Sonia Montaño Virreira

Nos estamos matando

domingo, 16 de agosto de 2020 · 00:11

Cuando en 1985 Paz Estenssoro apareció diciendo “Bolivia se nos muere” en realidad ya tenía la terapia en sus manos. 

Inauguraba el período neoliberal al que nos sometimos,  resignamos y apoyamos, según el caso, transitando siempre al borde del abismo pero sin caer al fondo. Viendo lo que está ocurriendo hoy una se pregunta si los países pueden suicidarse. Nadie anuncia el diagnóstico y todos se creen curanderos. Podríamos ser el primer caso de un país que hace todo lo posible por autoeliminarse. Hemos visto caer gobiernos, dirigentes y hasta al Evo lo hemos visto escapar muerto de susto. 

En algún momento hemos repetido a coro como los alteños: “Siempre de pie nunca de rodillas”, estribillo que ha ido perdiendo fuerza y credibilidad porque nos han hecho andar de rodillas y cobrar viáticos, como si de actos heroicos se tratara. Algunos optimistas hablan de polarización, cuando en realidad estamos hechos tiras.

Todos contra todos y nadie contra ninguno. Somos la nada misma, ni buenos ni malos, la vida no vale nada. Queremos morir y que los otros se mueran. Es decir, todos llevamos un Mallku dentro. ¿Cómo entender a quien un día le dijo a la gran Amalia Pando algo así como: “Lucho para que mi hija no sea tu sirvienta”, exhibiendo una de las desgracias incubadas desde la colonia? ¿Cómo entender digo -a él que ahora ya no como tragedia sino como comedia- aparece quisquilloso y quiere desplazar al MAS, “ese cadáver sin alma” que es el MAS, según sus propios dichos, y aparece más desalmado aún, llamando a la unidad entre “salvajes”, destilando una malsana ironía para ver si de ese modo las bases masistas, que hoy se dicen autoconvocadas, lo encumbran para liderar la muerte colectiva. 

Que morirá gente claro que sí y mejor si son blancos, blancoides o blanquecinos. De ese odio no se salvarán ni quienes, como un tal Molina, agitan el fantasma del racismo, porque de ellos no será el reino de los indios. El Mallku no sólo es racista, como lo somos muchos de los bolivianos, también es machista porque sus actos y su palabras expresan la vieja consigna de patria o muerte emblemática del machismo, de sus no tan viejos camaradas, como García Linera. Son crueles.

Tenemos que explicarnos las causas profundas por las que personajes como El Mallku, actúen a nombre del pueblo y hasta los admiremos. Hace mucho tiempo que el país se desangra, real y metafóricamente, y vive en un permanente estado de alerta, como el suicida que busca la forma más cruel de morir. La epidemia de chauvinismo que se ha instalado al mismo tiempo que el “desabandono” nos hace creer que somos un pueblo maravilloso, pero la verdad es que no somos lo que pensamos, ni lo que decimos. Somos lo que hacemos y dejamos hacer.

Nos hemos convertido en una masa que ha pasado por una moledora de carne durante más de catorce años y, claro, a las valientes y luchadoras les hemos contagiado del miedo, la desconfianza y la maldad. En medio de ese país suicida, la única pausa posible son las elecciones, que ciertamente serán sólo eso: una pausa que nos permita respirar profundo hasta recuperar el alma.

Sonia Montaño Virreira es socióloga y feminista.
 

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