Tuffí Aré Vázquez

90 días de pandemia

lunes, 8 de junio de 2020 · 00:12

Acabamos de registrar en Bolivia el día 90 desde que se confirmó el primer caso de coronavirus, correspondiente a una mujer que llegó desde Italia a Santa Cruz. 12 días después de ese momento de conmoción, que nos hizo asumir de golpe la realidad de afrontar con armas escasas la pandemia, el país inició una cuarentena rígida para intentar contener el contagio y preparar apresuradamente su precario sistema sanitario para aguantar la peor fase.

Especialistas, como el infectólogo Juan Saavedra, han pronosticado que el pico de la curva de contagios puede darse esta semana, con una meseta que se prolongaría hasta fin de mes o la primera semana de julio. Esto implica registrar durante los 25 días que vienen un promedio de 600 a 800 casos por jornada, en condiciones de un confinamiento flexibilizado. 

Ya hemos tenido reportes con hasta 600 o más positivos y entre 20 y 30 fallecidos por día. Si el experto acierta en su cálculo, es probable que hasta fin de junio lleguemos a por lo menos 30.000 casos. Tomando en cuenta que el índice de letalidad es de un 4%, si no hay una efectiva mitigación resulta probable que hasta entonces Bolivia registre alrededor de 1.300 fallecidos, lo que ojalá no ocurra nunca.  

En otra proyección del Ministerio de Salud, se calcula que hasta fin de julio Bolivia llegaría a los 100 mil casos. Tomando en cuenta la letalidad promedio del 4%, hasta entonces se puede alcanzar la dramática cifra de 4.000 decesos, que ojalá nunca ocurran.

Para no llegar a ese extremo deben suceder cosas que no han ocurrido en 78 días de cuarentena. La principal, implementar en tiempo récord al menos 600 unidades de terapia intensiva adicionales a las 500 que ya hay para pacientes graves, instalar centenares de camas de internación en los hospitales para los enfermos en estado delicado, aumentar el número de médicos intensivistas de 200 a 500, habilitar centros de aislamiento para enfermos con síntomas leves y detectar a los asintomáticos para obligarlos a entrar en cuarentena.

 Esto último sólo es posible con la masificación de los tests y el procesamiento rápido en los laboratorios, que no se terminan aún de implementar, mientras que los que funcionan están colapsados. La recuperación de los pacientes mediante un protocolo de tratamiento científico es otra asignatura urgente, sobre todo considerando lo que podrían aportar los donantes de plasma hiperinmune, hasta ahora una de las terapias más esperanzadoras.

Poco de lo anterior se hizo en la etapa de contención de la pandemia y en la cuarentena. En este periodo se cruzaron situaciones penosas y hasta bochornosas, llegándose a una tormenta perfecta.

Con la mayoría de la población física y anímicamente agotada por los 78 días de confinamiento, con la economía de los hogares en coma, con los recursos estatales reducidos, con un Gobierno debilitado y con la mayor parte de los políticos en una campaña preelectoral sin escrúpulos, nos aprestamos a enfrentar en condiciones adversas la batalla más compleja de la guerra.

Lo que no se hizo en tres meses se tendrá que hacer en medio del agotamiento de los bolivianos y de la feroz arremetida del virus, que nadie sabe cuándo acabará ni el tamaño de sus consecuencias.

El drama es extremo, sobre todo en Santa Cruz y Beni, donde está el 83% de los infectados. Chapare es la nueva bomba de tiempo y cualquier mínimo descuido puede provocar un contagio masivo en las otras regiones.

Las imágenes de Guayaquil, con cadáveres en las calles y cuerpos en las puertas de los hospitales, parecían lejanas hace tiempo en Bolivia. Sin embargo, ya se ha informado de algún caso similar y es una realidad palpable que en Santa Cruz no queda una cama libre de internación, ni respiradores para los enfermos críticos.

Penosamente, la gravedad del momento no está acompañada de respuestas oportunas y eficientes de las autoridades, ya rebasadas por el desafío de cuidar la salud. Por ahora sólo queda rezar.

Tuffí Aré Vázquez  es periodista, Premio Huáscar Cajías y Premio Libertad de Expresión 2011.

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