Sergio Medinaceli Soza

“Del buen salvaje al buen revolucionario”

martes, 14 de julio de 2020 · 00:10

El artículo está motivado por el mito descrito por Carlos Rangel difundido el pasado siglo, justificando algunas actitudes contemporáneas para dar fuerza a las posiciones pseudomarxistas, como el de aseverar que “los latinoamericanos serían personas buenas pero corrompidas por la sociedad occidental”; afirmando que las culturas occidentales han destruido los valores latinoamericanos y que habrá que liberarse por medio de revoluciones que alejen a América Latina de Occidente.

“Esta mitología sería el resultado de un proceso compensatorio ante el fracaso histórico de las naciones hispanoamericanas frente al progreso de la europea y la norteamericana”. Está claro que no se puede negar las vejaciones históricas a los pueblos hispanoamericanos, pero también está claro que no ha sido nada productivo culpar y victimizarse con predicas nacionalistas que traslada toda culpa del subdesarrollo a otras naciones y en algunos casos proclaman un indigenismo como si fuera una identidad única perfecta en Latinoamérica.

“Esta errada visión de los latinoamericanos catalogándose como víctimas del mundo desarrollado y de las clases pudientes locales, ha forjado un personaje tipo –el buen revolucionario– que promueve el populismo, el proteccionismo, el caudillismo, el autoritarismo y el pachamamismo como solución para la región en “venganza” por los males recibidos por los occidentales, personaje al cual se le debe disculpar sus exabruptos en nombre de su buena causa. La revolución, el populismo y la idolatría del Estado del buen revolucionario latinoamericano no son más que la continuación de los males que ya existían en las sociedades precolombinas, la colonia y las repúblicas, por ende, ese camino no corrige, sino que agravaba esa herencia”.

Mito que pretendió ser aplicado como una guía práctica para el desarrollo de actividades políticas, diseñando inicialmente una estrategia de guerrilla impulsada por corrientes comunistas que, como producto de la revolución cubana, trataron de imponer modelos revolucionarios, fracasando rotundamente. Sin embargo, en una segunda etapa esta intención de volver el mito en una estrategia política desarrolló la tesis del socialismo del siglo XXI, dejando de lado el cambio de sistema a través de las armas. Aplicando el valor democrático de las sociedades latinoamericanas en beneficio de la utopía del buen revolucionario concluyen con el sistema del voto popular, encaramando a líderes carismáticos que, con el manejo de un discurso populista, crean el falso enemigo, “el imperialismo americano”, aprovechan el desarrollo asiático para vender más los recursos naturales y exacerban el indigenismo.

 Este modelo, al amparo del Foro de Sao Paulo, como corriente ideológica que combate al neoliberalismo, tratando de reemplazar la incidencia que tuvo la antigua URSS, se impuso en varios países aplicando el caudillismo, el populismo con tendencias al partido único, dejando de lado la pluralidad y la alternancia política, reescribiendo constituciones con clara tendencia a la hegemonía del poder absoluto, violando el Estado de Derecho.

Evo Morales pretendió ser el actor principal de este mito ensalzado por algunos países europeos como España, que le dio su apoyo por un alto cargo de consciencia por los horrores de la Colonia; Evo no logró volver el mito en realidad y transformarse en el buen revolucionario, aunque parece haber cumplido los requisitos de caudillista y populista, pero no pudo mantener el mito del buen latinoamericano con altos valores como mencionaba que los indígenas eran la reserva moral del Abya Yala; sin embargo, inundó su larga trayectoria gubernamental con casos de enriquecimiento ilícito, peculado y corrupción; delitos que acompañados de la manipulación de la CPE a través de sus instituciones, como hizo con el referendo de 2016, y terminó su fracasada gestión huyendo del país luego del fraude de 2019.

El mito sigue siendo el mito. 


Sergio Medinaceli Soza es periodista.

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