sector exportador, de un compromiso creíble de que vamos a poder pagar la deuda que pudiésemos contraer y, sobre todo, de un gran esfuerzo de concertación interna.  

Ya hay algunos rebrotes del césped y  si se logra controlar la pandemia puede emerger una economía nacional menos dependiente de los recursos naturales, más diversificada, menos consumista, más solidaria, más intensiva en conocimientos y tecnología, y más justa. No hay mal que por bien no venga, pero habrá  que tener paciencia. Resolvamos primero los problemas urgentes.

 

Juan Antonio Morales es profesor de la Universidad Católica Boliviana y expresidente del Banco Central de Bolivia.

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