Jimena Costa

Sucesión no transición

domingo, 26 de julio de 2020 · 00:10

Todos los días escucho referirse al gobierno de los Demócratas como el gobierno de “transición” y no lo es. Dista mucho de serlo. Es solamente un gobierno de sucesión constitucional. Me voy a explicar.

Se puede explicar fácilmente por qué es un gobierno de sucesión, todo el mundo lo sabe: porque el caudillo postuló de manera ilegítima, no ganó, hizo fraude, le pescamos, renunció, pidió refugio y se fue a México -por más de 10 días y sin autorización de la Asamblea Legislativa-. También renunciaron la presidenta y el primer vicepresidente del Senado-, de modo que asumió el cargo la segunda vicepresidenta del Senado, quien ante la renuncia de los dos anteriores, por reglamento, automáticamente  asumió la presidencia del Senado y por tanto, la Presidencia del Estado. Listo. Es sucesión y, aunque les arda, es legal y es por ausencia no por renuncia. Queda establecido que es un gobierno de sucesión. Voy a argumentar por qué no es un gobierno de transición.

Veamos qué significa transición: viene del latín transitio, que es la acción y efecto de pasar de un estado a otro distinto. Transición significa básicamente cambiar de un estado a otro, de un modo de ser a otro; es un estado intermedio entre uno más antiguo y otro nuevo distinto.

Por tanto, para que exista una transición no bastaría un cambio de gobierno, tendría que haber un cambio en el gobierno, en la oposición, en el Legislativo, en el sistema de partidos y, sobre todo, en las prácticas tradicionales al interior del sistema político.

Es decir, para que estemos transitando a algo distinto de lo vigente, los políticos tendrían que actuar buscando realizar el interés común y no sus propios intereses; los parlamentarios deberían legislar pensando en el país y no en sus deseos de alcanzar o reproducir el poder; los medios de comunicación dirían lo que quieren y no habría autocensura por temor a perder la publicidad oficial; los dirigentes pensarían en sus sectores y no en la prebenda personal que pueden lograr; los candidatos que no quieren el retorno del MAS se pondrían de acuerdo; las facciones internas al MAS ya se habrían librado del caudillo que destruyó su “proceso de cambio”, su partido y su “instrumento”; los candidatos en las listas serían lo mejor de lo mejor; los Pititas no habrían sido traicionados; no habría igual corrupción, ni tráfico de influencias y otros vicios; tal vez podrían atenuarse las divisiones regionales, etc., etc., etc.

Tan así no es un gobierno de transición, que, aunque la Presidente es mujer, sus voceros llunkus hacen un gran esfuerzo cotidiano para convencernos de que ella tiene muchos rasgos muy masculinos y puede ser “un caudillo”, a la vez que quieren hacernos creer que por “madre” nos ve a todos como a sus adoptaditos. Machismo puro y arcaico. Siempre dicen que ella “actúa con mucha firmeza”; resaltan que “no le tiembla la mano”; y claro, resaltan toooodo el tiempo su “valentía”. Es casi una walkiria para encajar en la imagen del caudillo-guerrero-redentor de la cultura política boliviana. Pero, a la vez, hemos visto muchas veces cómo le dicen en la oreja lo que pasa y vemos cómo ella disimula su molestia. No hay cambio de nada, ni tránsito hacia ninguna parte. Sigue siendo el mismo sistema, la misma cultura política, el mismo patrimonialismo, el mismo patriarcalismo, la misma corrupción. Cambian las caras, pero no las prácticas. Y de paso, en algunos lugares no cambian ni las caras. Miren la Asamblea Legislativa.

Tampoco vemos “equilibrio y separación de poderes”, ni algo parecido. Miren al triste Tribunal Electoral que sigue con el cálculo político en cada decisión que toma. Apuesto que no van a inhabilitar ni a Luis Arce y apuesto a que el Tribunal Constitucional va a decir que el Articulo 136 de la Ley 026 es inconstitucional. Hasta podría apostar que a pesar de que nadie lo quiere en su partido, Luis Arce va a tener que seguir de candidato.

Candidatos que no los quieren; candidatos que no tienen partido; partidos que no tienen base; siglas de alquiler…

Lamentablemente, no veo la transición. No entiendo qué tiene que pasar para que los políticos se sacudan para salir de su ensueño y se den cuenta que no han entendido lo que ha pasado en el país. No han entendido que, si siguen así, todos van a terminar como el excaudillo autoritario: nadie lo quiere y cada vez son menos los que lo necesitan.

Ojalá, el próximo año, tengamos un gobierno de transición.

Jimena Costa es politóloga.

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

El coronavirus ha causado la peor crisis económica que me ha tocado vivir en casi 40 años de experiencia profesional y algunos expertos anticipan que la recuperación podría tomar un par de años.

La dramática caída de nuestros ingresos ha puesto en riesgo la estabilidad financiera de Página Siete.

Para salir de la crisis necesitamos reinventarnos hacia contenidos digitales y un paso en esa dirección es nuestra nueva aplicación PaginaSietePro, que está disponible en Apple Store y Google Play.

La aplicación contiene información en tiempo real, la versión completa del periódico impreso y próximamente, información y servicios exclusivos que no estarán disponibles en otras plataformas.

Tu suscripción a la aplicación nos permitirá seguir ejerciendo un periodismo de calidad, con la información completa y el análisis y contexto que nos caracteriza.

Medios de comunicación independientes y valientes son imprescindibles para la vida en libertad y democracia. Página Siete lo demostró en varios momentos difíciles que nos tocó vivir durante los últimos años.

Muchas gracias por tu apoyo.

Para suscribirte, descarga la aplicación de Apple Store o Google Play haciendo clic en uno de los siguientes botones:

Apple Store

Google Play

Preguntas Frecuentes


   

92
15

Otras Noticias