Fernando Cajías de la Vega

La institucionalidad cultural y el Ministerio de Culturas

lunes, 29 de junio de 2020 · 00:10

El famoso  historiador israelí Yuval Noah Harari, en una entrevista con el Financial Times, preguntado sobre cómo pronosticaba el mundo después del coronavirus,  advirtió que “las decisiones que tomen los gobiernos y pueblos en las próximas semanas probablemente darán forma al mundo que tendremos en los próximos años. No sólo formatearán nuestros sistemas de salud, sino también nuestra economía, la política y la cultura… esta tormenta pasará, pero las decisiones que tomemos ahora podrían cambiar nuestras vidas para los años que vienen”. 

Por eso hay que evitar tomar decisiones peligrosas e inmaduras, más aún si esas decisiones afectan a un sector, cualitativa y cuantitativamente, muy importante de la ciudadanía.  En un momento en que el mundo y en nuestro país hay una pérdida de confianza en los que ostentan el poder, no se puede  tomar decisiones “al margen de la opinión de los gobernados”.

Así como la crisis es una crisis planetaria ante la cual se están tomando decisiones planetarias, también hay que recordar que en los últimos 70 años se han tomado decisiones planetarias de gran avance para la humanidad  que no pueden ser destruidas so pretexto de la crisis. Parafraseando al historiador israelí, podemos afirmar que grandes decisiones que costaron años de deliberación, pueden ser cambiadas, so pretexto de la crisis, en cuestión de horas. Decisiones, entre las que destaca la institucionalidad de la cultura  

Precisamente una decisión peligrosa, e inmadura,  es la que ha tomado el Gobierno al eliminar el Ministerio de Culturas y Turismo y vincular indirectamente esa eliminación a “gastos absurdos”, expresión contra la que se ha luchado décadas para convencer que el dinero que se da a la cultura, al turismo y al deporte no es “gasto” sino inversión. 

Para comprender mejor el tema es importante recordar el proceso histórico vivido en Bolivia, en América Latina  y gran parte del mundo respecto a la institucionalidad cultural, vinculado al cambio de visión del sector cultura.

La cultura, en un sentido amplio, es transversal a toda actividad humana. En un sentido específico existe un sector cultura compuesto por el arte  y  los rasgos distintivos de los pueblos, es decir, la identidad cultural.

A esto se suman las nuevas políticas de salvaguarda del patrimonio, el desarrollo de innumerables industrias culturales y empresas creativas,  la masificación del turismo cultural, el equipamiento cultural como museos y teatros.

En las últimas décadas, el sector cultura se amplió enormemente,  lo que no correspondía con una dispersa y desordenada administración cultural,  por lo que se vio la necesidad de fortalecer la institucionalidad cultural. Además de políticas culturales nacionales, se buscó acuerdos planetarios y regionales que protejan el patrimonio cultural; que fomenten la producción y el consumo culturales; que promuevan las identidades culturales y la interculturalidad entre ellas; que vinculen la cultura con el desarrollo, permitiendo que el sector cultura, además de arte e identidad, sea una economía naranja que permita generar recursos económicos y fuentes de empleo.

 En Bolivia se ha dado, desde hace décadas, una gestión mixta: pública, privada y de la sociedad civil y así debe continuar. El tema es el rango de la entidad matriz y ente rector de la actividad cultural. Desde 1975 y, por lo menos por una década, esa entidad, como en varios países de Sudamérica, fue el Instituto Boliviano de Cultura. Desde mediados de los ochentas hasta la primera década del siglo XXI tuvo el rango de viceministerio, dependiendo primero del Ministerio de Educación y luego del de Desarrollo Económico.

Acorde con una política planetaria y, especialmente, de América Latina, sube de rango, desde 2009, a Ministerio de Culturas y Turismo. Hace pocos días, so pretexto de ahorro para la salud (ignorando el rol de la cultura y el arte para la salud mental), se retrocede y se lo baja de rango a viceministerio.

Es importante que se devuelva el rango de ministerio porque en el mundo por lo que más se nos conoce es por nuestra cultura; porque los involucrados directamente en el sector somos más de medio millón de personas; porque las políticas culturales, tales como la identidad cultural y la interculturalidad involucran a toda la población boliviana; porque un ministro tiene más peso para luchar por los recursos y las leyes de fomento para el sector que un viceministro; porque en la mayoría de los países latinoamericanos y del mundo son ministerios y en las reuniones internacionales tienen más peso los ministros que los secretarios o viceministros; que es necesario internacionalizar  nuestra cultura y convertirla, aliada con el turismo, en uno de los grandes ingresos económicos que nos libere de la dependencia exclusiva de las materias primas.

Es de esperar que las candidaturas presenten sus propuestas. Por supuesto que la devolución del rango debe estar acompañada de políticas culturales, de personal calificado, de un ministerio descentralizado y participativo, a través de consejos y de un sistema nacional de cultura; todo con   un adecuado financiamiento de inversión y una moderna legislación cultural

No se puede bajar de rango en horas,  lo que costó años de deliberaciones, estudios y activismo pacífico.

Fernando Cajias de la Vega es historiador y gestor cultural.

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