Esteban Morales y Karina Morales

Sí, don Rafo, vacunas contra la pandemia

martes, 28 de julio de 2020 · 00:10

Ha sido publicada, en la edición del 24 de julio pasado de Página Siete, una columna firmada por Rafael Puente, quien, ante el asombro de sus lectores, se suma al carro de los antivacunas, movimiento promovido por celebridades ricas del Norte, a quienes nunca les había tocado vivir la miseria que provoca una epidemia hasta la llegada de la Covid-19.

Lo que afirma la columna es demasiado peligroso como para no denunciarlo pública y abiertamente por atentar contra la salud pública y los avances de la medicina moderna, que han permitido extender nuestra esperanza de vida al doble de lo que era antes de su invención, y nuestra calidad de vida por un múltiplo todavía mucho mayor.

Las vacunas no son un tema individual, sino colectivo. No al menos en lo que a enfermedades contagiosas se refiere, como la viruela, el tétanos o la poliomielitis, porque es necesario generar una inmunidad grupal, término que ahora ya todos conocemos muy bien. Esto no es algo que se inventó por la pandemia: la inmunidad grupal se conoce desde que se conocen las vacunas. 

La diferencia, sin embargo, está en que la polio, el tétanos y las otras vacunas, que son obligatorias actualmente, son vacunas de larga vida; es decir, que se ponen en los primeros años y protegen contra la enfermedad toda la vida. En cambio, las vacunas contra los virus gripales, como los coronavirus, no son vacunas de larga vida, porque son virus que mutan; es decir, que cambian de forma cada año, y, por lo mismo, tienen la capacidad de proteger a la persona solamente el tiempo que dure la epidemia. Estas vacunas no suelen ponerse a toda la población, si no sólo a poblaciones de riesgo, tales como trabajadores de la salud y adultos mayores, y en ningún país estas vacunas son obligatorias para todos. 

En este último grupo entraría el SARS-Cov-2, que es una mutación de otros coronavirus, y es muy probable que la vacuna propuesta sea de vida corta y de inmunidad limitada, pero aún no lo sabemos con certeza.

Como fuere, el principio sigue siendo el mismo. Si suficientes personas son inmunes a una enfermedad, la cadena de contagio del virus que la provoca se romperá, pues el virus no encontrará nuevos organismos para contagiar. Hay dos formas de lograr esa inmunidad. Una es enfermarnos todos. Con la pandemia estamos viendo que esto no es solución y es profundamente inmoral. La otra es la vacunación.

Así se ha entendido esto durante décadas, hasta el infausto día de 1998, cuando se publicó en The Lancet el famoso artículo de Andrew Wakefield, que, con datos fraguados y repetidamente desmentidos por la comunidad científica, pretendió convencer al mundo de que las vacunas causaban autismo. Se ha repetido hasta el cansancio que el artículo fue retirado por The Lancet en su momento y Wakefield ha sido prohibido de practicar la medicina.

Quienes son responsables de difundir bulos acerca de las vacunas usan campañas de miedo, repitiendo como recitación nombres de productos químicos que suenan escalofriantes, pero que de hecho son inocuos, o están presentes en dosis demasiado pequeñas para hacer daño, o son productos cuyo uso en las vacunas ha sido descontinuado hace tiempo. En la lista de aditivos que Puente menciona sólo el mercurio y el aluminio están presentes en las vacunas actuales, porque ayudan a alargar el tiempo de vida de la vacuna, y se agregan en dosis mínimas, que están reguladas por las normas de seguridad sanitaria.

El peligro real está en meter miedo a quienes necesitan la vacuna, de tal manera que una cantidad suficiente de personas se rehúsen a ser vacunados e impida que se pueda crear la inmunidad grupal, necesaria para proteger a gente inocente. 

Es necesario reafirmar por ello que no existe prueba de la relación causal entre los aditivos de las vacunas y las enfermedades que se les imputa, que la mayor parte de estas vacunas tienen décadas de ser aplicadas, que su efectividad en la protección de la sociedad ha sido demostrada ampliamente  y que la vacunación es un acto colectivo y no individual, sin lo cual es inefectiva. 

Nos parece completamente antiético que Puente introduzca un nuevo tema de conflicto en un contexto por demás complicado. Afirmaciones como la de Puente ya han causado recientemente un rebrote de casos de sarampión, con más de 500 mil infectados en 2019, directamente atribuible a las presiones de los antivacunas. Semejante actitud es, a nuestro entender, criminal, y constituye delito contra la salud pública, previsto por el artículo 216 del Código Penal boliviano.

 

Esteban Morales Belpaire es experto en políticas públicas y Karina Morales Escoffier es doctora en salud pública.

 

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

El coronavirus ha causado la peor crisis económica que me ha tocado vivir en casi 40 años de experiencia profesional y algunos expertos anticipan que la recuperación podría tomar un par de años.

La dramática caída de nuestros ingresos ha puesto en riesgo la estabilidad financiera de Página Siete.

Para salir de la crisis necesitamos reinventarnos hacia contenidos digitales y un paso en esa dirección es nuestra nueva aplicación PaginaSietePro, que está disponible en Apple Store y Google Play.

La aplicación contiene información en tiempo real, la versión completa del periódico impreso y próximamente, información y servicios exclusivos que no estarán disponibles en otras plataformas.

Tu suscripción a la aplicación nos permitirá seguir ejerciendo un periodismo de calidad, con la información completa y el análisis y contexto que nos caracteriza.

Medios de comunicación independientes y valientes son imprescindibles para la vida en libertad y democracia. Página Siete lo demostró en varios momentos difíciles que nos tocó vivir durante los últimos años.

Muchas gracias por tu apoyo.

Para suscribirte, descarga la aplicación de Apple Store o Google Play haciendo clic en uno de los siguientes botones:

Apple Store

Google Play

Preguntas Frecuentes


   

234
662

Otras Noticias