Sonia Montaño Virreira

O son universales o no son derechos humanos

domingo, 5 de julio de 2020 · 00:11

Llevo varios días tratando de identificar el tema de esta columna. No me sale espuma siquiera. Quería celebrar la admisión - por la CIDH- de la petición presentada por 64 comunidades indígenas que denunciaron al Estado por la violación de sus derechos en el caso del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), cuando en septiembre de 2011 se intervino una marcha que exigía no tocar sus territorios. Una buena noticia, me dije, luego de todos los sinsabores que nos hizo pasar la Comisión mirando a un costado las innumerable violaciones del gobierno del fugado.

Por asociación, pensé que Sacha Lorenti y sus pares debieran volver a rendir cuentas y no, como pretende Arce Catacora, para asegurar su impunidad. Nueva asociación, ese candidato que no tiene sangre en la cara es un peligro cuando critica al plan de gobierno de un retorno al neoliberalismo que ellos nunca abandonaron, o cuando dice que construyeron un hospital en Camiri, que nunca se terminó. En ese momento pienso, de manera equivocadamente chauvinista, que los bolivianos no llegaremos tan lejos como los argentinos eligiendo a una impostora con 10 juicios sobre las espaldas; pero me acuerdo que Banzer fue elegido cuando algunos cruzaron ríos de sangre y hoy aparecen con la cara lavada, luciendo los beneficios cosechados en las dictaduras, incluidos los que pactaron con Morales.

Vuelvo a la idea inicial: la demanda de los indígenas, además de evocar el momento histórico en que el régimen perdió la legitimidad, abre la posibilidad de recuperar la esperanza si es que entendemos lo que está en juego: el derecho a tener derechos humanos universales.

Los vejámenes sufridos por la población indígena por parte de un gobierno que se autoproclamó como su representante fueron los mismos que los sufridos por los discapacitados, a quienes Arce les negó un bono, o la impunidad ante los feminicidios, para no mencionar la corrupción y la judicialización de la política que afectó a muchas personas que aún esperan justicia.

Empiezo a entender la importancia de la petición - aunque aún le falta recorrer un largo trecho- pues pienso que los pueblos indígenas podrían lograr la justicia que no conseguimos en el caso de Marcelo Quiroga Santa Cruz y Carlos Flores Bedregal, porque una Comisión de la Verdad creada para investigar los crímenes de las dictaduras y formada por amigos de Morales no ha buscado ni la verdad, ni la justicia y se ha ido a su casa sin que se desclasifiquen los documentos de las Fuerzas Armadas. Recuerdo con indignación que Morales, como recordó un familiar de Quiroga Santa Cruz, no sólo condecoró a las Fuerzas Armadas con el mérito democrático, sino que también declaró que los militares no tenían dichos archivos clasificados, en clara intromisión la justicia y complicidad con los reponsables.

Pero lo “más peor” ha sido el silencio de una buena parte de la sociedad ante el caso Hotel las Américas. Cuando en 2018 la CIDH admitió una denuncia en contra de Bolivia por supuesta violación de los derechos humanos en el montaje del “caso terrorismo” y, el entonces Ministro de Gobierno hoy detenido en casa, Carlos Romero, afirmó que Evo salvó la unidad de la patria y él mismo escribió "Si la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) admite la demanda del caso hotel Las Américas, entonces, la CIDH es defensora del terrorismo y del separatismo que quiso dividir la Patria y enfrentar a hermanos bolivianos en 2009".

El montaje y el juicio duraron 11 años, tiempo en el cual los imputados ratificaron su inocencia ante las acusaciones de  terrorismo y sedición. Sólo cuando la Presidenta Añez retira los cargos, el 4 de febrero, el caso se cerró y se absolvió a todos. Lo que no se ha cerrado es la extendida convicción de que los derechos humanos sólo deben reconocerse a quienes piensan como una. Aunque es precisamente lo contrario. Para muchos izquierdistas defender a las víctimas del Hotel las Américas era inaceptable por considerarlos de derecha y para otros tantos derechosos, la izquierda no merece ser reconocida ni defendida.

El día que reconozcamos la universalidad de los derechos saldremos todos a celebrar la admisión de la demanda de los indígenas y más aún cuando la justicia forme parte de las instituciones y la cultura.

Sonia Montaño Virreira es socióloga y feminista

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