Carlos Juan Antonio Toro Torres

La vejez fuente de salud

jueves, 2 de julio de 2020 · 00:08

No se hicieron esperar las propuestas del grupo de amigos de mi colegio cuando les pedí que me dieran ideas sobre qué escribir en esta columna de opinión. Variadas han sido, pero todas con un común denominador, la amistad como fuente de salud. Caigo en cuenta, esta columna saldrá publicada el día en que cumplimos 51 años del grado escolar, Helvetia 69. Quedan atrás todas las experiencias vividas en nuestra niñez e infancia y que marcaron tanto nuestra vida. Por diversas circunstancias y especialmente por un compañero muy especial, el grupo se ha mantenido unido a través de todos estos años, cosa que no es frecuente. 

Hace pocos meses se creó un chat y poco a poco fueron llegando “los niños y niñas” de aquella época y lo digo no sólo como forma cariñosa de llamarnos, sino porque el chat nos ha hecho volver a vivir en la niñez, rescatar esa espontaneidad, esa ternura, esa alegría que no necesita una razón específica para manifestarse, para compartir. El chat nos ha permitido no sólo recordar lo vivido en común, sino también irnos conociendo en lo que ha sido el devenir de la vida e incluso los proyectos para el futuro, como decíamos en el ¿por qué no irnos a vivir a una casa de un euro en Italia? donde hay pueblos que las venden a ese precio.

La salud que hemos creado todos en conjunto ha sido inenarrable. Cada día nos levantamos con la ilusión -que se cumple- de ver los diálogos entre compañeros. Hayamos sido o no cercanos en esa época, pero que en este momento logramos abrir el corazón de par en par con ese amigo en la distancia.

Las canciones no dejan de estar presentes a diario. Muy variadas, como variados somos. La canción, el canto, la música, el arte, son un remedio especial para espíritu, mente y cuerpo. Un compañero dice que en los momentos en que el dolor físico lo atenaza, el ver nuevamente el chat lo mejora del dolor y las emociones se aquietan. Salud.

Las fotografías de amaneceres, atardeceres, flores, animales, paisajes, que nos rodean, algunos muy cercanos al campo, otros dentro de la ciudad de concreto donde no faltan las manifestaciones de la naturaleza, permiten que nos hagamos una idea de la belleza que rodea a cada uno de nosotros, esté donde esté y esta belleza es también fuente de salud, sin duda alguna.

Con todo respeto por los psicólogos y psiquiatras que hacen listas de cómo mantener la salud, no hay nada que la supere como la comunicación entre amigos, comunicación que permite o un diálogo muy activo o un silencio largo, muy largo y que al final se sabe fue productivo. La comunicación no son sólo palabras, también está compuesta de silencios, de soledad, de recogimiento, todo lo cual lleva a un mejor estar en la vida.

Saberse útil, ver cómo cada cual dedica tiempo a su trabajo y al ocio, ha sido benéfico, La sincronía que se creó en la infancia durante las tareas escolares, regresa en los más diversos campos en que nos desenvolvemos. Nos apoyamos en la distancia simplemente con el ánimo que se le da a cada cual con el respeto de sus tiempos, con la comprensión de sus  afugias y de sus logros.

El chat incluye desde discusiones filosóficas profundas hasta lo que se pudiera considerar lo más light (que no lo creo que sea así) como saber quién es cocinero, quién no pasa trabajos alimentándose y quién si. Quién produce deliciosos manjares, que nos estimula a emularlo. 

Llegan momentos en que se plantea el tema final, la muerte, y claro allí no me puedo quedar callado porque es uno de los temas más entrañables para mí, con los que más gozo con los que más paz estoy. Conversar sobre este tema es salud. Los miedos se exorcizan. 

Cada cual tenemos nuestros propios achaques, algunos se saben, otros no, pero más allá de ello la salud, el bienestar nos acompaña siempre, siempre, y tal vez lo más interesante los proyectos de vida no se acaban, continúan presentes en cada uno de nosotros. Sí, nuestros padres y el colegio dejaron una bella impronta en este grupo y no sólo estoy alabando por alabar, sino porque es una realidad vivida y que podemos transmitir como esperanza a las futuras generaciones. La vejez es fuente de salud.

Carlos Juan Antonio Toro Torres es médico.

Medicina del alma.

cjatoro@hotmail.com

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