Luci Araníbar

Niña, mujer y amiga (I)

domingo, 16 de agosto de 2020 · 00:09

Todas las mañanas, antes de levantarme, me tomo el tiempo para hacer dos cosas; la primera organizar mentalmente mi día, planearlo de tal forma que al terminarse el día pueda quedar satisfecha de haber tenido un día productivo. La segunda cosa que hago, como parte de ese hábito diario, es leer las noticias del día o por lo menos los titulares.

En lo que va del último año y medio, las noticias sobre violencia familiar y feminicidios son casi un tema diario. Con la cuarentena parecen haberse incrementado aún más todavía. ¿Se ha incrementado realmente o nos enteramos más? es la pregunta que cada que leo me asalta. No lo sé. A veces leo números o estadísticas que no me dicen nada, absolutamente nada. Es cada una de ellas la que me importa, de las que sabemos, de las que nos enteramos, de las que leemos y mucho más aún de las que no sabemos (¡las niñas y niños!) hasta que ya es tarde. Me es muy difícil leer los detalles, por lo que sólo me limito a leer los titulares y con cada titular una parte de mí me dice que es tiempo de escribir algo, de decir algo, de ponerme al frente como niña que fui (valga agradecer por mi niñez), mujer que soy y amiga que tiene amigas.

El tema no es fácil de escribir, ¡imagínense el vivirlo! No sólo por el tema en sí, sino porque me es difícil ponerme en la situación de la mujer que repetidas veces tiene que vivirlo y que no tiene salida, ya no puede escapar y a veces, por la costumbre, ya no quiere salir.

Se ha hablado de poner mayores leyes, de crear más fuertes penas, se hacen campañas y se pueden ver diferentes slogans en los muros de medios sociales ¡qué bien! todo eso vale y mucho. Pero realmente ¿qué se debe hacer? ¿qué se puede hacer? ¿qué debo hacer? Yo no tengo la respuesta, porque para cada persona que está en una situación de éstas, hay más de una razón para quedarse en esa situación, y, aunque no se pueda creer, también más de una solución; pero lastimosamente hay que reconocer que también hay una o más razones para que existan estos vejámenes, de uno u otro lado. Pero nada justifica el acto, cualquiera sean los motivos.

Es cierto, hay soluciones, siempre hay solución para cualquier problema, el punto es si uno está dispuesto a tomar el camino de la solución o de la pasividad. Ni uno, ni otro son fáciles. Con cualquier decisión tomada se gana algo y entiendo también que se pierde tal vez mucho. Lastimosamente se cree perder más que ganar, pero a la larga, cuando uno mira atrás, la cosa no había sido tan así. Si, inevitablemente se pierde algo, pero ¿qué es peor que perder la dignidad, la autoestima o, peor aún, la vida?

Con los años, uno ha vivido tanto y aprendido mucho más. Con los años, uno ha escuchado y sido partícipe de tantas situaciones, algunas en las que uno intentó ayudar y otras en las que era mejor escuchar, tal vez sugerir y otras, lastimosamente no quedaba más que desear que esa persona tome la decisión correcta. ¿Pero, habré dicho o hecho lo suficiente? me pregunto cada vez que escucho una historia de "estas" donde la respuesta siempre es la misma. No. Tal vez podrías hacer más.

Todas, absolutamente todas las mujeres (y aquella que calle, seguramente es la que más) en algún momento nos hemos sentido vulnerables ante situaciones que nunca debían haber sucedido y, más importante aún, que nunca debíamos haber permitido.

Tal vez, y digo tal vez porque recién se me ocurre mientras escribo, que para una joven o una mujer (el tema niñas tocaré en otro momento) la clave está en lo que acabo de escribir: nunca debíamos haber permitido. Y ¿cómo se hace eso? Una de ellas es poner las cosas claras desde un principio. Otra, no justificar jamás una mala actitud del otro. Una tercera: tal vez perdonar, pero no disculpar la primera vez que haya una intención de violencia (así seas su chica, su novia a punto de casar, su esposa o su relación sentimental). Porque si la primera vez se le permite, se lo perdona o justifica, estamos ya en desequilibrio y le hemos dado el poder (el poder de hacer lo que quiera); nos hemos puesto en desventaja y, en consecuencia, nos hemos convertido en la desigualdad...

(Continuará)

Luci Araníbar es periodista.

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