Jorge Patiño Sarcinelli

Beethoven con B de Bolivia

viernes, 14 de agosto de 2020 · 00:10

Estos días salió la noticia de que La Paz se sumaba a la celebración mundial del 250 aniversario del nacimiento de Beethoven, iniciativa en la que van a participar nada menos que 200 artistas en 45 actividades durante cinco meses “para llegar a todos los rincones del país”. 

Al respecto un funcionario de la Embajada de Alemania dijo con germánica condescendencia: “Estamos muy impresionados” […] “Esto es una muestra de que a pesar de todo, la cultura avanza y se adapta”. No dijo en qué se adapta, pero sabemos a qué cultura se refiere.

Los organizadores no quieren quedar cortos y han incluido en esta fabulosa celebración conciertos on-line, concursos musicales y de dibujo e incluso una pieza donde David Mondaca se hará el sordo y dirigirá la novena. ¡No se lo pierdan! 

Todo esto cerrará con “un masivo concierto en el que participarán diversos coros y orquestas de La Paz”; como las bandas tocando todas juntas al aura en el carnaval de Oruro. Es nomás como para estar “muy impresionado”. 

Faltó incluir una sesión de género para discutir por qué la Oda a la alegría dice “Alle Menschen werden Brüder” y olvida a las Schwester. Tendría que decir “hermanas y hermanos”, ¿o no?

Dicen los organizadores que desean “también despertar el deseo de comprenderlo mejor". Es sin duda encomiable. Pena que ya no tengamos un Ministerio de Cultura que ponga su nombre en este gran circo cultural. 

Lo bueno rara vez acompaña lo grandioso cuando no se ha superado antes lo chico, pero la idea plantea cuestiones interesantes. 

Beethoven ha sido una de las máximas expresiones del espíritu humano; no sólo del intelecto occidental, como digamos Einstein o Platón, sino del espíritu; es decir, de esa cosa difícil de definir, pero fácil de reconocer cuando escuchamos sus sinfonías. Otros dirán lo mismo de sus ídolos; Dylan, Serrate o Arjona. No discuto.

La cuestión interesante es si es realmente posible llevar ese Beethoven a “todos los rincones del país”. No me refiero sólo a las dificultades materiales de un país que debió cerrar el año escolar por falta de internet sino a llegar con esa “comprensión”. 

Lo del cierre de las escuelas hace pensar en otra pregunta obvia: ¿Un país sumido en una aguda crisis política y sanitaria está para beethovenadas? ¿O es que unas lindas sonatas curarán almas heridas en pandemia y angustia? 

Estaría de acuerdo si aceptamos que es remedio para pocos. No es que un joven de El Alto o Camiri no se pueda emocionar hasta las lágrimas escuchando la Oda a la alegría –la obra musical que más emociona en el mundo- pero ¿podemos entender realmente a Beethoven desde las alturas altiplánicas o las selvas amazónicas donde vive nuestra incomprensión? 

Cuántos de sus amigos, querido lector, saben a qué se refiere “Tochter aus Elysium” (expresión que se repite en dicha Oda). Quizá me responda que no lo necesitan para apreciar a Beethoven. Yo tampoco, pero nuestra apreciación es incompleta. Por algo están las palabras.

¿Dónde queda entonces el umbral de comprensión que hace que tenga sentido ese puente que se quiere tender entre un gigante espiritual europeo del siglo XIX y un ciudadano común de la Bolivia del siglo XXI? 

Hagámonos un cuadro de los hogares de esos “rincones del país” azotados por la pobreza y el virus. ¿En Totora pondría Radio Nobleza sinfonías de Beethoven para entretener a los vecinos? Quizá, pero que sea junto a Villalpando y Prudencio. Los nuestros también merecen ser comprendidos.

Un personaje de Aldous Huxley afirma que el tercer movimiento del cuarteto Op 132 de Beethoven contiene una prueba material de la existencia de Dios. ¿Lo conoce usted? Es como para ponerse a rezar, en serio.

Es posible que toda la obra de Beethoven sea una prueba de la divinidad, pero temo que ni con la ayuda de Dios es posible alcanzar los ambiciosos objetivos del programa sin trivializar esa obra ”adaptándola” a la realidad nacional. 

Consuela saber que no harán daño a nadie en el intento y, quién, sabe quede en el aire el recuerdo de un acorde menor.

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.
 

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