Jorge Patiño Sarcinelli

Ahora es (más) arriesgado vivir

viernes, 28 de agosto de 2020 · 00:11

Siempre ha sido arriesgado vivir. Sobre este tema ya he escrito, pero tengo la sensación de que la vida nunca nos pareció tan peligrosa como en este escenario de Covid y mis reflexiones anteriores me parecen insuficientes. Vuelvo, pues, al tema con esta versión actualizada.

¿Es realmente más arriesgado vivir ahora que, digamos, el año pasado? Depende de quién eres naturalmente. Si eres viejo, obeso y tropical la probabilidad de que el virus te toque mortal es mayor que la del promedio. Los riesgos nunca han sido iguales para todos y con la Covid no es distinto. Pero la respuesta es que sí, ahora hay una probabilidad promedio de muerte mayor que hace un año. 

Veamos las cifras básicas. Este año se espera que mueran en Bolivia unas 82.000 personas de todas las causas combinadas, de las cuales la mayor es el corazón con más de 9.500. A la fecha tenemos unos 4.800 muertos por la Covid. No sabemos a cuánto llegaremos hasta final de año, pero es probable que lleguemos a entre 10.000 y 20.000, con respiradores y todo, por más que nos pese. 

La cuenta definitiva de los muertos tendrá que tomar en cuenta menos accidentes fatales, más muertos por el hambre y por el estrés, los que igual se iban a morir por otra causa, etcétera. Pero es casi seguro que este año la vieja señora se llevará a más de los nuestros que en otros. Será un año negro, para el olvido; eso sí es seguro.

Esto ya es terrible, pero igualmente grave es la perspectiva de tener que seguir viviendo con el virus después de final de año. Pero hay que acostumbrarse con esta idea y no poner demasiada esperanza en un milagro altiplánico, en una vacuna que llegará Dios sabe cuándo y sobre todo no en el dióxido de cloro. 

Acostumbrarse a la idea no quiere decir ponerse fatalista sino alerta. Cuando se trata de administrar riesgos, la primera recomendación es identificarlos, evaluarlos y mitigarlos. No hagas tonterías. Elige qué riesgos valen la pena. Exponte a los riesgos que te traen cosas sin las cuales no puedes vivir. Si eres mayor y ver a tus nietos te compensa el riesgo de que te maten con un beso, solo tú lo puedes decidir; es tu vida, es tu muerte.

Vivir es arriesgado; nadie sale vivo de aquí. Pero la muerte no es el único riesgo que nos impone el paso por este mundo. Para distraernos de nuestro objetivo existencial, la vida nos acecha con riesgos de todo tipo.

El riesgo de ser heridos en amor, por ejemplo, del que sólo nos libramos cayendo en el mal peor de no enamorarnos jamás. El riesgo de llegar a ser lo que aspirábamos y descubrir que no había sido lo que esperábamos. 

 Quien tenga nariz deberá usar su olfato para definir en cada encrucijada de la vida no el camino de menores riesgos sino el de riesgos mejores, no aquellos que nos evitarán más males, sino aquellos que no traerán aprendizajes difíciles de los que saldremos amando a la persona que éramos, sin creerla mejor que la que hemos llegado a ser. 

En esto no hay victorias absolutas, sino apenas satisfacciones por las heridas vividas, sufridas y sobrevividas, y el genio mayor que debe demostrar quien quiera salir airoso es el sexto sentido de adivinar hacia dónde llevan los vientos del azar.

El mayor peligro de la civilización, dice Stendhal, es la ausencia de peligro. Una vida sin peligros no vale la pena ser vivida. Quédate en la seguridad de tu casa a mirar por la ventana la vida pasar y al otro lado del cristal la vida será más intensa que en este. Un riesgo fatal que no debes olvidar es que la vida se vaya como un tren al que nunca subiste (o del que te bajaste en la estación equivocada). 

La vida es un campo minado, con pocos placeres y muchos dolores de ausencia si no sabes vivirla. No hay antídoto para el riesgo; todos los caminos de la vida tienen los suyos; c’est la vie. Elige aquellos con los que puedes dormir a gusto y olvídalos; abraza y acepta la música disonante de la vida. 

Dice el viejo refrán: “quien bebe muere, quien no bebe también muere. Por lo tanto, bebamos”. Bebe pues, pero elige bien tus tragos.

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

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