Marcelo Zabalaga Estrada

El diferimiento y la trampa de los intereses

lunes, 13 de julio de 2020 · 00:09

 Una de las medidas aparentemente más beneficiosas de los poderes Ejecutivo y Legislativo, al comienzo de la pandemia y de las sucesivas cuarentenas, fue aprobar y promulgar el 1 de abril pasado una ley (No. 1294) de diferimiento de pagos de créditos y reducción temporal del pago de servicios básicos.

En el primer artículo se señala que las entidades de intermediación financieras deberán realizar el diferimiento automático del pago de las amortizaciones de crédito a capital e intereses, y otro tipo de gravámenes del sistema crediticio nacional, por el tiempo que dure la declaratoria de emergencia por la pandemia del coronavirus (Covid-19), otorgando un lapso máximo de hasta seis (6) meses posteriores al levantamiento de la declaración de emergencia.

Sin embargo, el DS 4206, de la misma fecha, introdujo dos elementos que provocaron ruido por meses: el primero fue mencionar que las cuotas a ser diferidas serían las de marzo, abril y mayo de este año, como si la declaratoria de emergencia fuera a durar sólo hasta al 30 de mayo pasado, lo que no ha sucedido; el segundo, dar seis meses, a partir del 30 de mayo (o sea hasta fines de noviembre), para que los prestatarios convengan con sus entidades financieras los términos para el pago de las cuotas diferidas, aspecto que se está considerando desplazar hasta fines de diciembre.

 Esto querría decir, aparentemente, que desde este mes de julio se deberían pagar las cuotas no diferidas y hasta fin de año los prestatarios convendrían con sus entidades, cómo y cuando pagarán las cuotas diferidas de marzo, abril y mayo.

En fin, a pesar del trabalenguas financiero a que han dado lugar estas normas y las de la propia ASFI, lo que no se ha explicado públicamente es que el diferimiento es una trampa financiera para los prestatarios. 

¿En qué consiste la trampa?

Sencillamente por el hecho de que el diferimiento no suspende ni congela el tiempo, es decir, que los intereses del principal (del saldo de la deuda) siguen corriendo y esto provoca que la deuda original, a la fecha de prórroga sigue debitando intereses a favor de las entidades financieras. 

Esto provocará que las tres cuotas diferidas podrían generar tantos intereses, luego de los nueve meses de diferimiento (tres cuotas diferidas más seis meses de negociación entre partes) que el deudor acabaría pagando varias cuotas que irán a cubrir sólo los intereses, quedando el prestatario más endeudado que al comienzo. ¿Por qué no se quiere explicar abiertamente a los deudores esta situación?

Y lo peor es que luego de la pandemia o sus medidas de cuarentena, nadie garantiza que todos los deudores estaremos igual o mejor que el mes de marzo. Seguramente estaremos peor por la paralización de la economía, además que muchos habremos perdido el empleo, el ingreso o cerrado nuestros negocios. Fruto de esta situación, las entidades financieras están aumentando sus previsiones contra incobrables y todos nosotros estamos muy temerosos por lo que pueda pasar al momento de “negociar” con las entidades financieras (bancos, cooperativas, entidades de vivienda y otros), pudiendo darse el caso de que, incluso, los deudores, hasta ahora mal informados, generen reacciones legítimas en contra del Gobierno y las entidades financieras, incluyendo ASFI.

¿Había otra salida?

Más de una, claro, pero sólo mencionaremos una de ellas, la más eficiente: ésta podía haber consistido en congelar los intereses de las cuotas a ser diferidas (marzo, abril y mayo), de manera que cada cuota no pagada no genere más intereses, aceptando una contabilidad transitoria como si esas cuotas hubieran sido pagadas para no incrementar con intereses las siguientes cuotas a ser pagadas.

Es evidente que esta decisión pudo ser tomada considerando la situación de los sectores y la población más afectada, entre los que se cuenta a los desocupados o despedidos y sectores no habilitados en la reactivación y otros.

El costo de esta decisión puede ser pagado a través de las facilidades que se han ido otorgando al sistema financiero (programas de soporte a la liquidez del sistema entre otros), como ser la recompra de títulos de las AFPs para que esa liquidez se reoriente al sistema financiero, o con parte de los recursos del Programa de Reactivación y, por último, con la liberación de parte del encaje legal de 4.000 millones de bolivianos, que se prevé de parte del Banco Central de Bolivia.

Seguir ignorando esta situación es tan peligroso como la estrategia del avestruz, que oculta la cabeza en un agujero cuando se avecina el peligro.

Marcelo Zabalaga Estrada fue presidente del Banco Central de Bolivia.

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

El coronavirus ha causado la peor crisis económica que me ha tocado vivir en casi 40 años de experiencia profesional y algunos expertos anticipan que la recuperación podría tomar un par de años.

La dramática caída de nuestros ingresos ha puesto en riesgo la estabilidad financiera de Página Siete.

Para salir de la crisis necesitamos reinventarnos hacia contenidos digitales y un paso en esa dirección es nuestra nueva aplicación PaginaSietePro, que está disponible en Apple Store y Google Play.

La aplicación contiene información en tiempo real, la versión completa del periódico impreso y próximamente, información y servicios exclusivos que no estarán disponibles en otras plataformas.

Tu suscripción a la aplicación nos permitirá seguir ejerciendo un periodismo de calidad, con la información completa y el análisis y contexto que nos caracteriza.

Medios de comunicación independientes y valientes son imprescindibles para la vida en libertad y democracia. Página Siete lo demostró en varios momentos difíciles que nos tocó vivir durante los últimos años.

Muchas gracias por tu apoyo.

Para suscribirte, descarga la aplicación de Apple Store o Google Play haciendo clic en uno de los siguientes botones:

Apple Store

Google Play

Preguntas Frecuentes


   

21
6

Otras Noticias