Max Murillo Mendoza

La lógica binaria: izquierda- derecha

jueves, 13 de agosto de 2020 · 00:08

Hijas legítimas de la modernidad, la izquierda y la derecha, se disputaron a sangre y fuego todos los juegos del poder en el siglo XX, llevando a masacres y guerras brutales en nombre de sus ideologías. La guerra fría fue el culmen de ese irracional enfrentamiento por todo el mundo. Estados Unidos y la Unión Soviética fueron los amos y señores, con sus banderas políticas teñidas en sangre.  Ambos imperios se disputaron el mundo con los mismos esquemas y trampas, bañando el mundo de sangre y sacrificios inmensos de muchos pueblos que nunca supieron los porqués de ese desenfreno ideológico irracional. 

Esas ideologías supuestamente distintas, en realidad son más iguales de lo que se piensa. Ambas son creación de la modernidad. Es decir ambas quieren y luchan por el progreso y desarrollo: unos mediante el Estado; los otros mediante empresa privada. Ambas son partidarias del desarrollo económico al infinito, es decir son culpables de la contaminación mundial, de la industrialización, con ese cuento de lo tecnológico como instrumento de desarrollo. Cuando se derrumbó la Unión Soviética, el socialismo real y en serio, el mundo descubrió los horrores de la contaminación ambiental en sus territorios. Se tardará miles de años en curar esos daños ambientales, que en muchos casos son crímenes contra el mundo porque produjo cáncer en sus habitantes y se eliminó a flora y fauna de la tierra. 

En realidad la izquierda y derecha son hermanas gemelas. Con la pequeña salvedad que la izquierda hizo creer al mundo que eran moralmente los mejores, los soñadores y utópicos de la historia. Vemos por los resultados mundiales que eso es mentira, que ese discurso es engañoso, que encubre otros intereses de las clases altas y oligarquías internacionales. 

Esa lógica binaria de izquierda y derecha, que se traslada a esquemas simplistas de bueno – malo; blanco – negro, cristiano – no cristiano; enemigo – amigo, hizo mucho daño al mundo. Todavía está contaminando a las sociedades pobres del tercer mundo, porque se aprovecha de las necesidades materiales, como en Bolivia, para confundir ficción con realidad.  Las nuevas revoluciones industriales que se producen en los países ricos, ya han destruido estos conceptos que cierto respondieron a un determinando tiempo histórico: parte del siglo XIX y sobre todo el siglo XX. 

En Bolivia los movimientos indígenas y campesinos jamás fueron de izquierdas, precisamente porque esos pensamientos les hicieron bastante daño al marginarlos totalmente de sus concepciones, supuestamente científicas, políticas. Y en las prácticas políticas incluso de las izquierdas más avanzadas, que eran las mineras, eran racistas y paternalistas hacia ellos. Pues recuerdos buenos no tienen los indígenas y los campesinos. La izquierda boliviana siempre fue, para bien y para mal, vanguardista obrera. En concreto vanguardista minera. Los antropólogos hicieron ya investigaciones al respecto, por los años 70 y 80 del anterior siglo (June Nasch, Xavier Izco, en el norte de Potosí). 

El mundo y Bolivia desde todos los puntos de vista, son más complejos que sólo las miradas clasistas. Pues seguirán habiendo las clases sociales; pero no son las categorías únicas de los análisis actuales, menos las centrales. En los últimos 30 años existe en nuestro país, un crecimiento de identidades culturales, un crecimiento de consciencias ancestrales con sus propios portadores ideológicos, como políticos. Aspectos que la izquierda nunca los considero teóricamente, sino como marginales, dependientes de sus concepciones obreristas. La llamada derecha por supuesto que es aún más ignorante con estos fenómenos.  

El mundo ha cambiado dramáticamente, también Bolivia. Nuestras ciudades están pobladas de nuevos ingredientes económicos, economías llamadas informales que no entrar en los esquemas clásicos de análisis: clase, consciencia de clase, contradicciones de clase. Porque no somos un país industrial. Por supuesto que hay nuevos proletarios; pero son totalmente distintos a los mineros o fabriles de los años 60 o 70 del anterior siglo. Y el componente cultural es definitivo, que han configurado a los nuevos movimientos sociales. 

Ciertamente hablar de izquierda y derecha es obsoleto. Es seguir con esquemas tradicionales, que ni siquiera ya cubren los efectos de análisis ideológico, o de imaginarios mentales en las nuevas generaciones, en la sociedad civil. Además de obsoleto, no permite avanzar en los análisis de nuestras realidades, que van desde siempre más allá de los esquemas de clase o contradicciones de clase. Modelos que sirvieron muy bien para los análisis de las sociedades occidentales industriales, de los siglos XIX y XX. Lo nuestro es realmente distinto. 

Lo holístico, el cambio climático, los avances de género, los enormes avances de nuestras identidades culturales y la revalorización de lo que la derecha e izquierda decían: arcaico o atrasado: precisamente nuestras culturas y sus herencias sociales y tecnológicas. Como las complejas mezclas de todo esto en  las ciudades, necesitan ser leídos y releídos de otras maneras, no obsoletas ni forzadas solamente y unilateralmente con los conceptos binarios de izquierda y derecha. 

Esas ideas y nociones que devienen desde la revolución francesa, izquierda – derecha, hace tiempo que ya han caducado. Cierto que sus modelos de análisis siguen en vigencia para discusiones sobre ideología; pero nunca tuvieron respuestas a complejidades como las que tenemos en Bolivia. 

Max Murillo Mendoza   es ciudadano boliviano.

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