Fernando Patiño Sarcinelli

Viendo a la pandemia de cerca

martes, 28 de julio de 2020 · 00:12

Hasta hace un mes, 22 de junio, veíamos desde la altura altiplánica cómo la Covid-19 avasallaba a los habitantes de la zonas tropicales, principalmente Santa Cruz y después el Beni. El departamento de La Paz, con una población casi ocho veces mayor, tenía menos de la mitad de casos reportados que en Beni.  Pensábamos que los rayos UV, más intensos en la altura, nos daban protección. Hace seis semanas se aflojó la cuarentena y los índices en La Paz y El Alto se han incrementado rápidamente. En cuatro semanas hemos ultrapasado al Beni, y nos acercamos a ver índices como en Santa Cruz.

En casi tres meses de práctica cotidiana no había visto un solo caso comprobado de Covid, ni siquiera sospechoso, a pesar de mi trabajo diario tanto en la consulta como en visitas a domicilio. El cuadro ha cambiado dramáticamente, acompaño a la distancia a varias familias de mis pacientes ya conocidos con casos comprobados. Hoy, La Paz avanza de manera acelerada en número de casos y día a día vemos romper récords de mortalidad, gente muerta en las calles y en domicilios a la espera de sepultura. Todo el sistema de salud, público y privado está colapsado.

Hace dos meses, en La Paz se contaban nuevos casos de entre 10 y 20. En las últimas dos semanas se cuentan centenas y nos aproximamos a casi mil al día. La curva causa escalofríos, agravada por el clima paceño, particularmente frío y seco este año. Se suman a estos números, los incontables casos de cuadros respiratorios, típicos de invierno que siempre han existido pero que ahora mucho se parecen al cuadro de Covid-19. La población sufre de pánico con características malignas. 

Faltan medicamentos de todo tipo, pero escasean más los medicamentos para tratamiento de la ansiedad, lo diazepínicos, que solo se venden con receta, pero ¿quién puede controlar el pánico de médicos y pacientes? Otros medicamentos para control de fiebre y del dolor, como los famosos paracetamol e ibuprofeno, también han desaparecido del mercado. Nadie se aguanta hasta esperar los síntomas, hace semanas todos se han apresurado a comprar medicamentos de todo tipo, algunos muy recomendables, pero también hay los truchos anunciados en propaganda de YouTube y FB (no vale la pena mencionar nombres). 

Para la industria es un buen motivo para festejar (tema para una próxima nota). Poco importa si tienen algún beneficio o pueden ser tóxicos, pero se hace muy fácil vender medicamentos. Muchos inescrupulosos saben que lo que vale es el nombre en la etiqueta. Los falsificadores también trabajan intensamente. Nada más fácil que falsificar remedios y vender con un nombre famoso con la etiqueta bonita. ¿Resultados? 

Está claro que no sirven, no se ha modificado el curso de la pandemia. No hay como disimular, los números crecen aceleradamente en Bolivia, en los países vecinos y hasta en EEUU donde supuestamente se conocen las novedades científicas de primera mano. La conclusión es muy sencilla: ninguno de estos medicamentos que se pueden tomar en casa (pastillas) con recetas caseras tiene ningún beneficio. Pero la propaganda funciona.

Confieso que a pesar de mi nivel de exposición trabajando todos los días (me es imposible seguir la regla de quédate en tu casa), no tengo la menor preocupación de estocar medicamentos, a pesar de que tengo fácil acceso a ellos. Sigo las reglas del barbijo, distancia social con los pacientes (nada de estrechar la mano) y alcohol en gel a cada movimiento. Lavarse las manos puede ser más sano, pero no siempre es posible. Me parece que hasta el momento todo funciona. 

Me queda la duda de cómo y dónde la presidente Jeanine y varios ministros se han infectado, es cómo tratar de saber dónde se ha pinchado la llanta en la carretera, o posiblemente no es tan complicado si supiéramos todas la actividades privadas de los políticos y famosos. Cada quien debe revisar sus prácticas y confesar sus penas. Quién sabe la población se pueda beneficiar de esas experiencias. 

Se confirma en La Paz que los casos que se complican porque ya tenían la salud debilitada. Números oficiales y de empresas privadas de seguro indican que casi 90% se cura en la casa, 10% son hospitalizados y nada más de dos a tres por ciento viene a fallecer a pesar de las mejores condiciones de atención. Los casos más graves son personas mayores, con obesidad, hipertensión, diabetes y otras condiciones. Ya no podemos confiar en los rayos UV, los niños la pasan bien dondequiera, los jóvenes sanos tienen un mal rato, pero finalmente se quedan en casa con la familia.

 

Fernando Patiño Sarcinelli es médico internista, oncólogo y fotógrafo.

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