Fernando Salazar Paredes

Post La Haya: autocrítica chilena y apatía boliviana

lunes, 29 de junio de 2020 · 00:12

 Han transcurrido un año y nueve meses desde el adverso fallo de la Corte Internacional de Justicia que rechazó la demanda boliviana que pretendía obligar a Chile a negociar un acceso soberano al Pacífico. Fue una demanda precipitada, electoralista, pendenciera y sin una base jurídica admisible, a pesar de la opinión disidente de tres jueces. Chauvinistamente, sin embargo, Evo Morales logró enrolar un apoyo casi generalizado del país creando falsas expectativas. Pocos, muy pocos, osaron exteriorizar su desacuerdo con el camino adoptado, entre ellos la actual Canciller y quien escribe esta columna. 

 El gobierno de Morales se limitó a interpretar el fallo de manera frívola, aduciendo que la CIJ había lanzado una invocación a continuar con el diálogo y que no era una derrota. Irresponsable y amañadamente presentaban los antecedentes del caso como parte resolutiva del fallo.

 La semana pasada se ha conocido que la Cancillería chilena entregó, para revisión de tres expresidentes, un documento denominado Chile-Bolivia: propuesta para una relación de futuro, producto de las reflexiones de un grupo de especialistas tendientes a mejorar la relación entre los dos países. Aunque no se conoce el contenido total del documento, se han deslizado algunos elementos que dan la pauta de que se trata de un planteamiento desde una perspectiva chilena, en función de los intereses de ese país. 

Sergio Bitar, uno de sus integrantes, ha dicho que el documento “no pretende que sea una base de negociación interestatal que tenga posibilidades de ejecutarse en un breve plazo, pero sí apunta a entender la Bolivia de hoy, que no es la Bolivia que algunos chilenos tienen en su cabeza de los años 70 o 90”.  

Añade un importante elemento: “Chile no puede tener una relación fría y desconocer la importancia de Bolivia en la región”. A diferencia de otros, el documento, no parece ser histórico o interpretativo de la historia; más bien, se concentra en el futuro y fue elaborado a partir del fallo de La Haya, que es considerado como un asunto zanjado.

La repentina decisión de demandar a Chile en La Haya fue producto de un capricho del entonces Presidente y fue aceleradamente secundada por un grupo de asesores improvisados que jamás comprendieron que la solución a este trascendental objetivo, más que jurídica, era político-diplomática. Chile se apoya ahora en ese fallo para delinear su futura política para con nuestro país.

Hay responsables de esta toma de decisión chilena: Evo Morales y su círculo de iluminados que creían que el poder les daba ciencia infusa y, ebrios de ese poder, estaban seguros del triunfo, hasta minutos antes de la lectura del fallo. Hoy Chile, al asumir una posición, que si bien es contraria a los intereses bolivianos, sólo está rubricando el fiasco ocasionado al presentar la demanda jurídica y desechar la negociación político-diplomática.

Más allá de la cuestión marítima, el documento insinúa una sutil autocrítica: sus postulados sugieren un cambio de rumbo. Bolivia no es la misma; Chile no debe ser frío en sus relaciones; es necesario la complementariedad, la integración; se debe mejorar una serie de aspectos, como la modernización y gestión portuaria, etcétera. 

El recatado mea culpa chileno es evidente y, por qué no decirlo, conveniente. Esto indudablemente nos abre el camino para trabajar en una relación estratégica aparejada a una visión geopolítica. Una visión que formaba parte del espíritu de las negociaciones de la Agenda de los 13 puntos, que Morales echó por la borda, preso de su ambiciosa y autocrática desesperación por el poder sin límites.

No se trata de un documento improvisado. El selecto grupo de reflexión chileno empezó a gestarlo casi inmediatamente después del fallo. Al igual que en el caso del Silala, se abocaron a analizar y estudiar seriamente el tema, con pausa y sin vocinglería.

Y, en casa, ¿cómo estamos…?  En Bolivia, en todo este tiempo, podría decirse que no se ha hecho nada, excepto anuncios de impacto comunicacional en el anterior Gobierno, y muy poco en el actual, cuya gestión se la puede denominar de apagar incendios diarios, amén de tratar de estructurar un necesario aparato de política exterior.

  El gobierno de Morales hizo de la Cancillería un botín de guerra e improvisó funcionarios ígnaros en todos los niveles. Todo ello refleja una especie de apatía, entendida ésta como un estado de desinterés y reparo, producto de la desorientación, en lo que se refiere a nuestras relaciones con Chile y sobre las consecuencias nefastas del fallo y el necesario señalamiento de responsabilidades.

Es preciso y urgente, entonces, reflexionar, desde nuestra perspectiva y en función de nuestros intereses, sobre cómo encaminar las relaciones bilaterales con Chile post fallo. Diremar ya concluyó su trabajo… Le toca ahora a la Cancillería hacer su labor específica y empezar a trabajar prudente y sustantivamente en el principal tema de nuestra política exterior. El daño infligido a la causa marítma por Evo Morales y su troupe de falsos profetas es de consecuencias inconmensurables … pero parece que a nadie le interesa.

 

Fernando Salazar Paredes es abogado internacionalista.

 

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