Alberto Echalar Ascarrunz

Coronavirus y la altitud

miércoles, 3 de junio de 2020 · 00:07

Es mucha la información y la desinformación que circula, tanto en la prensa formal como en las redes sociales, sobre el tema del coronavirus; tan es así que casi todos, sin ser médicos, virólogos u otro especialista, nos hemos formado una idea suficientemente clara de cómo adquirimos el virus, y en resumen, es básicamente de dos formas: inhalación directa de gotículas infectadas provenientes de la boca o nariz de un positivo (tos, estornudo, respiración muy próxima), o llevar estas gotículas (que hubiesen quedado en reposo en una superficie) por medio de nuestros dedos a nuestra boca, nariz u ojos.

Ha llamado la atención que en ciudades de altitudes mayores a los 3.000 metros parece ser que las personas se contagian menos.

Existen estudios publicados que explican este fenómeno debido a dos factores: uno la radiación ultravioleta, que es mayor en la altitud debido al menor grosor de la atmósfera, que mata o debilita al virus,  y las condiciones fisiológicas de los habitantes de estas ciudades.

No tengo la menor idea de las afirmaciones sobre las condiciones fisiológicas de la población de altitud, pero en el tema de los rayos ultravioletas, a mi entender, el tiempo que se encuentra el virus entre la exhalación de un positivo y la inhalación de otra persona (la fuente mas probable de contagio) es tan corto que no daría tiempo a que los rayos ultravioletas degraden el virus, máxime si la mayor interacción humana se realiza bajo techo.

En esos estudios también indican que la mayor sequedad del ambiente, los grandes cambios de temperatura entre el día y la noche y la baja presión atmosférica afectarían negativamente al virus. Igualmente, como la transmisión es de ser vivo a ser vivo, el tiempo que pasa el virus fuera de ese ambiente propicio es muy corto para que esos factores sean muy determinantes.

Un aspecto de la altitud  en el que no se hace énfasis es en el de la densidad atmosférica. La altitud está definida como la distancia vertical de un lugar medido desde el nivel promedio del mar. Por medio de un altímetro barométrico se puede obtener la “altitud presión” de un lugar y si se corrige esta medida con la temperatura ambiente se obtiene la “altitud densidad”, que es una medida en realidad de la densidad del aire a esa altitud.

¿Cual la importancia de la densidad del aire en el tema del virus? El vehículo que utiliza el virus para desplazarse de la boca del contagiante a la nariz del contagiado es el aire, es decir, viaja soportado por la columna de aire. Nos han explicado que el virus se encuentra en minúsculas gotículas, que al ser acuosas tienen una densidad de uno; es decir, un kilogramo por cada litro de volumen, el aire tiene una densidad de 1.225 gramos por cada metro cúbico, una gran diferencia, por lo que las gotículas caen hacia el suelo  en un  periodo de tiempo relativamente corto.

¿Qué pasa si esta densidad en la altitud es mucho menor: fácilmente un 30% menos densa?  En la altitud, el aire mucho menos denso sostiene las gotículas en suspensión menos tiempo (¿30% menos?), reduciendo así la distancia que pueden recorrer y cayendo al suelo mucho antes que en zonas de menor altitud, y de esa forma disminuyendo su capacidad de encontrar una nariz, boca u ojo disponibles.

De todas maneras, es interesante hacer notar que en el frio la densidad aumenta y que estamos entrando al invierno. Vale igual la recomendación de usar barbijo, mantener prudente distancia y lavarse las manos constantemente.

Alberto Echalar Ascarrunz es piloto TLA.

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