Jorge Patiño Sarcinelli

Estridencia feminista y feminicidio

viernes, 31 de julio de 2020 · 00:11

En esta pandemia hay muchas víctimas encerradas con sus verdugos y se repiten las noticias de la violencia doméstica que estalla demasiadas veces con consecuencias fatales. Es un horror cotidiano que apenas podemos imaginar. 

Los feminicidios, hasta hace unos meses cuestión de urgencia nacional, han perdido protagonismo noticioso ante una desgracia estadísticamente mayor, la pandemia, y una urgencia política, las elecciones, pero no por eso duelen menos, noticia a noticia.

No hay persona sensata que no condene el feminicidio. Incluso el que mata a su mujer, se horrorizaría si asesinaran a su hermana, y quizá él mismo no hubiese creído que llegaría a matar a la madre de sus hijas hasta ver la sangre en sus manos. 

El feminicida de las noticias cotidianas no es el destripador patológico de las novelas negras. Las raíces de esa aberración están en distorsiones sicológicas y culturales tristemente corrientes; no en los extremos de la locura. 

Condenar el feminicidio no dice nada de la posición ideológica de alguien, y no requiere ni implica compartir los principios del feminismo. Basta tener sensibilidad. Pero el feminismo no solo condena el feminicidio sino que propone entenderlo de manera estructural, y de combatirlo a partir de esas lecturas, que no tienen por qué ser únicas. 

El feminismo tiene entre mucha gente una imagen de radicalismo en sus lecturas, agresividad en sus métodos y exclusividad en sus banderas. Estos aspectos, bien o mal entendidos, provocan rechazos y le han dado entre aquellos un mal nombre al movimiento. Como suele suceder, el ruido causa más noticia que las buenas reflexiones.

Sin embargo, no debemos descalificar a todo el movimiento feminista por la agresividad de una parte de sus miembras. Algo similar ocurre con los ecologistas, donde también hay grupos que usan métodos estridentes o agresivos. Pero aunque estén equivocados los métodos de lucha –si están- esto no desvirtúa los ideales que los motivan.

El feminismo es un movimiento amplio que incluye a grupos activistas y tendencias que tienen más de una manera de entender y plantear las reivindicaciones de las mujeres, y más de una de luchar por ellas. No es un bloque monolítico que puede ser juzgado a fardo cerrado tomando su versión más llamativa como blanco obvio.

Existe un pensamiento feminista inteligente y finamente elaborado que busca comprensiones y soluciones, y hay activistas que no comulgan con la agresividad de los grupos que hacen noticia pintando estatuas, desfilando con las tetas al aire o abogando por un mundo sin hombres, aunque quizá todas compartan algunas ideas fundamentales. 

Todo es relativo. Comparada con, digamos, Valerie Solanas, Angélica Liddell u otras que creen en lo radical y en la violencia y lo expresan con calidad literaria, nuestra radical Maria Galindo es una matona que se viste anacrónicamente de chica mala. Pero no hay que dejarse impresionar por la pinta ni perder de vista lo esencial. 

Sus razones tendrán las feministas más beligerantes para adoptar sus métodos de lucha, pero estas no representan a todo el movimiento, y quienes los adoptan han “secuestrado” (Sonia Montaño dixit) la visibilidad y las banderas del feminismo, celosas de ceder protagonismo en una lucha que consideran de propiedad exclusiva. 

Hay quienes no quieren ver la diferencia entre la agresividad llamativa y las propuestas serias –quizá complementarias- pero en ello interviene la parte moderada del movimiento, que no ha logrado evitar que el discurso beligerante se lleve una bandera que debe ser de todos. Los derechos de la mujer son un bien común, no solo una agenda de grupo. 

Lo paradójico de esta confusión de lecturas es que las feministas estridentes que ahuyentan apoyos y alianzas, las feministas “sensatas” que han cedido el liderazgo del discurso y los mal informados que creen que todos los feminismos son uno solo hacen que como sociedad no luchemos contra el feminicidio de manera concertada, aunque a todos nos horrorice por igual.

 
Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

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