Iván Finot

Dejemos de ser dependientes de los recursos del subsuelo

miércoles, 8 de julio de 2020 · 00:10

Fernando Calderón sostiene, y con mucha razón, que “si Potosí no hubiera existido, el mundo sería diferente” (Página Siete 2020/6/19). Y nosotros también seríamos diferentes. Como bien concluye H.C.F. Mansilla, Potosí nos ha marcado tanto que estamos convencidos de que la única riqueza, y que siempre trataron de arrebatarnos, es la que hay en nuestro subsuelo.

Pero estamos completamente equivocados: la única verdadera riqueza es la inteligencia, de la que estamos dotados todos los humanos. Y la única forma de progresar sostenidamente es que cada boliviana y cada boliviano pueda desarrollar al máximo esa capacidad. Así lo demuestra la historia del desarrollo económico y social a partir de la revolución industrial iniciada en algunos rincones de Europa.

En algunos rincones de Europa, y no precisamente en España, que era la nación que explotaba y aprovechaba directamente las riquezas de Potosí. Pero no por haberse aprovechado del mineral de la plata, y de las vidas de los nativos que la extraían, llegó a ser una sociedad desarrollada antes que los demás. Al contrario, en 1950 el PIB de España sólo era un 29% superior al de Bolivia, pero el de Holanda era 2,6 veces superior al de España (Maddison Project 2016).

Nos hemos hecho completamente dependientes de la demanda -y consiguientemente de los precios- de las materias primas que provee nuestro subsuelo, demanda que va variando según evoluciona la tecnología, al ritmo impuesto por más y más países que descubren que el progreso de los humanos depende de su inteligencia y no de las materias primas. ¿Cuál es el precio que pagamos por un buen celular? Y en ese precio ¿cuánto ponderan los metales y plástico con que fue fabricado? ¿Un 10%? ¡Y el resto es tecnología!

El error del MAS, de no haber aprovechado la última alza de los precios de nuestras materias primas para empezar a abandonar esa dependencia y más bien aumentarla, debe ser una oportunidad que debemos aprovechar para que ello no ocurra nunca más. Para empezar, el funcionamiento del Estado no debe depender de esos precios sino del aporte que hagamos los bolivianos, cada uno en función de su respectivo nivel de ingreso. Y, según ya lo hemos propuesto en otra oportunidad, invertir la renta de los recursos naturales en abandonar el extractivismo, es decir, exclusivamente en recursos humanos e infraestructura de máximo nivel.

Lo primero que tenemos que hacer es unirnos, dejar de pensar que unos son explotados por otros y cada uno aportar al bien común en la medida de nuestras posibilidades. Dejemos atrás los tiempos en que había muchas Bolivias: las de los descendientes de los nativos, por un lado; la de los herederos de los conquistadores, por otro, y la de los provenientes de la mezcla de ambos, por otro. Eso fue superado gracias al encuentro entre bolivianos en la Guerra del Chaco, a la subsecuente Revolución Nacional y a la Participación Popular.

Bolivia ya es otra, basta de partidos cuya identidad se base en las diferencias étnicas, el MAS debe democratizarse. Y ponernos todos de acuerdo en lo fundamental: que efectivamente todos tengamos los mismos derechos e igualdad de oportunidades para progresar, que no dependamos nunca más de la casualidad de que existan materias primas en el subsuelo.

Para eso, basta de experimentos estatistas, los políticos no por ser gobernantes van a ser mejores empresarios que cada uno de los que se ganan la vida, y progresan, innovando. Y para innovar el mejor camino es la competencia. Y que el Estado regule los mercados para que estos funcionen en beneficio de todos.

Para promover la innovación, la autonomía de los gobiernos subnacionales es clave, pero una autonomía que se base en una autonomía fiscal: que los ciudadanos puedan decidir democráticamente con cuánto de su ingreso contribuirán a que sus gobiernos locales provean aquello que ellos no puedan proveer privadamente, y que las transferencias del gobierno central estén destinadas a que, a igual esfuerzo fiscal medido en relación al ingreso de los respectivos habitantes, corresponda igual provisión.

 

Iván Finot es MSc en Economía, posgrados en planificación y ciencias políticas y sociales. Experto en descentralización y desarrollo.

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

El coronavirus ha causado la peor crisis económica que me ha tocado vivir en casi 40 años de experiencia profesional y algunos expertos anticipan que la recuperación podría tomar un par de años.

La dramática caída de nuestros ingresos ha puesto en riesgo la estabilidad financiera de Página Siete.

Para salir de la crisis necesitamos reinventarnos hacia contenidos digitales y un paso en esa dirección es nuestra nueva aplicación PaginaSietePro, que está disponible en Apple Store y Google Play.

La aplicación contiene información en tiempo real, la versión completa del periódico impreso y próximamente, información y servicios exclusivos que no estarán disponibles en otras plataformas.

Tu suscripción a la aplicación nos permitirá seguir ejerciendo un periodismo de calidad, con la información completa y el análisis y contexto que nos caracteriza.

Medios de comunicación independientes y valientes son imprescindibles para la vida en libertad y democracia. Página Siete lo demostró en varios momentos difíciles que nos tocó vivir durante los últimos años.

Muchas gracias por tu apoyo.

Para suscribirte, descarga la aplicación de Apple Store o Google Play haciendo clic en uno de los siguientes botones:

Apple Store

Google Play

Preguntas Frecuentes


   

134
2

Otras Noticias