Andrei Dueri Handal

¿Quiénes son los árabes en Bolivia?

sábado, 15 de agosto de 2020 · 00:08

Mucho se habla de las diferentes migraciones que llegaron a Bolivia en diversos momentos de su historia, no obstante, una que tiende mucho a llamar la atención es la migración árabe, tanto por su amplio tamaño, como por su consistencia. Erradamente llamados “turcos” por el pasaporte que portaban, los árabes llegaron en su gran mayoría a nuestro país en la década de los años 20 del siglo pasado, buscando mejores oportunidades, desde lo que hoy son los territorios de Palestina, Líbano, Siria e Irak, principalmente. Pero ¿quiénes eran estos árabes exactamente? ¿por qué escogerían Bolivia? ¿y dónde están sus nietos hoy?

Contraria a la distribución demográfica del mundo árabe, donde se tiene una abrumadora mayoría musulmana, los árabes que emigraron a Bolivia y a América Latina en general fueron de fe cristiana (ortodoxa y católica, aunque Bolivia ya se convertirían todos a la religión de Roma). Claramente, hubo algunas familias drusas, musulmanas y judías, pero las iglesias de oriente fueron predominantes, al menos en las oleadas migratorias de inicios del siglo XX. ¿Qué hizo entonces que fueran tantos los árabes de una sola religión, además minoritaria en el Medio Oriente, los que emigraran al otro lado del mundo? La discriminación institucionalizada que imponía el Imperio Otomano, tratando a los árabes cristianos como ciudadanos de segunda clase o peor, incurriendo en lamentables masacres; algo muy similar a lo que realiza Israel hoy en día con los palestinos.

¿Y por qué escogerían Bolivia?  En aquel entonces, para el ciudadano árabe rural promedio, una persona de escasos recursos, probablemente analfabeta y con muy poco conocimiento del mundo, el concepto de América era difuso: por muy cómico que pueda parecernos hoy, en el distante Medio Oriente se entendía América como un todo, no sólo a nivel geográfico, sino a nivel económico y político también. El inconsciente colectivo levantino relacionaba que llegar a Boston era muy similar a llegar a Buenos Aires, a Valparaíso o a Oruro. A esto, debemos sumar el auge minero y agrícola que vivía nuestro país en aquel entonces, su situación de economía virgen y la poca oferta de bienes y servicios: un caldo de cultivo ideal para el estereotipo del comerciante “paisano”, que se construiría en la mente de los latinoamericanos durante todo el siglo pasado y presente.

Como señala el reconocido cónsul, escritor y genealogista de la colectividad árabe-boliviana, el doctor Alberto Asbún Karmy: al estar Bolivia en el corazón de Sudamérica, su demografía, en cuanto a la inmigración levantina, ha sido producto del rebalse de la inmigración árabe de nuestros países vecinos, (Chile, Brasil, Argentina y Perú), conformando una de las comunidades más homogéneas en términos de nacionalidades: con cerca de 40% de apellidos palestinos, 37% de apellidos libaneses, 17% de apellidos sirios, más algunos iraquíes, egipcios, jordanos y marroquíes. Pero, ¿realmente se puede llamar a estas “nacionalidades”? Es interesante reconsiderar este fenómeno, pues casi todas estas denominaciones nacionales surgieron más de dos décadas después de la oleada migratoria mayor. Los países árabes no existían como tales; existía sólo la etnia árabe y el concepto de la Gran Siria o Bilad Esh-Sham, como una unión del pueblo árabe en el Levante. Esto, sin mencionar que, las fronteras de estos países fueron dibujadas casi a mano alzada por ingleses y franceses, en el Acuerdo Secreto de Sykes-Picot de 1916, traicionado la voluntad del pueblo árabe y obedeciendo sólo a intereses de las potencias europeas de la época, quienes buscaban desmantelar cualquier potencial Estado único árabe que les rivalice para fragmentarlo en varios pequeños países, explotando el tribalismo típico de la región y las divergencias sectarias.

Tras todo esto, resta preguntarse ¿qué es hoy de la inmigración árabe en Bolivia? Podríamos decir que, junto a otras corrientes migratorias, se ha asimilado tan bien en la sociedad nacional, que ha producido destacados empresarios, deportistas, políticos, médicos, literatos y artistas, dando forma a la Bolivia que tenemos hoy, en más de una arista. Entre cuatro y seis generaciones más tarde, los descendientes árabes orgullosamente nos reconocemos como árabes-bolivianos, un puente entre los Andes y el Mar Muerto, pues como dijo el reconocido líder palestino Yasser Arafat: “Quien no ama su patria de origen, no merece tener otra”.

Andrei Dueri Handal es presidente Nacional de la Juventud Árabe de Bolivia y la Comunidad Árabe de Bolivia.

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