Nelson Ibarra Vásquez

Los derechos humanos en Bolivia ¿ayuda o perjuicio?

miércoles, 12 de agosto de 2020 · 00:08

La Declaración Universal de los Derechos Humanos tuvo lugar a raíz de grandes injusticias suscitadas en contra de varios sectores sociales de la humanidad en diferentes épocas y lugares, razón por la cual era necesario que una institución internacional se hiciera cargo de velar por las víctimas de las injusticias. En la época que vivimos, en al que  la madurez cultural acepta a todos los seres humanos como iguales, debe haber también un trato igualitario para toda la humanidad.

Desde  la declaración Universal de los Derechos Humanos, después de la Segunda Guerra Mundial,  ha ingresado en los diferentes países de todo el mundo, convirtiéndose en un documento fundamental que ya forma parte de los Estados a través de sus cartas magnas.

Analicemos ahora el efecto que ésta produce dentro de nuestro país: uno de los mayores aportes ha sido el de integrar a los sectores más humildes a formar parte más activa del Estado, porque no debemos negar que estos sectores se encontraban en condiciones marginales inaceptables, y sin ahondar más, simplemente podemos concluir que los derechos humanos, son importantes y necesarios en un Estado democrático.

Pues bien, ahora veamos cuáles son los factores que han hecho de los derechos humanos un instrumento que puede dañar al conjunto de la sociedad y de qué manera lo hace. Para tener una mejor comprensión, primero debemos tener claro que los derechos generan obligaciones, es decir, para que exista un Estado democrático saludable, es necesario que exista una reciprocidad entre derechos y obligaciones. Sin embargo, el Estado ahora se encuentra en una clara desventaja con los derechos humanos de sus ciudadanos, pues bien, si revisamos la Constitución Política del Estado, podremos ver que los derechos humanos ahora ocupan siete capítulos, 17 secciones, 95 artículos y 219 incisos;  y en favor del Estado, las obligaciones de sus ciudadanos sólo ocupa “un artículo”, el artículo 108.

Retomando los derechos humanos en nuestro país, vemos con claridad como éstos han sido usados como un instrumento político populista, provocando esto que se hubiese roto totalmente el equilibrio entre derechos y deberes, donde el Estado pierde y los derechos individuales tienen mayor peso; dicho de otro modo: tenemos el diseño de un país de las maravillas donde el Estado omnipotente debe otorgar todo a sus ciudadanos sin exigir casi nada a cambio. Esto es real, ¿es sostenible?... definitivamente ¡No!, con este diseño populista, el Estado no tiene un futuro.

Si queremos un futuro real para nuestro país debemos primero equilibrar los derechos y obligaciones de los ciudadanos, y para esto no necesariamente se requiere cambiar la Constitución de manera inmediata, pero sí se requiere actuar con responsabilidad, considerando que cada vez que se exige un derecho también se piense en las obligaciones de los ciudadanos para ejercer este derecho. Sólo de esta manera podremos mantener un Estado democrático sano; de otra manera, si damos rienda suelta a todos los derechos sin contemplar las obligaciones, estaremos encaminados cada vez más hacia la anarquía.

Voy a tomar como ejemplo lo que ocurre en el ambiente familiar, donde los derechos de los hijos han sobrepasado las obligaciones que los mismos tienen con su hogar. En este caso, los hijos tienen normalmente como obligaciones colaborar en labores de la casa y estudiar a cambio de un techo, cama, comida, vestuario y otras necesidades básicas; sin embargo, actualmente, gran parte de los adolescentes y jóvenes exigen, como si fuesen derechos, ropas de marcas caras, equipos electrónicos con características sobredimensionadas a sus necesidades y ciertos lujos, y, lo que es peor, se reúsan a asumir alguna obligación adicional, poniendo en aprietos a los padres y rompiendo totalmente el equilibrio que debe existir entre derechos y obligaciones. Con la economía en aprietos y los hijos con sus pedidos insatisfechos por los padres, comienza el mal comportamiento de los hijos (la anarquía) y todo porque se ha roto el equilibrio entre derechos y deberes de los hijos, y como resultado final una familia sin futuro.

Por tal motivo, es imperativo que la Defensoría del Pueblo sea manejada con sabiduría, con imparcialidad, con responsabilidad, porque mucho dependerá de ella para mantener la salud de la democracia en nuestro país. Es por esta situación que de manera pública hago una invitación a la Defensoría del Pueblo y a todos los miembros del gobierno a que puedan, de alguna manera, coadyuvar a que primen estos principios en el manejo de los derechos humanos en nuestro país para mantener la correcta relación equilibrada de los ciudadanos con el Estado en democracia, que es el modelo de estado que todos los bolivianos deseamos.

No quiero dejar de lado que, en un futuro próximo, debemos equilibrar los derechos con las obligaciones dentro de la misma Constitución Política, porque mientras ésta continúe en desproporción, siempre existirá la posibilidad de utilizarla de manera política, en desmedro del Estado.

Nelson Ibarra Vásquez es ciudadano boliviano.

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