Lupe Andrade Salmón

¿Cómo decir adiós?

miércoles, 5 de agosto de 2020 · 00:11

La muerte nos obliga al adiós final.  Si no se lo dice, si no se lo enfrenta, si no se lo acompaña con manos extendidas, no hay segundas oportunidades.  Antes, cuando alguien moría, generalmente lo hacía despidiéndose de todo y todos, fuese detrás de una nube medicinal, o franqueando esa puerta final rodeado de familiares, consciente de no estar solo ante la eternidad.

Al contrario de todo nuestro pasado humano, quien muere ahora, casi siempre se ve obligado de hacerlo solo.  Solo con su espíritu y el paso al más allá.  Es una realidad terrible, insalvable, que nos plantea diferentes enfoques y que viene cargada de dolor y remordimientos.

En el pasado cuando alguien estaba muy enfermo, y en peligro de morir, toda la familia se reunía en la casa, para apoyarse mutuamente, para estar cerca del enfermo y compartir su dolor.  Cuando moría la persona, el velorio se llenaba de parientes y amigos que acompañaban al difunto y a la familia, para darle el último adiós.  

Ya no es así.  Ahora el paso hacia el infinito se ha llenado de indecibles trabas y dolorosos obstáculos.  Todos conocemos casos de amigos, seres amados, parientes, colegas, que han sufrido del Covid, o que han perdido a seres queridos ante esta espantosa plaga.  Quizás algunos lectores ya han pasado por esos momentos aciagos.  Nadie está libre del todo, ni puede creer a ciegas en un futuro menos terrible.  El peligro se cierne sobre cada uno de nosotros.

Pero no quiero escribir del peligro, que podemos afrontar con más o menos valentía.  Es el dilema de cómo decir adiós a la persona amada, al padre, madre, hermano o amigo querido que está cercano a la muerte, y que enfrenta ese proceso solo.

Terrible.  Injusto.  Pavoroso si uno es testigo, y aún más espeluznante si uno mismo es quien contrae el mal.  Sabemos que no es mortal para todos, y que una gran mayoría se mejora y se salva.  Esto es cierto, pero no hay garantías y la incertidumbre añade su dosis de amargura a la inmensa carga del dolor.

¿Cómo decir adiós?  No hemos respondido la pregunta, porque es parte de una situación desconocida, un misterio insondable.  Sin embargo, hay una alternativa para con los seres queridos, sean amigos, familia, amantes, hijos, hermanos o conocidos.   

La alternativa es decirles hoy, ahora mismo, cuánto los queremos, qué significan para nosotros, cuán importantes son en nuestras vidas.  Si hacemos eso, y no solamente ahora, sino repetidamente en diversas ocasiones y en diversas formas, afianzaremos ese lazo de cariño, simpatía o amor.  Si lo plasmamos en palabras o acciones, podemos dar una prueba fehaciente de la validez e intensidad de nuestros sentimientos.

Para decir “te quiero”, no esperemos la noche negra de la muerte.  Hay que decir lo que uno siente ahora, en la plenitud del día, hay que ponerlo por escrito, como lo hago hoy pensando en mi hermano, mis primos, mis hijos y sus parejas, mis nietos, sobrinos y mis muchos y muy queridos amigos y amigas, algunas casi hermanas de mi alma.  

Cada uno, cada una que lea estas palabras sabrá que he pensado en ellos y ellas, rostro por rostro, nombre por nombre, cariño por cariño.  Por eso escribo esta columna hoy, dedicada a todas las personas que han iluminado mi vida, las personas que han encendido mi corazón, los que han recibido vida de mi vientre y de mis manos, así como las que han dado significado especial a mis días.  No estoy diciendo adiós.  No.  Estoy reconociendo y agradeciendo la presencia de cada uno, aquí o en cualquier rincón del mundo, que ha puesto su pedacito de alma en mis recuerdos, que ha ayudado a crear la persona que soy y que tiene mi gratitud, mi afecto, y por qué no decirlo, mi amor.

Añado, para mi propia serenidad, que no debemos guardar rencor.  Recordar lo malo no ayuda; muchas veces pudo ser inevitable.  Hay que mirar y valorar, como miro y valoro aquí el paisaje verde y el jardín lleno de flores, todo lo hermoso de la vida, la fragancia del café, el color profundo del buen vino, la delicia del chocolate oscuro.  Hay que recordar los momentos de amor, de exaltación, de alegría compartida.  Eso es la vida, y antes de decir adiós, debemos decir con toda  el alma: ¡Gracias!

 

Lupe Andrade Salmón  (desde Yungas) es periodista.

 

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