Javier Torres Goitia T.

Crímenes, acuerdos, libertades y esperanza

sábado, 15 de agosto de 2020 · 00:10

 Estamos viviendo momentos trascendentales para la subsistencia del país y su futuro, pero lamentablemente, autoridades oficiales, dirigentes políticos democráticos y la sociedad en su conjunto no perciben la magnitud del daño que estamos sufriendo y de los pocos pasos que nos falta para precipitarnos al abismo de la tragedia que nos asecha. 

 El bloqueo que Evo consagró como arma de las seis Federaciones de Cocaleros del Chapare es un recurso violento que él maneja con pericia y lo está usando para saciar su hambre de poder. Una criminóloga mexicana califica a Evo como manipulador y cobarde, de personalidad sádica e irresponsable, (Entrevista con Erbol) Si añadimos su insatisfacción sexual que lo conduce a la pedofilia, sus chistes carnavaleros y su sugerencia de que sus ministras mujeres asistan a Gabinete sin calzón, es suficiente para ver la peligrosidad patológica del tirano.

 Lo inadmisible es que dirigentes políticos oficialistas y opositores y particularmente el órgano electoral, con ingenuidad candorosa, crean que el bloqueo  actual fue para lograr cambios cosméticos, conociendo el plan anunciado por los propios masistas en noviembre pasado de convertir a Bolivia en un nuevo Viet Nam si Evo era derrotado. El plan se frustró por la cobarde huida del Jefe y el miedo contagiado a sus seguidores que terminaron asilados en embajadas o escondidos. Ahora, los que fueron detenidos ya están libres y todos ven que el miedo los ofuscó. Miedo que buscan revertir para dominar a los vencedores de noviembre.

 La saña de sus bloqueos es muchísimo mayor al supuesto objetivo de adelantar semanas a la fecha de elecciones. Solo por eso no cometerían los crímenes de lesa humanidad que están cometiendo. La exigencia de una ley que era innecesaria, ahora que ya está promulgada se ve claramente que fue solo un pretexto. El MAS sabe que cada vez tiene menos adeptos y que no ganará las elecciones, pero puede retomar el poder por sus propios medios. 

 El nuevo simulacro que estamos presenciando entre parlamentarios acusados de traicionar a la COB y bloqueadores masistas es igual al de los conciliadores de noviembre. El martirio de inocentes ciudadanos que mueren desesperados, ahogados por la angustia de no tener Oxígeno para respirar, continúa dantesco y excede en maldad incluso a los peores crímenes. Detrás no puede estar sino la personalidad patológica que torturó y asesino a los esposos Andrade en el Chapare, quien mandó matar en el Hotel Las Américas, quien hizo llorar a los indígenas de Chaparina y fue autor de todos los crímenes cometidos en su larga gestión gubernamental. 

 El bloqueo, ejercido con guante blanco desde el parlamento o el abusivo que destroza los caminos, dinamita cerros o inunda de basura las ciudades, el que priva de oxígeno a los hospitales o de remedios a los enfermos no puede ser confundido con una legítima manifestación de protesta de los necesitados. El bloqueo es siempre un crimen y debe ser sancionado sin condescendencia alguna.  Si los parlamentarios quisieran dar muestra de su arrepentimiento podían aprobar una ley estableciendo las máximas sanciones para el bloqueo, pero eso es imposible. 

Si no queremos vernos en octubre frente a una invasión de guerrilleros de las FARC, secundados por populistas infiltrados en los organismos internacionales para reconocer los “derechos de retorno” del dictador derrotado, necesitamos sancionar los crímenes sin miedo y con coraje. Podemos imponer  justicia venciendo la anomia de fiscales, jueces y burocracias corruptas.  

 Nada de eso se podrá conseguir con un gobierno débil, acosado por todas las fuerzas políticas. Es imprescindible abandonar temporalmente los intereses de partido o grupo y suscribir un pacto de unidad para mostrar la fortaleza de la democracia frente al vandalismo asesino. Los diálogos y pactos con el enemigo sirven entre civilizados no con la delincuencia. 

El egoísmo del oficialismo y de sus opositores democráticos es superable e indispensable para recuperar la autoridad del Estado y cimentar la libertad para debatir después las diferencias. Todavía es tiempo de definir por encuesta, antes del proceso electoral. quién tiene más apoyo para volcar allí todos los votos y tener un triunfo contundente que prive al MAS de parlamentarios evistas y de intentos golpistas. Caso contrario recorreremos el camino al infierno empedrado de buenas intenciones.

 

Javier Torres Goitia T. fue ministro de Salud de Bolivia.

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