Juan del Granado

Nuevo sentido común para el éxito de la transición

viernes, 26 de junio de 2020 · 00:08

Luego del fraude y de la fuga, tres fueron las fortalezas del gobierno al inicio de la transición: la pacificación, la normalización y la nueva elección.

Pese al saldo luctuoso de Senkata y Sacaba, se alcanzó la pacificación cesando la violencia y con ello se normalizaron todas las actividades. La nominación de un nuevo Tribunal Supremo Electoral y la convocatoria a nuevas elecciones completaron un escenario nacional que cerraba los durísimos momentos de la sublevación ciudadana y del derrumbe del régimen masista. Un ambiente inicial de certidumbre y de esperanza se instaló en la gran mayoría del país.

Una buena parte del mérito le correspondió a la Presidenta transitoria que combinando firmeza con flexibilidad concertó esos logros con los principales actores institucionales y políticos. Parecía garantizarse una transición exitosa. Pero dos hechos no previstos complicaron y nublaron los acontecimientos nacionales: la pandemia y la candidatura de la Presidenta.

Hoy día, estamos en pleno retroceso. La transición puede situarse a la deriva, si no hacemos conciencia de los siguientes elementos:

1. La pandemia obligó a la postergación de las elecciones y a la consiguiente prórroga del mandato presidencial. La candidatura de Jeanine le quitó de inmediato todo apoyo de la oposición democrática y le restó credibilidad ciudadana.

Enfrentar el virus, improvisadamente y con un precarísimo sistema de salud heredado, se constituyó en la principal tarea del gobierno transitorio, desplazando y postergando los comicios, pero poniendo a la Presidenta candidata bajo un inclemente escrutinio opositor.

2. La rápida cuarentena decretada y los bonos aprobados impulsaron la dinámica positiva del gobierno y parece que ello llevó, equivocadamente, al gobierno a desechar cualquier acuerdo destinado a la concertación con los principales actores políticos e institucionales, subestimando peligrosamente la dimensión real de la pandemia.

Claramente, en una especie de autismo lamentable, el gobierno, mirando sólo el corto plazo, supuso éxitos sanitarios duraderos que no quiso compartirlos, sin percatarse que vendría una enorme y peligrosa factura por la crisis que más bien, inteligentemente, podía distribuirla.

3. Hoy, cuatro meses después, se han jibarizado los “éxitos” y ha crecido la factura, peor si a la terrible herencia sanitaria el gobierno le ha agregado sus reiteradas y propias incompetencias e irregularidades.

La pandemia ha escalado y los bonos se han agotado; siguen los baches sanitarios, no se ve aún ningún plan consistente de reactivación económica, cuyos resultados son para el mediano plazo, y la pandemia repasará largamente los tiempos del gobierno transitorio.

4. El gobierno ha intentado postergar sin fecha los comicios con el argumento sanitario, lo que es cada vez menos razonable si la gestión sanitaria es deficiente. Y si bien la gran mayoría de la población está muy lejos de las preocupaciones de los candidatos, el ambiente político se ha ido enrareciendo, al extremo de poner en tela de juicio incluso los logros iniciales. Ha retornado el ambiente de la confrontación y la pacificación alcanzada está en riesgo, no sólo por la “conspiración” masista, sino por el equivocado cálculo  gubernamental electoral de que la polarización con el MAS le trae beneficios eclipsando al menos a los otros candidatos. La normalización, ya afectada gravemente por la pandemia, ahora puede ser malograda por paros, bloqueos, movilizaciones y violencia que, sin duda, promoverá el MAS para cohesionar mejor a su electorado radical.

Y, para rematar, el Tribunal Supremo Electoral, equivocadamente, está siendo cuestionado no sólo por “apresurar” la fecha electoral, sino por no haberse querellado contra el fraude, por no modificar las circunscripciones uninominales, o por aplicar la Ley 421 de distribución de escaños…

5. La relación institucional, obligatoria entre los poderes, está enturbiada; los poderes Ejecutivo y Legislativo son transitorios y ambos parecen ignorar esa su transitoriedad en el intento de bloquearse mutuamente. Sólo el Órgano Electoral puede mirar el mediano plazo.

No se pueden ejercer plenamente todas las atribuciones legales y constitucionales de poderes u órganos que son sólo transitorios, que no reflejan ya ninguna representación y menos una correlación actual de fuerzas. Es que, así como no se pueden emitir decretos sobre transgénicos, tampoco son admisibles leyes sobre estados de excepción.

Es urgente y todavía es tiempo de una clara concertación institucional que defina la ruta Legislativa, Ejecutiva y Electoral de los próximos meses y donde lo esencial son la emergencia sanitaria, la crisis económica y las elecciones nacionales.

6. Fue acertada la promulgación de la ley que fija el 6 de septiembre las elecciones nacionales, pero fue equivocado su discurso. En lugar de “trasladar responsabilidades” o buscar “culpables”, la Presidenta debió proponer la incorporación de un artículo transitorio a la ley que permita al Órgano Electoral la modificación de fechas si la pandemia en agosto lo amerita. Ya la población se está cansando de la incompatibilidad forzada entre salud y voto, al tiempo que mantiene su rechazo a la “sublevación” de la COB o al cinismo del masismo que pretende ser “opción” luego del desastre nacional de la década pasada.

Ninguna “sublevación” será admitida, no se aceptarán elecciones en medio de un desastre sanitario, pero tampoco postergación indefinida de las urnas.

7. No es posible esperar grandes acuerdos entre candidatos cuando tenemos elecciones en tres meses, pero es casi imprescindible acuerdos institucionales básicos sobre lo que cada órgano transitorio debe y puede hacer antes de su remoción electoral. Una agenda Legislativa y otra Ejecutiva, ambas específicas, deben ser establecidas y acordadas, tanto para enfrentar la pandemia como la crisis económica, donde es clave viabilizar créditos y reformulaciones presupuestarias inmediatas para dar flujo a una inversión ejecutiva priorizada y transparente; al tiempo que el TSE elabora protocolos rigurosos que preparen y concreten la elección nacional, si la pandemia lo permite, en septiembre o despuesito.

Por eso estamos ante la necesidad inaplazable de retomar o de gestar un nuevo sentido común que tenga como eje central el éxito de la transición, donde la disputa política tenga límite, donde los escenarios institucionales tengan agenda y donde la población, cumpliendo cuarentenas y otras duras restricciones, tenga la certeza que sí valen la pena, ya que esa población está reclamando que la representación política también cumpla una más rigurosa cuarentena que aislé la irracionalidad y la violencia, para que podamos retomar la pacificación, la normalización que, en un momento racionalmente próximo, nos lleven a la conformación de un gobierno salido de las urnas.

Juan del Granado es abogado.

 

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