Ivan Camarlinghi

¿MAS de lo mismo?

lunes, 20 de julio de 2020 · 00:08

En estos tiempos en que tanto se habla de crisis e inclusiones sociales, políticas y económicas también habría que discutir o debatir de exclusiones porque en estas circunstancias todos los sectores se pronuncian para tratar de encontrar mayorías, donde a veces no las hay, y gobiernos de minorías, aunque nadie quiera reconocer esa condición política, mucho menos si se ha gobernado contra la voluntad popular durante varios años.

La democracia es una de las formas políticas más antiguas y menos erróneas de la humanidad. Fueron los griegos los que establecieron la democracia, en la que el poder está en el pueblo o es el gobierno de la mayoría. Como dijo el Presidente Abraham Lincoln, la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

En nuestros tiempos, democracia también significa alternabilidad en el poder, es decir que no puede haber democracia donde una sola persona, grupo o partido quiera eternizarse en el poder como ha ocurrido en varios países de América Latina bajo argumentos de presuntos “derechos humanos” de los candidatos que creen que “su” derecho está por encima del derecho de todos los ciudadanos (millones) para elegir nuevos gobernantes.

En los casi 38 años en que los bolivianos hemos vivido en un sistema democrático con elecciones cada cuatro o cinco años y la formación legal de los otros poderes del Estado, debemos diferenciar dos periodos, el primero: el de la “democracia pactada” desde 1982 hasta 2006 (24 años) y el segundo, desde enero de 2006 hasta el 10 de noviembre de 2019 (casi 14 años), que podríamos denominar “democracia autoritaria”, autocracia o dictadura, a secas.

En la actualidad, vivimos un periodo de transición que se ha extendido con toda razón por la pandemia que ha paralizado al mundo entero, y de una manera surrealista nos enfrentamos con la incertidumbre de si volveremos a un gobierno empeñado en desconocer el sentimiento de la mayoría (21F y fraude del 20 de octubre) o, si por el contrario, surge un nuevo tipo de gobierno apoyado por una mayoría nacional-electoral y cuya administración debe corregir los gravísimos errores, corrupción e innumerables ilícitos cometidos por el anterior gobierno. Podría ser el inicio de un tercer periodo en democracia: el de una democracia más participativa en que fueran tomados en cuenta todos los actores de la sociedad civil (incluyendo plataformas y movimientos ciudadanos).

El MAS ha sido y es un partido con una mentalidad (no me animo a llamarla ideología) totalitarista y excluyente que cree que solamente ellos tienen derecho a gobernar el país porque están iluminados y que considera que la oposición no puede hacerlo porque es “derechista”, “imperialista” o “neoliberal”, una cantaleta que de tanto ser usada, ya no convence a nadie, ni siquiera a ellos mismos.

Después de los electrizantes 21 días que acabaron pacíficamente con la gestión pasada, hay voces que exigen que el Tribunal Electoral retire la personería jurídica del MAS por ser autor del fraude del 20 de octubre y ahora por el presunto delito electoral que cometió su candidato al difundir una encuesta interna. Si nos atenemos a las reglas electorales, quien comete graves irregularidades en la contienda electoral corre el riesgo de perder su personería jurídica, lo que evidentemente ocurrió en las anteriores elecciones y ocurre ahora también con la entrevista de ERBOL a Luis Arce Catacora.

Lamentablemente la sociedad boliviana se ha acostumbrado a vivir con la soga al cuello por el accionar de cocaleros y el MAS desde los años 90 pero sobre todo desde principios de los 2000. Vivimos en una sociedad “secuestrada” por un grupo de no más de 30,000 personas que se creen con el derecho a paralizar el país en cualquier momento con bloqueo de caminos y amenazas de huelgas indefinidas, marchas violentas, dinamita, bombas caza bobos y otras que socavaron la estabilidad de varios gobiernos e incluso derribaron alguno.

Desde que el MAS llego al gobierno en enero de 2006, Evo Morales se empeñó en destruir a toda la oposición, objetivo que casi fue conseguido con el caso del Hotel Las Américas y las arbitrariedades del consejo electoral servil al MAS para anular candidatos y siglas. El MAS se hizo conocer como partido intolerante, excluyente, arbitrario y dictatorial, es decir se convirtió en lo mismo que tanto había combatido y estigmatizado.

La democracia boliviana ha sido demasiada indulgente y tolerante con quienes más daño le hicieron. La perspectiva que puedan volver al gobierno es más que preocupante, principalmente pensando en la actitud altanera y prepotente con que se manejan ahora y que hace ver que no aprendieron la lección de una protesta nacional y cívica que los repudió y los llevó a renunciar y huir del país. No se conoce ninguna propuesta nueva del aspirante a heredero político del Sr. Morales por lo que la sociedad boliviana debe estar preparada ante la posibilidad real de tener otra vez MAS de lo mismo.

Ivan Camarlinghi es diplomático y periodista.

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