Jorge Patiño Sarcinelli

Cultura y los humos del arte

viernes, 19 de junio de 2020 · 00:11

Cultura y deporte son bienes sociales imprescindibles. De este axioma parte el silogismo de que si son cosas buenas, cuanto más tengamos de ellas, mejor. Y si necesitamos más de algo, es obligación del Gobierno hacer que alcancemos ese “más” con políticas, plata y ministerios.

El cierre de los ministerios respectivos ha provocado la previsible protesta de los previsibles protestantes: los que se sienten directamente afectados, los abanderados de su creación y los que creen que defender la Cultura (con mayúscula) es deber moral de todo intelectual. 

Como criticar al Gobierno de turno es un deporte nacional, reconozcamos que con ésta y otras medidas irritantes, el actual está promoviendo al menos un deporte popular: la protesta.

¿Debe apoyar otros? Primero hay que distinguir deporte competitivo de educación física. Las críticas por la falta de apoyo del Estado se refieren a lo primero: a que el Estado equipe más centros deportivos, dé más becas a deportistas y pague más viajes; y no, por ejemplo, a reclamar espacios públicos de recreación o la promoción de actividad física en las escuelas.

A mí también me gustaría ver más medallistas bolivianos en los podios, pero no creo que sea  sólo una cuestión de plata y menos que el mejor uso de nuestros pocos recursos sea apoyar cien deportes distintos. Y si hay que elegir un deporte, la gran mayoría prefiere el fútbol. Para esto ya tenemos las canchitas del MAS.

La cuestión de la cultura es más compleja y más importante, pero la discusión también debe partir de una distinción fundamental entre arte y cultura. Sobre su definición no nos pondremos de acuerdo, pero es evidente que el Dakar y el museo de Orinoca fueron desatinos bochornosos de ese Ministerio.

Que a veces olvidamos esa distinción lo muestran dos recientes artículos de Alfonso Gumucio y Diego Ayo. No dudo de la calidad y amplitud intelectual de ambos ni de que sepan que arte y cultura no son lo mismo. Sin embargo, cuando escriben sobre el tema les sale la idea enlatada.

Excepto por menciones a “manifestaciones de culinaria o folklore” y a “escritores, fotógrafos, pintores y gente de teatro” -todos sacrificados por la pandemia- Gumucio limita su análisis a la orfandad financiera del cine y las letras. Así puede dedicarse a su tema predilecto: su propio pasado. 

Ayo dice “si queremos la gente haga arte, viaje o juegue fútbol, debemos garantizar la salud” y “Han sido publicados algunos artículos criticando la eliminación del arte y del deporte”, etcétera. como si arte y cultura fueran uno. Creo que él sabe que no, pero un instinto elitista lo traiciona.

No los menciono por criticar sino por recordar la importancia de esa distinción para analizar si el cierre del Ministerio fue malo, si lo hecho justifica lo invertido, y sobre todo qué y cómo podríamos hacer mejor en el futuro.

La cultura es un bien, pero no toda ella se presta a la cuantificación. Hablamos de más películas, más carnavales, más libros, más ferias. Pero si la cultura que nos preocupa son las formas populares de ser y crear, la cuantificación debe ceder lugar a aspectos cualitativos como reconocer, difundir, valorar, entender, etcétera. 

Al respecto, recomiendo la brillante entrevista de Pedro Susz en Página Siete.

El cine, pintura y poesía que gustan a los intelectuales tienen su lugar, claro, pero para justificar el uso de recursos que tendremos que restar de otros, se necesita una propuesta de qué cultura debe apoyar el Estado, una que conecte con el ciudadano de Roboré o Vitichi; es decir, en una lógica de beneficio colectivo que deje las torres de marfil y tienda puentes que enriquezcan de ida y de vuelta.

Un Ministerio de Cultura que se dedicaba a financiar rallys, museos y otros dislates bien cerrado está. Reabrirlo es tarea de un Gobierno que quiera y pueda mirar más allá de la transición con una propuesta que entienda la cultura como una expresión de la identidad nacional, y no continuar con el rédito político, la consabida fórmula elitista o la inmediatez caprichosa.

 

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

El coronavirus ha causando la peor crisis económica que me ha tocado vivir en casi 40 años de experiencia profesional y algunos expertos anticipan que la recuperación podría tomar un par de años.

La dramática caída de nuestros ingresos ha puesto en riesgo la estabilidad financiera de Página Siete.

Para salir de la crisis necesitamos reinventarnos hacia contenidos digitales y un paso en esa dirección es nuestra nueva aplicación PaginaSietePro, que está disponible en Apple Store y Google Play.

La aplicación contiene información en tiempo real, la versión completa del periódico impreso y próximamente, información y servicios exclusivos que no estarán disponibles en otras plataformas.

Tu suscripción a la aplicación nos permitirá seguir ejerciendo un periodismo de calidad, con la información completa y el análisis y contexto que nos caracteriza.

Medios de comunicación independientes y valientes son imprescindible para la vida en libertad y democracia. Página Siete lo demostró en varios momentos difíciles que nos tocó vivir durante los últimos años.

Muchas gracias por tu apoyo.

Para suscribirte, descarga la aplicación de Apple Store o Google Play haciendo clic en uno de los siguientes botones:

Apple Store

Google Play

Consultas


   

33
118

Otras Noticias