Luis Eduardo Siles 

Lideresas en tiempos de pandemia

viernes, 19 de junio de 2020 · 00:07

Para poner a prueba liderazgos no hay mejores contextos  que las guerras,  desastres y en nuestro días, esa mezcla de ambas cosas que es  la pandemia del coronavirus. Si hay un signo del mundo hoy es el de una incertidumbre espantosa que carcome el alma de millones de seres humanos. Ante el miedo que se hace presa de todos los que desde sus encierros  contemplan un vértigo de inquietudes, la imagen de la mujer líder se yergue  como la madre protectora que brinda amparo, decisión, y orientación en tiempos difíciles.

Ante lo desconocido, las especulaciones de las teorías de conspiración sobre el origen y tratamiento de la pandemia, la imagen de la canciller alemana Ángela Merkel impecable técnicamente y de competente sensibilidad,  tranquiliza  en su estilo teutónico, por que borra la desconfianza con un aire casi maternal que inspira solidez de mujer de estado, credibilidad,  y consuelo. Con otro estilo, Jacinda Arden, primera ministra de Nueva Zelandia, también de gran nivel técnico; habló de declarar al conejo de Pascua un trabajador esencial y otras presidentes han hecho conferencias de prensa sólo dirigidas a niños por que las mujeres líderes suelen priorizar a los más vulnerables.

En nuestro medio, la fuerza de la alcaldesa interina de Santa Cruz, Angélica Sosa, y el liderazgo consistente de la canciller Karen Longaric son puntos de referencia para quienes no encontraban ejemplos para considerar que la  tradición de lideresas bolivianas desde Juana Azurduy y Bartolina Sisa  a Lidia Gueiler contaba con emulas contemporáneas.

Si la resistencia contra  la pandemia en Santa Cruz tiene un nombre  es el de la arquitecta Angélica Sosa, quien, junto al doctor Oscar Urenda, agarró el toro por las astas, aun a riesgo de su propio contagio y capital político. Incansable, valiente, con un solvente manejo de la problemática, planteando soluciones y ejerciendo un genuino liderazgo arropó a Santa Cruz en estos días grises a pesar de las limitaciones propias del contexto local. Intuyendo la gravedad de lo que se venía antes que la mayoría, Sosa, indiferente a las críticas, insistió en la cuarentena a pesar de la indisciplina social, armó centros sanitarios, distribuyó alimentos, exigió transparencia en las cifras y conduce la batalla en el epicentro que es Santa Cruz de la Sierra.

Karen Longaric, por su parte, asumió el reto de formular la política exterior de Bolivia antes y durante la pandemia, luego de 14 años de masismo, en los que las decisiones se tomaban en base a intereses ideológicos, no nacionales. Jefa de un variopinto gabinete, Longaric destaca por la pulcra seriedad de sus decisiones y posicionamientos que obedecen, por lo demás,  a un plan sobre política exterior que formuló antes de ocupar el cargo. Tanto en el manejo de las relaciones con Chile en plena pandemia, como en la presencia de representaciones de un gobierno que el chavismo internacional quiso etiquetar de golpista, como en la promoción del comercio internacional de Bolivia o en el manejo de la crisis de los alojados en la embajada de México,  la Canciller trajo consistencia y profesionalismo. Ejerciendo una responsabilidad para la que estaba preparada como pocos, la señora Longaric ha producido en poco tiempo un cambio positivo en la imagen internacional de Bolivia y probado que la gestión de una mujer en la Cancillería puede ser reflejo de la combinación entre técnica y elegancia.

En este recuento quisiéramos mencionar a la Presidente Añez o a la senadora Eva Copa con similares razones. No obstante, al  intentar Añez la reelección inmediata, candidateando contra el sentido común, hipotecó no sólo el destino de su administración, sino que se cortó a sí misma posibilidades de gestión y de generación de genuino poder político. Ocupada en no cometer errores de campaña, aparentemente secuestrada por un varonil entorno, parece ausente del desafío de la pandemia, o del de las relaciones exteriores, limitándose, calculadamente,  a presentar teóricas buenas noticias en videos. Pudiendo ser la madre de la nación en estas circunstancias prefirió escoger ser la hija de una parcialidad y su proyecto político hoy se asemeja al de un pedazo de hielo bajo el sol ardiente.

Por su parte, la joven y poco conocida  Presidente del Senado tiene aún por demostrar si es capaz de marcar una ruptura con el terrorismo de su partido y asumir posiciones constructivas y democráticas o si continuará en la nefasta senda de la confrontación racial y política, así como el del sabotaje a la democracia y a la paz social con el que su mentor dividió y envenenó el alma de los bolivianos, mientras despilfarraba el dinero de todos sin invertir prácticamente en salud. Su participación en el rechazo parlamentario del primer crédito necesario para las victimas del virus  es una pésima señal de su verdadera identidad e intenciones.

Luis Eduardo Siles  es analista y político, licenciado del Instituto de Ciencias Políticas de Burdeos, Francia.

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