Rolando Morales Anaya

La economía está mal, pero no tan mal

jueves, 25 de junio de 2020 · 00:09

La economía terminó maltrecha en el año 2019 por lo que cabía esperar tener un mal año en el 2020, además por la pandemia que azota al mundo entero. Sin embargo, la evolución en el primer trimestre no fue tan mala como se temió: según el IGAE, la actividad económica creció al 0,53%, la tasa de desempleo fue de 7,34 por ciento, los depósitos en los bancos crecieron en 1943 millones de dólares hasta el 15 de mayo, las reservas internacionales netas crecieron en 45 millones y los únicos sectores que tuvieron fuertes caídas fueron la minería, la construcción y el transporte. Pero, las finanzas públicas continuaron a deteriorarse. El golpe más fuerte de la pandemia a la economía se dio durante el segundo trimestre, por lo que puede esperarse malos resultados, al igual que en lo que queda del año.

Según el Banco Mundial (que generalmente se equivoca en sus pronósticos) la economía boliviana tendría una caída de 5,9% este año, pero el próximo año se recuperaría con un 2,2%. Según este organismo, las economías grandes tendrían caídas más grandes, superiores al 7%, pero se recuperarían también el próximo año con tasas entre 3 y 4%.

A pesar del pesimismo que cunde, porque los aparatos productivos están intactos, se puede esperar la recuperación a condición que se logre distribuir en el tiempo las pérdidas del Estado y de las empresas incurridas durante la pandemia. El Estado deberá intentar disminuir sus gastos, aumentar sus ingresos y lograr créditos internos y/o externos a plazos razonables y en condiciones concesionales. La ASFI deberá establecer una normativa de emergencia para facilitar el financiamiento bancario que requieren las empresas. Felizmente, Bolivia tiene un sistema financiero muy sólido que puede ayudar a la recuperación. Sería conveniente establecer un fondo de refinanciamiento de las pequeñas empresas con el apoyo logístico de las ONG. Es una buena idea prohibir el despido de trabajadores, pero habrá que asegurar su cumplimiento, violado incluso por las autoridades de gobierno.

Bolivia tiene tres problemas adicionales a los que los otros países enfrentan: un sector externo débil, una inquietante crisis política y la urgente necesidad de hacer cambios institucionales. Las exportaciones mermarán incluso si los mercados de minerales e hidrocarburos se recuperan y las importaciones podrían seguir creciendo si no se toma medidas para contenerlas. Devaluar este año sería un gravísimo error, lo que corresponde es introducir restricciones cuantitativas temporales a la importación de bienes que no son imprescindibles e introducir incentivos a las exportaciones no tradicionales. 

Si bien Bolivia no corre el riesgo de un contagio de la crisis financiera mundial debido a su escaza inserción, tiene un tipo de riesgo derivado: sus países vecinos, Brasil, Perú y Chile tienen casos muy elevados de infección del coronavirus, por lo que es posible que por razones sanitarias (no financieras) Bolivia cierre sus fronteras con estos países con daños para su economía.

Bolivia nunca ha tenido una crisis política con las características actuales: un presidente que se va, un pequeño grupo que se hace cargo del Palacio Quemado, un agudo conflicto social y candidatos presidenciales sin apoyo. A esto hay que añadir el miedo de los profesionales de participar en política y de ocupar puestos de mando en la administración pública. Bolivia se encuentra como un cuerpo inerme, sin cabeza, y lo peor es que no se vislumbra una solución en momentos tan difíciles con grandes desafíos en salud y en economía. 

Finalmente, un cuarto desafío es el completar tareas inconclusas postergadas desde hace muchos años. La crisis sanitaria ha puesto al descubierto la desorganización del Estado boliviano a partir de la Ley de Descentralización Administrativa de 1995, muy particularmente en el caso del sector salud, donde las responsabilidades son bicéfalas o difusas. En general, no hemos adoptado buenos principios administrativos para organizar el país, éste es el origen del desorden actual. Por otra parte, Bolivia requiere con urgencia la reforma judicial y de la Policía.

Nuestro problema existencial es ¿quién podrá hacer todo esto?

Rolando Morales Anaya es economista.

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

El coronavirus ha causado la peor crisis económica que me ha tocado vivir en casi 40 años de experiencia profesional y algunos expertos anticipan que la recuperación podría tomar un par de años.

La dramática caída de nuestros ingresos ha puesto en riesgo la estabilidad financiera de Página Siete.

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