Ricardo Paz

Eugenio

sábado, 18 de julio de 2020 · 00:09

Monseñor Eugenio Scarpellini nació en Verdellino, Bérgamo, Italia, el 8 de enero de 1954. Concluida la escuela, estudió filosofía y teologíaentre 1972 y 1978, en el Seminario “Papa Giovanni XXIII” de Bérgamo.Fue ordenado sacerdote el 17 de junio de 1978. Desde ese momento hasta 1982 fue vicario parroquial en Boltiere, siempre en Bérgamo, Italia. Desde 1982 se trasladó a Nembro, donde fue vicario parroquial hasta 1987. Ese año se trasladó a Verona para tomar un curso de formación misionera en el Centro Unitario Misionero.

El 11 de enero de 1988 llegó a Bolivia como sacerdote misionero. Desde entonces hasta 1993 fue párroco en “Nuestra Señora de Copacabana” de la Arquidiócesis de La Paz. En 1994 se trasladó al populoso barrio de El Tejar donde se hizo cargo de la parroquia “El Salvador”. Al mismo tiempo, y desde 1993 fue ecónomo del Seminario Mayor “San Jerónimo”. En 1995 fue nombrado ecónomo general de la Arquidiócesis de La Paz, cargo que desempeñó hasta el año 2000.

A partir del año 2000, por siete años, fue Director General del Colegio “MarienGarten”y desde entonces fue presidente de dos centros de rehabilitación para niños y adultos. En el año 2004 fue nombrado Director Nacional de las Pontificias Obras Misionales y del año 2007 al 2010 fue Coordinador de las Pontificias Obras Misionales en toda América. En aquel mismo año fue elegido Secretario General Adjunto de la Conferencia Episcopal Bolivia.

El 15 de julio de 2010 el Papa Benedicto XVI lo nombró obispo auxiliar de El Alto y en noviembre del 2012, en el curso de la XCIV Asamblea de los Obispos, fue nombrado Secretario General de la Conferencia Episcopal Boliviana. El 26 de junio de 2013, el Papa Francisco lo nombró Obispo de la Diócesis de El Alto. Fue Secretario General de la CEB hasta 2015.

Eugenio Scarpellini tenía la mirada clara y una sonrisa constante, que sólo lo abandonaba cuando protestaba contra la injusticia y la violencia. Era un excelente conversador, ameno, culto y de una calidez humana singular. Su amor por Bolivia, y en particular por la ciudad de El Alto, se expresaba a borbotones y encontraba la manera de colarse en cualquier plática. Su sencillez y modestia, permitían lograr con él, una cercanía e intimidad inmediatas.

Acucioso y versado conocedor de nuestra realidad, razonaba de manera inteligente y precisa acerca de nuestros problemas. Lo atormentaba la pobreza y las carencias a las que estamos sometidos secularmente, pero aquello, lejos de desanimarlo, le imbuían de una energía y un entusiasmo extraordinarios a la hora de encarar los múltiples proyectos que lo ocuparon hasta el último día de su vida. Eugenio era un “hacedor”, es decir una persona que no podía quedarse en la teoría o en el simple testimonio. Sus vecinos y feligreses alteños son testigos de su inmensa fe, su capacidad de trabajo y de su inquebrantable compromiso con los que menos tienen.

Pero si alguna pasión sobresalía en Eugenio, por sobre todas sus múltiples ocupaciones, era su innegociable apuesta por la democracia y la convivencia pacífica entre bolivianos. Para él y para los sacerdotes de la Conferencia Episcopal Boliviana con los que trabajaba, no había horarios, comidas, descansos, ni nada que importara, a la hora de buscar la pacificación y evitar la violencia fratricida entre hermanos.

Durante las tensas y dramáticas jornadas de octubre y noviembre de 2019, cuando parecía que todos perderíamos la batalla por la paz, brilló EugenioScarpellini en interminables gestiones con las partes en conflicto, que al final, permitieron salvar la vida y la seguridad de miles de compatriotas. No fue un trabajo en solitario, ya que además de los mencionados sacerdotes, tuvimos la suerte de contar con personalidades valientes y luminosas de la comunidad internacional y de nuestra propia sociedad civil y política.

Esa historia está aún por escribirse, pero sin duda que en ella la presencia de Scarpellini es brillante y gigante. Bolivia le debe muchísimo a este misionero de Cristo y valgan estas líneas apresuradas de despedida para decirle cuanto lo estimamos y cuánta falta nos hará de aquí en adelante. Gracias querido Eugenio, que Dios te reciba en el cielo que tanto hiciste por merecer.

  
Ricardo Paz es sociólogo.

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