Fernando Salazar Paredes

Un libro clave para entender el problema marítimo

lunes, 10 de agosto de 2020 · 00:11

 Se está reeditando el libro Oportunidades perdidas – Bolivia y el Mar  de Walter Montenegro Soria.  La primera edición fue publicada en 1987, hace más de 30 años. A pesar del tiempo transcurrido, su contenido y alcance tiene indiscutible vigencia.  Quién no ha leído este libro, breve, didáctico y de gran contenido conceptual, debe hacerlo para poder comprender lo que, en verdad, significa –por encima de eslóganes y de la perniciosa emocionalidad– el anhelo boliviano de retornar a la vecindad del mundo mediante la reintegración marítima.

 Leí este libro por primera vez a fines de la década de los años 80.  Hoy lo volví a leer y las dos mismas cosas, a pesar del paso del tiempo, me impactaron: (1) la sana autocrítica a nuestro quehacer en la materia y (2) la visión positiva en perspectiva, y el no-lamento plañidero del problema.

 La autocrítica  constructiva o positiva  vuelca los ojos en nuestras propias falencias permitiéndonos sacar un provecho de ellas y conseguir una mejora en nuestro comportamiento.  Aceptar y asumir sus errores y tratar de enmendarlos  se convierte en un instrumento efectivo para avanzar.

 Tener una visión de futuro sin tomar acciones, sin ser propositivo, es anquilosarse simplemente en un sueño. Una acción sin visión de futuro carece de sentido. Una visión de futuro puesta en práctica puede cambiar el curso de la historia.

 Al respecto, Montenegro, antes de revisar las oportunidades perdidas en nuestro desafío que implica la reintegración marítima, se cuestiona la medida en la cual nosotros, los bolivianos, hemos contribuido involuntaria pero eficazmente a posibilitar esa serie de frustraciones.  Fija, entonces, la necesaria autocrítica que debemos realizar para poder avanzar.

 Por otra parte, señala que el objetivo de su libro es una tentativa de decantación, de simplificación de algo que, por haberse hecho demasiado complejo, por haberse recargado de tóxicas sustancias, no permite ver sus líneas esenciales: principalmente aquellas que faciliten la formulación de un esquema de conducta para el futuro.

 ¿Cómo debe ser esa conducta para el futuro…?

 Montenegro, de manera diáfana, directa y concisa, nos educa señalando que quizás lo más importante es descargar el peso psicológico que para el espíritu de Bolivia significa la mediterraneidad forzada y la claustrofobia resultante.  Y acertadamente añade que la liberación de este peso espiritual podría contribuir al descubrimiento de un nuevo horizonte, un nuevo impulso vital para los bolivianos. Una frase contundente ilustra su pensamiento al respecto: “Creo que más de una vez hemos tenido cerca el mar y no lo hemos visto”.

 Con insistencia los bolivianos recurrimos a un enunciado que ya ha alcanzado categoría sacra. “El mar nos pertenece por derecho, recuperarlo es un deber”, es la frase que sustenta el fervor patriótico de la mayoría de los bolivianos.  No hay duda de que el mar nos pertenece por derecho. Nacimos a la vida republicana con una costa marítima y nos la fue arrebatada por la fuerza.  A continuación, un tratado impuesto por la misma fuerza nos encerró geográficamente y, posteriormente, el invasor y nuestro aliado, secretamente, se pusieron de acuerdo para dificultar definitivamente la solución del enclaustramiento boliviano.  De ahí la certera sentencia de Daniel Salamanca: Chile nos puso el candado y entregó la llave al Perú.

 La segunda parte de la frase deviene, ahora, en trascendental para darle contenido real a la primera.  El deber de recuperar nuestro derecho a ser un país con cualidad marítima nos impone, entonces, el imperativo de ser proactivos, para que, como recuerda Montenegro, no ver el mar por quedarnos contando los granos de arena de la playa. 

 Después de leer con detenimiento esta señera obra, surge como consecuencia lógica la necesidad ineludible de ser proactivos, de ser capaces de formular propuestas de solución que, más allá de lo emocional y efectista, sean realmente viables.  Las condiciones parecen proyectarse en ese sentido. Sólo falta la voluntad política para avanzar. 

 El contenido del libro pareciera ser breve, pero no lo es.  El exquisito estilo periodístico del autor lo hace parecer así, pero contiene todo lo que es realmente importante conocer y analizar.  Las reflexiones de Walter Montenegro están vigentes en plenitud y ahora son más que oportunas después del fiasco en La Haya. Es un deber de quienes manejan nuestra política exterior el conocerlas, meditar sobre ellas y actuar en consecuencia.

 La reedición de Oportunidades perdidas... cubre una sentida necesidad para los interesados en la problemática marítima, pues este libro, clave para entender la real dimensión de nuestro anhelo y su solución y, al mismo tiempo, entendernos a nosotros mismos, se había agotado hace algunos años. ¡Bienvenido sea!

Fernando Salazar Paredes es abogado internacionalista.

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