Darwin Ugarte Ontiveros

Se busca plasma: cuando dar no es sumar, es restar y multiplicar

miércoles, 19 de agosto de 2020 · 02:03

Una de las problemáticas de la actual crisis sanitaria provocada por la pandemia del coronavirus es la demanda desesperada de plasma convaleciente y su baja donación. Actualmente, existe un proyecto de ley (696) que busca promover la donación voluntaria y gratuita de ese componente sanguíneo para ayudar en la recuperación de los enfermos con el virus. Y aunque el tema de la donación de órganos es bastante complejo, las premisas de esta propuesta de ley son necesarias para la peculiar coyuntura de emergencia que sobrellevamos. Con una implementación acertada, esta ley podría, en el corto plazo, ayudar a salvar vidas; en el mediano plazo, a descongestionar el sistema sanitario, y, en el largo plazo, a inmunizar a los bolivianos ante la pandemia.

En economía, la teoría del diseño de mecanismos sugiere ciertas pautas que pueden evitar el fracaso en la implementación de una propuesta de esta naturaleza. Veamos, el punto de partida es considerar que los convalecientes de Covid-19 (donadores) pueden en algún momento decidir lucrar con su plasma sanguíneo, lo que se denomina selección adversa; o decidir no hacer caso a la motivación que plantea la ley y decidir no donar, lo que se conoce como riesgo moral. Siendo esta última opción legítima por el derecho de todo individuo a decidir sobre su humanidad.

En este marco, la implementación de este proyecto de ley debe establecer los incentivos suficientes para que los donantes actúen de acuerdo con el objetivo social de la política, que es donar voluntaria y altruísticamente. En economía una política que consiga este equilibrio se denomina incentivo-compatible.

De esta manera, una política de donación acertada para enfrentar la Covid-19 debe hacer racional la cooperación. En su implementación, los premios y castigos deben estar muy bien establecidos para eliminar la selección adversa y, si fuera posible, disminuir el riesgo moral. Estos incentivos deben ser tan contundentes, que la utilidad por donar del recuperado sea mayor a la utilidad de no hacerlo, condicional a una gran pena por vender su plasma. Ahí está la clave, en los maravillosos incentivos que hagan obvia la decisión de donar voluntariamente y en las sanciones ejemplares que eviten la trampa.

Ya existen iniciativas aisladas de algunas empresas e instituciones como becas, descuentos, rifas, etcétera; estas ofertas necesitan ser concentradas por algún ente. Asimismo, una adecuada campaña de información y garantías del cuidado a la salud del donante son también aspectos complementarios importantes.

Por otro lado, lo bueno es que un convaleciente de Covid-19 puede donar cada semana y que con una donación se podría tratar hasta tres pacientes. Lo malo es que no todos los convalecientes pueden donar, pues no todos cumplen con los requisitos establecidos. Para mostrar el potencial de esta política, a continuación se realiza un ejercicio aritmético en base a los siguientes susuestos:

i) El porcentaje de pacientes recuperados de Covid-19 que sí podrían donar plasma es del 33% de todos los afectado. ii) Todos estos convalecientes deciden donar una sola vez (política exitosa). iii) Lo hacen dos semanas después de tener el alta médica. iv) El plasma donado beneficia a dos enfermos. v) Una vez transferido el plasma sanguíneo, éste cura al enfermo en 30 días. vi) El 90% de los receptores se sanan por la transfusión (basado en la evidencia científica preliminar existente).

Entonces, si a partir del 15 de mayo (fecha de inicio de las donaciones en Bolivia), el 33% de los recuperados hubiesen donado, en el marco de los supuestos mencionados, actualmente tendríamos alrededor de 5.059 recuperados por la transfusión de plasma sanguíneo; 5.059 vidas, 5.059 camas disponibles en los hospitales.

Asimismo, a la fecha Bolivia tiene 29.808 personas recuperadas, si el 33% donaría su plasma sanguíneo una vez, a mediados de septiembre podríamos tener alrededor de 17.706 recuperados por la transfusión: 17.706 vidas, 17.706 camas. Esto en el marco de los supuestos arriba mencionados y con una implementación excelente de la política. Si esa cantidad de recuperados donaría dos veces, a finales de septiembre podríamos tener hasta 35.412 recuperados por donaciones. Y si éstos también donaran….

Para concluir, a todas las autoridades responsables: estos tiempos de pandemia quedarán en  los libros de historia; ustedes pueden hacerlo mejor. “El político piensa en la próxima elección, el estadista, en la próxima generación” (Otto von Bismarck).

Darwin Ugarte Ontiveros es PhD en Economía.

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