Karina Morales

Un monstruo de mil cabezas

miércoles, 17 de junio de 2020 · 00:10

Creo que fue Agustín Echalar quien dijo que era peligroso vivir en Bolivia. Pienso lo mismo, pero no por los peligros que puede haber en cualquier sociedad, delincuencia callejera, accidentes, etcétera, pero por los riesgos que significa un Estado desordenado que no se rige por sus propias leyes, ni por su propio discurso ni por el sentido común. No es una crítica al gobierno actual, pues es un problema persistente en el tiempo.

Hay muchos dominios donde ocurre eso, pero mencionaré solamente cuatro: la política sanitaria, la Policía y la justicia, las disposiciones laborales y la corrupción.

Las autoridades de gobierno se desgañitan exigiendo a la población el respeto a la cuarentena, el uso de barbijos, el lavado frecuente de manos y el mantenimiento de una distancia prudencial con otras personas. Sin duda tienen razón, pero paralelamente consienten prácticas que generan peligros para la salud como las que usan la Policía y el sistema judicial. 

Mencionaré dos ejemplos. Cuando se comete alguna infracción de tránsito, por pequeña que sea, los infractores son llevados a alguna comisaria, los detienen en sus celdas, los mandan a la Fiscalía y después a las celdas judiciales, donde tienen que compartir pequeños recintos sin ventilación, sin sol, abarrotados de otras personas. En los últimos días he sido testigo de ello en un caso de colisión de tránsito y de una situación en que el conductor no tenía permiso para circular durante la cuarentena. 

En el caso de la colisión, las dos partes se pusieron de acuerdo para conciliar, no obstante, se detuvo a uno de los conductores por tres días. Informé sobre esto a las autoridades de gobierno, quienes no movieron un dedo, desnudando su falta de interés por el cuidado de la salud, a pesar de su discurso. Hay miles de detenidos por faltas menores que deberían ser liberados precautelando su salud. 

No sólo por razones sanitarias, pero también con el objetivo de disminuir la corrupción, es imperativo prohibir a policías, fiscales y jueces dictar detenciones por faltas menores o casos no comprobados. 

Otra manifestación de las mil cabezas del monstruo es la política laboral. Por una parte, el Ministerio del Trabajo prohibió el retiro de trabajadores durante la cuarentena pero los primeros en hacer caso omiso a esa determinación son las autoridades de las instituciones públicas que despiden a funcionarios en masa para hacer espacio para sus parientes, cuates y conversos de última hora.

Existe un discurso oficial para la eliminación de prácticas de corrupción, pero en los pocos meses de gobierno se está batiendo récords en este dominio mostrando que el monstruo tiene mil cabezas. Hubo también corrupción en el pasado, en casi todos los gobiernos anteriores, pero eso no debe llevar a aceptar que siga ocurriendo, sobre todo en épocas de pandemia y de crisis económica. 

El hecho más grave de corrupción, que debería tener un castigo muy fuerte, es el relativo a la importación de insumos y equipos de salud, en particular de los respiradores. Un delito que debía ser aclarado en un par de días está siendo diluido en una maraña judicial para cansar a la opinión pública. Ese delito ha llevado, en plena pandemia, a suspender las compras estatales de insumos médicos con el justificativo de que primero es necesario hacer una auditoría a la entidad pública encargada de esas compras, pero, las auditorías duran meses y generalmente no llevan a ninguna conclusión.

Alguna gente acepta cargos en el gobierno sabiendo que no son capaces de asumir los desafíos. El gobierno, por su parte, se equivoca reiteradamente en las designaciones debiendo revocarlas al poco tiempo de realizadas. La destitución de un ministro a los pocos días de ser designado ha sido vergonzosa, peor aún ha sido la detención (con o sin razón) del ministro de Salud y otros casos más.

Estamos conscientes de que es una tarea muy difícil descabezar al monstruo de las mil cabezas. En pocos meses más nos llamarán a las urnas para elegir a un nuevo gobierno. Ello nos pone en una seria encrucijada existencial: ¿por quién votaremos? 

Tendría que ser por un grupo político con ética, fuerza, imaginación y creatividad para dar por lo menos los primeros pasos en un proyecto de construcción nacional y en descabezar al monstruo de las mil cabezas, ¿lo tenemos? Si no lo tenemos, tendremos que pensar en iniciativas para organizarlo. Todo es posible.

 

Karina Morales es doctora en salud pública.

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