Rolando Morales Anaya

Racismo como eje de la evolución histórica y económica de Bolivia

viernes, 5 de junio de 2020 · 00:09

Un amigo decía el “racismo es como el polvo debajo de la alfombra, es suficiente levantarla un poco para darse cuenta que existe”. En realidad es mucho más que eso. El racismo no se limita a mirar de ojos chuecos a personas física o culturalmente diferentes. Su incidencia en Bolivia ha marcado su historia y su desarrollo económico.

Es posible que haya habido racismo antes de la llegada de los españoles como una manifestación de rechazo mutuo entre comunidades, pero en su contenido actual data de la época de la Colonia y puede ser definido como la actitud que justifica la privación de derechos económicos, sociales y políticos de una comunidad por su cultura, idioma u apariencia física con fines de explotación. El racismo colonial estuvo vigente con gran intensidad desde la invasión española hasta mediados del siglo XX.  

Frantz Fanon y Paolo Freire, entre otros pensadores, desnudaron los mecanismos del racismo mostrando que los que lo aplican intentan mostrar a las víctimas que son inferiores en algún sentido por lo que deben obediencia a los superiores, lo que se plasma en diferentes formas de explotación. 

Expresiones como “indio ignorante”, “indio idiota”, “indio sucio” hacían parte de un arsenal de expresiones en la Colonia, en la República y actualmente, en las redes sociales, sobre todo en Facebook. La desvalorización del indio sirvió como justificativo moral para su explotación, su sumisión y la privación de sus derechos. Así, se aprovecharon del sistema de mita para las minas y del pongeaje en las fincas.

La República no cambió el sistema colonial. Peor aún, lo empeoró. Unos cuantos señoritos se apropiaron del país imponiendo un régimen que excluía al 90% de la población. En esas condiciones, era muy difícil construir una nación. A fines del siglo XIX  decidieron apoderarse de las tierras de las comunidades indígenas con las llamadas leyes de “exvinculación”. Sus antiguos dueños se convirtieron en sus siervos. El presidente Aniceto Arce ordenó la exterminación de toda la comunidad de Kuyuki (28/1/1892), matando a hombres, niños y mujeres.

En los primeros años del siglo XX  hubo acaloradas discusiones alimentadas por los liberales para determinar si la capacidad intelectual de los indios era comparable a la de los cholos y “blancos”. Para esa “investigación” hicieron traer a “técnicos” de Francia. Pero, intelectuales anarquistas y de izquierda pudieron posicionar la defensa de los indios, de la justicia, la devolución de la tierras robadas, etcétera, aunque  en una forma un poco lenta, tuvo sus frutos después de la Guerra del Chaco y se concretizó en la Revolución Nacional de 1952. 

Paradójicamente, en la discriminación contra los indios participaron muchos de los  descendientes de indígenas y señoritos “blancos”, al igual que ahora.

Derrocado el MNR, las antiguas élites quisieron reposicionarse y abundaron en expresiones racistas contras sus promotores. En esa época, usaban como insulto la expresión “cholo movimientista”. Y se acusaba a los cholos movimientistas de haber negociado con divisas, con la manteca de Comibol, con las libras esterlinas del Banco Central, etc. Se quiso posesionar la idea de que los movimientistas además de ser “cholos” eran corruptos.

 Lo mismo ocurre ahora con relación al MAS. Paradójicamente los hijos, nietos y bisnietos de los antiguos movimientistas son los que más utilizan esas expresiones que la antigua oligarquía esgrimía contra sus ancestros.

La corrupción que ocurrió en diferentes gobiernos de Bolivia no puede pasarse por alto, pero vale la pena señalar que esta no es exclusiva de los regímenes populares, pues en casi todos los gobiernos a lo largo de nuestra historia, independientemente del color de la piel de los gobernantes o de su nivel cultural, ha habido corrupción. Actualmente, en el primer semestre del 2020 es un tema que preocupa, pero continúa también el desasosiego sobre lo que ocurría en el gobierno anterior.

Hay racistas de toda laya, entre ellos los que niegan serlo y piensan que los racistas son los otros, es decir, los cholos y los indios. Frente a abominables hechos de racismo anti-indígena durante “los 14 años” suelen decir que “el innombrable” es el culpable de su reciente expansión.

El racismo tiene algo de plasticidad, pues algunos racistas se pasean con mucha tranquilidad de un bando al otro, cambiando el color de sus cabellos y ojos, según sopla el viento.

Rolando Morales Anaya es economista.

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