Pablo Mendieta Paz

De Gaulle y Macron

lunes, 6 de julio de 2020 · 00:08

“Ciertos recuerdos son como amigos comunes, saben hacer reconciliaciones”, máxima del escritor francés Marcel Proust que se aviene al célebre llamado de hace ochenta años del general De Gaulle al pueblo francés, con el discurso pronunciado el pasado 14 de junio a toda Francia por el actual presidente Emmanuel Macron. Si bien tanto una y otra invocación se manifestaron en escenarios marcadamente distintos, existe un vestigio asociativo entre ambas, aun cuando los desenlaces fueron desiguales.

El 18 de junio de 1940, en los estudios de la BBC de Londres, un general francés casi desconocido difundió un llamado a la resistencia en un encendido discurso dirigido a la población francesa. Se dice que muy poca gente comprendió el significado de dicho discurso, a tal punto que su registro se perdió en los archivos. Cuatro días más tarde, el 22 de junio, aquel que sería denominado como “el hombre del 18 de junio”, no otro que el general Charles de Gaulle, regresó a la BBC a repetir su alocución tras la invasión sufrida por la Alemania nazi; y supuso, igualmente, “una reacción a la petición de armisticio por parte del mariscal Pétain, el 17 de junio de 1940”.

En su discurso, ya recogido por el pueblo francés, el general De Gaulle echó en cara a un envilecido Pétain que ese armisticio no sería solamente una capitulación; sería también una servidumbre por tres razones que siempre habían dignificado al hombre y mujer franceses: el honor, el buen sentido y el interés superior de la patria. Y en ese momento ultrajante para la nación, hablaba de honor, porque mientras los aliados continuaban en guerra, Francia no tenía derecho de rendirse al enemigo; y hablaba de buen sentido pues no podía ser absurdo mayor que considerar la lucha como perdida; y por último se refería al interés superior de la patria, aduciendo que si finalmente se imponía ese humillante dominio nazi, ¿cuál sería el destino de Francia sometida al yugo del enemigo?

De Gaulle, tras aquel enérgico y vibrante llamado a la Francia atrapada en la telaraña nazi, intuía en su fuero interno, ese fuero interno que se abría a la con,ciencia como un don visionario, ejerció en hombres y mujeres franceses un juicio que los uniformó en un solo y elevado designio: la libertad; a la vez que, sin duda alguna, desde ese momento capital en los estudios de la BBC preludiaría, con subliminal acento retórico, la derrota del nazismo tarde o temprano. Un histórico “coup de force”; toda una lección de estrategia y esperanza del ilustre estadista, que en este 2020 marca para su figura un año singularmente conmemorativo: se celebra el 130º aniversario de su nacimiento, cincuenta años de su deceso y ochenta años del Llamado del 18 de junio.

Ya para el cuarto discurso de prórroga de la cuarentena en Francia, un abatido  presidente, Emmanuel Macron reconoció, una vez más, que la nación no había estado preparada para combatir el efecto devastador de una pandemia, cuya ofensiva, traducida en un número considerable de fallecidos y de una escalada brutal de casos infecciosos, amén de una crítica presión sobre los hospitales (una moderna y triste puesta en escena de La peste, de Camus), trazó para la sociedad francesa un rumbo y horizonte hasta entonces insospechados. Pero en un soplo de gallardía, encarnado quizá -aun sin ser gaullista-, por la impronta de estadista de De Gaulle (así como uno y otro presidentes posteriores a éste –políticos de todo ideario que simulada o abiertamente lo emularían en muchas de sus acciones-), Macron dio la perspectiva de que, en paralelo a la prosecución del aislamiento social, se garantizaría la recuperación integral del sistema público de salud. Un potente compromiso fácilmente erosionable o, en rigor, un compromiso susceptible de consumar fatalmente su desprestigio como estadista. Pero era preciso, si no trascendental, correr el riesgo, más aún por la inminente segunda vuelta de las elecciones municipales que se avecinaban. 

En la crucial Carta a los franceses del 14 de junio pasado, el presidente Macron anunció que ante el evidente y extraordinario debilitamiento del Covid-19 en el territorio se disponía la reapertura casi total de la vida cotidiana francesa, pero que, como primera prioridad, se imponía la reconstrucción de una economía fuerte, ecológica, soberana y solidaria; y que el punto de partida de esa restauración se vería fundamentalmente en el ámbito político, al flujo de la marea ideológica y desenlace de la segunda vuelta de las elecciones municipales del 28 de junio.

Con todo, sin duda que se trató de un mensaje que aliviaba a los franceses, pero por más que el presidente Macron hubiere acometido con ímpetu y notorio acierto la batalla contra el virus, el temperamento fuerte del hombre y mujer franceses no permitía presagiar una postura electoral de resultados favorables al partido de gobierno, máxime si a esas alturas, con el decorado de tantos meses en desastre, obviamente que la suerte ya estaba echada.

El creciente malestar por los yerros, precariedad e ineptitud del gobierno frente a la enfermedad epidémica, fue concluyente para que, en efecto, el partido de Los Verdes lograra hacerse con el control de ciudades importantes, así como la izquierdista Francia Insumisa se impusiera en otras ciudades clave; e inclusive la ultraderecha (Marine Le Pen y Louis Aliot) obtuviese resonantes triunfos. Si la ventaja de los ecologistas fue lo sobresaliente, aunque previsible, cabe poner el acento, por un lado, en que la reelección como alcaldesa de París de la franco-española socialista Anne Hidalgo (Ana María Hidalgo Aleu) marca un hito histórico en la política francesa; y, por otro, que el batacazo al partido “macronista” deja maltrecho al actual mandatario en su aspiración a ser reelecto en las presidenciales del año 2022.

Pablo Mendieta Paz es ciudadano boliviano.

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